Investigadores de la Universidad Anglia Ruskin (Reino Unido) han descubierto que las personas con afecciones preexistentes como diabetes tipo 1, trastornos de la tiroides, migraña crónica o enfermedades de la piel tienen un mayor riesgo de sufrir efectos adversos por las inyecciones cosméticas de toxina botulínica, conocida habitualmente como bótox.