Cambiar de forma brusca la hora de acostarse y levantarse
altera los ritmos circadianos, un sistema interno que regula funciones clave como la secreción de hormonas, la temperatura corporal o la
presión arterial; lo que se traduce en
insomnio, somnolencia diurna, dificultades de concentración o incluso un aumento de la irritabilidad, señala la especialista en Neurofisiología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja, Sonia Montilla.