Cuenta la psiquiatra del Vall d'Hebron Gemma Parramon Puig en su último libro --'Será por las hormonas' (Vergara) -- que en la Inglaterra del siglo XIX si una mujer lloraba o hablaba demasiado, era capaz de cuestionar la autoridad de su marido, o simplemente no encajaba en el papel y comportamiento de una dama, podía ser ingresada en un manicomio y tachada de "locura", de "histérica", de "nerviosa", o de "inestable".