Sentirse cansado de forma puntual es normal, pero cuando la fatiga se prolonga durante semanas o meses puede convertirse en una señal de alerta. Detrás del agotamiento persistente no solo están el estrés o la falta de sueño: también influyen el entorno en el que vivimos, la contaminación, el ruido, los ritmos laborales, los hábitos de vida, e incluso enfermedades poco diagnosticadas, como el síndrome de fatiga crónica o la fibromialgia.