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MADRID, 13 May. (EUROPA PRESS) -
Tomamos decenas de decisiones cada día, desde compras pequeñas hasta la forma en la que interpretamos lo que nos ocurre. Pero un nuevo estudio sugiere que no todos procesamos igual la información positiva y negativa, y que esa diferencia podría influir en nuestra capacidad de adaptación emocional.
Ya sea que las personas estén sopesando las ventajas y desventajas de una compra o evaluando sus interacciones con gente nueva, pueden mostrar un sesgo al otorgar mayor valor a la información percibida como positiva o negativa, según un trabajo de la Universidad RPTU de Kaiserslautern-Landau (Alemania) y la Universidad de Ámsterdam (Países Bajos).
Tal y como se detalla en un nuevo artículo publicado en 'Jneurosci', Ulrike Basten y sus colaboradores de la Universidad RPTU de Kaiserslautern-Landau y la Universidad de Ámsterdam exploraron si las diferencias individuales en el procesamiento de beneficios y costes están relacionadas con la resiliencia psicológica.
Los investigadores presentaron a 82 participantes imágenes de figuras de diferentes colores. Los colores y las figuras se asociaron con ganancias o pérdidas que culminaron en dinero real ganado o costes al final del experimento. Ante la misma presentación de figuras de diferentes colores, algunos participantes generalmente dieron menos importancia a las pérdidas menores, lo que los llevó a aceptar más ofertas.
Enfatizando este punto, Basten afirma: "Estas personas no dan más importancia a las recompensas, sino que dan menos importancia a las consecuencias negativas y tienen una mayor tendencia a aceptar ofertas con consecuencias mixtas. Su forma de procesar la información negativa es diferente". Los investigadores descubrieron que los participantes que daban menos importancia a las pérdidas menores presentaban mayores aumentos en la actividad cerebral prefrontal ante las pérdidas y una actividad más reducida cuando recibían ganancias. Estas diferencias en la respuesta cerebral mediaron la relación entre el sesgo de aceptación en la toma de decisiones y una mayor resiliencia psicológica autoinformada.
Según los investigadores, su trabajo sugiere que una mayor respuesta del lóbulo prefrontal a la información negativa podría permitir a las personas controlar sus pensamientos y sentimientos sobre las pérdidas. Este control podría ser lo que las hace más resilientes psicológicamente.
Basten argumenta: "No podemos establecer una relación de causalidad a partir de nuestros hallazgos, por lo que un siguiente paso podría ser manipular el sesgo recompensando ciertas respuestas (esencialmente, entrenar a las personas para que muestren un sesgo más positivo en la toma de decisiones) y ver si esto conduce a una mayor resiliencia".