Una colaboración de investigación global de científicos de la Universidad McMaster (Canadá), la Universidad Flinders (Australia) y la Universitätsmedizin Greifswald (Alemania) ha descubierto por qué una pequeña cantidad de personas desarrollaron coágulos sanguíneos peligrosos después de recibir ciertas
vacunas contra la COVID-19 o experimentar una infección natural por adenovirus. La respuesta se encuentra en un caso inesperado de orientación errónea por parte del sistema inmunológico.