Un mismo virus puede provocar apenas un catarro leve en un niño y, sin embargo, desencadenar un cuadro grave y debilitante en un adulto. La clave no está en el patógeno, sino en cómo responde el organismo que lo recibe. Las diferencias entre el sistema inmune infantil y el adulto -marcadas por la edad, la memoria inmunológica, la inflamación, y la presencia de enfermedades previas- explican por qué algunas infecciones respiratorias resultan mucho más severas a medida que envejecemos, tal y como detallan expertos en Enfermedades infecciosas, Pediatría, y Atención primaria.