Archivo - Mujer cocinando una dieta saludable - INSIDE CREATIVE HOUSE/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 6 Ene. (EDIZIONES) -
Un nuevo estudio internacional demuestra que retrasar el horario de las comidas se asocia con una mayor dificultad para mantener la pérdida de peso en el largo plazo. El hallazgo es especialmente relevante en personas con predisposición genética a la obesidad, en quienes cada hora de retraso en la ingesta se traduce en un aumento significativo del índice de masa corporal.
Los investigadores, encabezados por la española Marta Garaulet, subrayan que no sólo importa lo qué comemos o cuánto, sino también cuándo lo hacemos, abriendo la puerta a estrategias de nutrición personalizadas. Se trata de un estudio científico publicado en agosto de 2025 y que fue portada de la revista 'Obesity'.
"Hay personas que son muy delgadas y que hagan lo que hagan no les afecta; mientras que otras tienen tendencia a engordar, y cualquier cosa que hagan favorece en muchas ocasiones el que cojan kilos", nos explica durante una entrevista con Europa Press Salud Infosalus la líder del trabajo, la doctora en Farmacia, nutricionista, y máster en salud pública por la Universidad de Harvard, y catedrática de Nutrición en la Universidad de Murcia Marta Garaulet.
LA IMPORTANCIA DE LA HORA
Y es que esta investigación aporta un matiz novedoso, según nos detalla, y que el 'timing' de las comidas puede modificar el riesgo genético de obesidad, no sólo la dieta o las calorías que se ingieran.
Así, este hallazgo puede representar una pista útil para quienes han hecho dietas pero luego recuperan su peso, dado que se ha comprobado que al ajustar el horario de las comidas esto podría ayudar en el mantenimiento del peso perdido.
Otra de las conclusiones de este estudio científico es que, por tanto, no se trata sólo de comer menos, sino también de sincronizar las comidas con los ritmos biológicos (mañana/tarde) para mejorar los resultados.
Ahora bien, es clave igualmente mencionar que, aunque los resultados son prometedores, no son definitivos: el mantenimiento de peso a largo plazo depende de muchos factores, y los horarios tardíos podrían seguir siendo compatibles si otros hábitos son buenos.
EL MÉTODO EMPLEADO
Nos cuenta Garaulet que se han verificado hasta 900.000 variantes genéticas en 1.200 individuos: "Se ha clasificado a las personas en función de su tendencia genética a engordar con estos scores genéticos, (score poligénico se llama) y se clasifican con muy alto número de genes que engordan, otros intermedio, y otros muy bajo".
Se ha visto que, según prosigue, a las personas con mayor propensión genética a engordar, por cada hora que se rechaza el punto medio de ingesta, aumenta el IMC dos puntos, "que es muchísimo", advierte esta experta.
En cambio, si al estudiar personas del grupo del score genético o de tendencia genética a engordar baja, es decir, aquellas personas que hagan lo que hagan nada o poco engordan, resulta que da igual la hora a la que coman.
¿A QUÉ HORA DEBEMOS COMER ENTONCES?
Entonces, le preguntamos a esta catedrática de Nutrición sobre cuál es la mejor hora para comer, señalando que esto se puede calcular gracias a lo que se llama 'punto medio de ingesta': "Para calcularlo, esto equivale a la diferencia horaria que se da entre la hora a la que desayunas, con tu última comida del día, partida por dos, y se suma por horas al desayuno; es decir, que si desayunas a las 8 am, y cenas a las 20 horas, la mejor hora para comer es a las 14 horas según estos cálculos".
Se ha comprobado igualmente que aquellas personas que mantengan todas sus comidas retrasadas y el punto medio de ingesta sea a las 15 horas de la tarde, en general, tienden a engordar más, y a perder menos peso a la hora de venir a un tratamiento de pérdida de peso, refiere Garaulet.
EL CASO DE LOS COMEDORES TARDÍOS
También se ha identificado una tendencia en los comedores tardíos, de forma que cuando hicieron un tratamiento conductual de pérdida de peso de dieta mediterránea, se ve qué personas se mantienen y cuales no en su peso: "Después de 12 años, un 33% siguen delgados, y el resto no se mantiene. Cuando vemos qué es lo que influye en que no se mantenga el peso se observa que la hora de comer es determinante".
De forma que, tal y como afirma esta experta, los comedores tardíos acaban engordando un 2,2% de su peso corporal, como mínimo. "Vemos así que comer tarde, a la hora de engordar, y también de perder peso, a todo el mundo no nos afecta igual, porque luego también está la tendencia personal a engordar o no", apostilla.