MADRID, 22 Abr. (EDIZIONES) - Durante décadas, el corazón se ha entendido como una simple bomba encargada de impulsar la sangre. Sin embargo, la Ciencia empieza a dibujar un panorama mucho más complejo: este órgano no sólo responde a lo que hacemos, sino también a lo que sentimos. El estrés, la ansiedad, o incluso la forma en la que gestionamos nuestras emociones pueden alterar directamente su ritmo, su funcionamiento, e incluso la manera en la que se comunica con el cerebro.