MADRID, 30 Mar. (EDIZIONES) - En una sociedad dominada por la vista y el oído, el olfato sigue siendo el gran olvidado. Sin embargo, este sentido silencioso está profundamente conectado con nuestras emociones, con nuestra memoria, y hasta con la forma en la que experimentamos el mundo. Cada día respiramos 23.000 veces sin ser conscientes de que estamos oliendo constantemente, procesando información que influye en lo que sentimos, recordamos, y percibimos. Y es que la Ciencia lo confirma: el olfato no sólo nos alerta de peligros o nos ayuda a disfrutar de la comida, sino que actúa como una puerta directa al cerebro emocional. Y lo más sorprendente es que, lejos de ser un sentido fijo, puede entrenarse, aunque la mayoría ni siquiera se haya planteado hacerlo.