MADRID, 1 Feb. (EDIZIONES) - No empezamos a envejecer cuando aparecen las arrugas, ni cuando el cuerpo empieza a fallar, sino mucho antes: alrededor de los 25 años, cuando termina nuestro desarrollo y comienza, silenciosamente, el proceso de envejecimiento biológico.Desde ese momento, cada persona envejece a una velocidad distinta. La genética influye, sí, pero no lo determina todo. Los hábitos diarios -lo que comemos, cómo dormimos, cuánto nos movemos, cómo gestionamos el estrés, o con quién nos relacionamos- pesan mucho más de lo que imaginamos. La buena noticia, según la investigación actual, es que gran parte de esa velocidad de envejecimiento está en nuestras manos. Y lo que hagamos hoy marcará cómo viviremos los últimos años de nuestra vida.