Piscinas, aire acondicionado, y tormentas de verano: los riesgos que desconocen muchas familias con niños asmáticos

Archivo - Tormentas de verano: los riesgos que desconocen muchas familias con niños asmáticos
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Infosalus
Publicado: sábado, 8 agosto 2026 9:06

   MADRID, 8 Ago. (EDIZIONES) -

   El verano no tiene por qué ser un problema para los niños con asma, pero tampoco es momento de bajar la guardia. Aunque las infecciones respiratorias son menos frecuentes, el calor, los pólenes, las tormentas de verano, las piscinas cloradas, o el abandono del tratamiento pueden favorecer la aparición de síntomas y de crisis asmáticas.

   Los especialistas explican qué precauciones conviene adoptar antes de viajar, cómo practicar deporte de forma segura, y cuáles son los errores más frecuentes que cometen las familias durante las vacaciones.

    "El asma no mejora en verano. Es un mito bastante extendido, y sólo parcialmente cierto. Lo que ocurre es que mejora un factor (los virus), pero aparecen otros riesgos propios del verano, así que el resultado depende del tipo de asma de cada niño o adulto", advierte en este sentido Miguel Tortajada Girbés, jefe de sección de Neumología y Alergia Pediátrica del Hospital Universitari i Politècnic La Fe de Valencia, en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus.

   Parece que 'mejora' el asma en verano, según explica, porque la causa más frecuente de crisis asmáticas en niños son las infecciones virales respiratorias (rhinovirus, sobre todo), que son mucho más frecuentes en otoño e invierno por la vuelta al cole y el hacinamiento en espacios cerrados: "En verano baja mucho la circulación de estos virus, así que muchas familias notan menos crisis".

ESTOS SON LOS DESENCADENANTES DEL ASMA EN VERANO

   Ahora bien, el también jefe del grupo consolidado 'Alergia y Enfermedades Respiratorias de la Infancia' del Instituto de Investigación Sanitaria La Fe de Valencia, quien participó hablamos del asma grave infantil durante el pasado 72 Congreso AEP, advierte de que el verano tiene sus propios desencadenantes:

   Pólenes de gramíneas y malezas: en muchas zonas de España la polinización de gramíneas se extiende hasta junio/julio, y es de los alérgenos más implicados en crisis de asma.

Hongos ambientales (Alternaria, Cladosporium): sus esporas aumentan con el calor y la humedad, y son un desencadenante bien reconocido.

   Ozono y contaminación atmosférica: los niveles de ozono troposférico suben con el calor y la radiación solar, y está demostrada su asociación con más síntomas, visitas a urgencias y hospitalizaciones por asma.

Tormentas de verano ('asma de tormenta'): las tormentas eléctricas pueden romper los granos de polen en partículas más pequeñas y respirables, desencadenando auténticos brotes epidémicos de crisis asmáticas en la comunidad (el caso más documentado es el de Melbourne en 2016, con miles de personas afectadas en pocas horas).

   Piscinas con cloro: la exposición a cloraminas en piscinas muy cloradas puede irritar la vía aérea en personas sensibles.

   Aire acondicionado: cambios bruscos de temperatura y de humedad, y a veces filtros sucios, pueden actuar como irritante.

Menor vigilancia: en vacaciones es fácil relajar el tratamiento de mantenimiento, o llevar peor encima la medicación de rescate, lo que puede pasar factura si aparece un desencadenante.

Cambios de rutina: viajes, campamentos, estancias con abuelos u otros familiares, olvidos del inhalador de mantenimiento o del plan de acción escrito, exposición a nuevos alérgenos (mascotas, humedad, moho) o a humo de tabaco en el entorno vacacional.

   En cualquier caso, ve conveniente insistir en que la medicación de mantenimiento no debe suspenderse porque el niño esté bien, sin hablarlo antes con su pediatra o neumólogo, precisamente porque el buen control en una época no garantiza que los desencadenantes hayan desaparecido.

   Así, destaca que entre los errores más frecuentes que cometen las familias en vacaciones y que pueden comprometer el control del asma infantil se encontrarían el dejar de dar la medicación de mantenimiento porque el 'niño está bien' y parece que ya no la necesita; olvidar el inhalador o la cámara espaciadora al hacer la maleta, o dejarlos en el equipaje facturado; no llevar el plan de acción escrito, ni tenerlo localizable; dejar que el niño nade largos ratos en piscinas muy cloradas sin ninguna pausa; saltarse el calentamiento antes de actividades deportivas intensas; exponerlo a ambientes con humo de tabaco, y restarle importancia a síntomas como la tos nocturna o el cansancio al hacer ejercicio, achacándolos al calor o al cambio de aires, en lugar de consultar a tiempo con el pediatra.

RECOMENDACIONES ANTES DE UN VIAJE

   Con ello, recuerda el doctor Tortajada que el deporte no sólo es seguro para la gran mayoría de niños con asma, sino que forma parte del objetivo terapéutico. "Las precauciones van dirigidas a anticiparse a la broncoconstricción inducida por ejercicio (calentamiento, medicación previa si es necesaria), y a usar el sentido común en días de calor extremo o mala calidad del aire, más que a evitar la actividad en sí", añade.

   Entre las recomendaciones básicas que deberían, por tanto, seguir las familias antes de viajar con un niño con asma, se encontrarían tal y como detalla:

   ·Antes de salir de viaje conviene: Revisar y optimizar el control del asma antes de cualquier viaje; comprobar que el asma del niño está bien controlado y, si es necesario, ajustar el tratamiento preventivo con el pediatra con antelación suficiente; llevar siempre el plan de acción por escrito que debe llevar cada niño ante cualquier desplazamiento (tratamiento habitual y antes de ejercicio, síntomas, informe médico actualizado, qué hacer su aumentan síntomas, cómo reconocer una crisis de asma y actuar de forma precoz, señales de alarma); llevar toda la medicación necesaria en el equipaje de mano; llevar cantidad suficiente de medicación.

   ·Durante el viaje: Evitar los desencadenantes específicos del niño (alérgenos, humo, esfuerzo físico intenso sin premedicación, etc.), adaptándolos al nuevo entorno de destino; vigilar el asma inducida por ejercicio si hay actividad física intensa; si el viaje implica actividades deportivas o mucho ejercicio, hay que aplicar la prevención específica del asma de esfuerzo indicada en el plan de acción (broncodilatador previo, por ejemplo); saber cuándo pedir ayuda, cuándo acudir a un servicio médico o de urgencias en el destino, y es recomendable que la familia sepa identificar centros de salud u hospitales cercanos al lugar de destino; informarse sobre los niveles de polen y de calidad del aire del destino, sobre todo en zonas rurales o de montaña en plena floración.

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