Archivo - Imagen de recurso de una mujer con síntomas de fibromialgia. - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / WAVEBREAKMEDIA
MADRID 10 Ago. (EUROPA PRESS) -
El neurofisiólogo clínico Francisco Martínez ha destacado que uno de los avances más prometedores en el abordaje de la fibromialgia es la estimulación magnética transcraneal repetitiva (EMTr), una técnica de neuromodulación no invasiva que actúa sobre áreas cerebrales implicadas en el procesamiento del dolor.
Según explica Martínez, su objetivo no es eliminar la enfermedad, sino modular la actividad de los circuitos cerebrales alterados para reducir la intensidad del dolor y mejorar otros síntomas asociados como la fatiga, el sueño o la capacidad funcional.
"La EMTr no sustituye al resto de tratamientos ni representa una cura, pero sí constituye una herramienta muy valiosa para determinados pacientes que no han conseguido un alivio suficiente con las opciones convencionales o que presentan efectos secundarios importantes con la medicación", ha explica el especialista.
Martínez afirma que muchos pacientes experimentan una mejora significativa no solo en el dolor, sino también en su calidad de vida, recuperando actividades que habían abandonado y disminuyendo el impacto que la enfermedad tiene sobre su rutina diaria.
En este contexto, el especialista ha indicado que la fibromialgia continúa siendo una de las enfermedades más incomprendidas por los pacientes y, en muchas ocasiones, también por su entorno. Dolor generalizado, agotamiento constante, problemas de sueño o dificultades para concentrarse forman parte del día a día de quienes la padecen, pese a que las analíticas, radiografías o resonancias magnéticas suelen resultar completamente normales.
Sin embargo, apunta que la investigación científica ha cambiado de forma significativa la manera de entender esta patología. Actualmente se sabe que la fibromialgia no es un problema muscular, sino una alteración en la forma en que el sistema nervioso procesa las señales del dolor.
"Durante años muchas personas han escuchado frases como 'no tienes nada' porque las pruebas convencionales no mostraban alteraciones. Hoy sabemos que el problema no está en los músculos o en las articulaciones, sino en los mecanismos del sistema nervioso que regulan la percepción del dolor", ha detallado.
CUANDO EL CEREBRO AMPLIFICA EL DOLOR
Los estudios actuales sitúan el origen de la enfermedad en un fenómeno conocido como sensibilización central. En condiciones normales, el cerebro actúa como un filtro que decide qué estímulos deben percibirse como dolorosos y cuáles no. En la fibromialgia ese sistema pierde eficacia.
"Es como si el volumen del sistema que procesa el dolor permaneciera permanentemente demasiado alto. Estímulos que normalmente apenas resultarían molestos pueden vivirse como intensamente dolorosos", señala el especialista.
Además, entre el 70 y el 90 por ciento de los pacientes diagnosticados son mujeres, aunque los especialistas creen que la enfermedad también está infradiagnosticada en hombres. No existe una única explicación para esta diferencia. La evidencia científica apunta a la combinación de factores hormonales, neurológicos, inmunológicos y genéticos que aumentan la susceptibilidad de desarrollar la enfermedad.
Asimismo, durante décadas la fibromialgia ha estado rodeada de estereotipos que han retrasado el diagnóstico en muchas pacientes y también han dificultado su reconocimiento en los hombres.
UN DIAGNÓSTICO QUE SIGUE SIENDO UN RETO
El experto resalta que uno de los principales problemas continúa siendo el diagnóstico. Actualmente no existe una prueba específica capaz de confirmar la fibromialgia mediante un análisis o una resonancia. El diagnóstico sigue siendo clínico y requiere una valoración detallada para descartar otras enfermedades que producen síntomas similares.
No obstante, el conocimiento sobre la enfermedad ha avanzado notablemente y ya existen herramientas neurofisiológicas que permiten estudiar de forma objetiva cómo funciona el sistema del dolor. Entre ellas destacan la evaluación sensorial cuantitativa, los potenciales evocados por estímulos térmicos o distintas pruebas que analizan la capacidad del cerebro para modular el dolor.
"Aunque estas técnicas no diagnostican por sí solas la fibromialgia, nos ayudan a comprender mucho mejor qué está ocurriendo en cada paciente y nos acercan a una medicina cada vez más personalizada", afirma Martínez.
Por último, el neurofisiólogo clínico afirma que ningún paciente debería normalizar un dolor persistente que condiciona su vida. "Un dolor generalizado durante más de tres meses, un cansancio que no mejora con el descanso, un sueño poco reparador o la llamada niebla mental son señales que merecen una valoración médica. Hoy comprendemos mucho mejor la fibromialgia que hace apenas unas décadas y disponemos de más herramientas para mejorar la calidad de vida de quienes la padecen. Lo importante es no pensar que no hay nada más que hacer", ha manifestado.
Aunque todavía no existe un tratamiento curativo, el conocimiento científico continúa avanzando hacia abordajes cada vez más personalizados que combinan ejercicio físico adaptado, educación en dolor, tratamiento del sueño, apoyo psicológico cuando es necesario, medicación y técnicas de neuromodulación en los casos indicados.