Archivo - Insomnio, jet-lag, ritmos circadianos alterados, cambio de horario. - PAWEL KACPEREK/ISTOCK - Archivo
MADRID, 30 Jul. (EDIZIONES) -
El jet lag crónico y los horarios irregulares no sólo afectan al sueño o al rendimiento diario. Cada vez más investigaciones analizan cómo la alteración prolongada de los ritmos circadianos puede debilitar el sistema inmunitario y favorecer procesos relacionados con el desarrollo del cáncer.
Aunque todavía no existe una relación causal demostrada en humanos, un nuevo proyecto del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) busca esclarecer qué ocurre en el organismo cuando el reloj biológico permanece desajustado durante años.
Para ello, cada año, más de un centenar de tripulantes de cabina de pasajeros acuden a donar muestras de sangre, de saliva, de orina, de heces, e incluso de uñas, y con un objetivo muy concreto: ayudar a los investigadores a descubrir cómo afecta al organismo vivir sometido de forma continuada al jet lag, y a la alteración de los ritmos circadianos.
Estas muestras, conservadas en el Biobanco del CNIO son una herramienta clave para estudiar una pregunta que despierta cada vez más interés: ¿Puede el desajuste crónico del reloj biológico aumentar el riesgo de desarrollar cáncer? La hipótesis no surge de la nada. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) clasifica el trabajo que altera los ritmos circadianos, como el trabajo nocturno, como probablemente carcinógeno para los seres humanos, aunque la evidencia sigue siendo limitada en estudios con personas, y todavía quedan por esclarecer los mecanismos biológicos implicados.
Esto precisamente es uno de los aspectos que quiere investigar la albaceteña Marta Amorós, que se acaba de incorporar al CNIO gracias a las donaciones al programa de filantropía Amigos y Amigas del CNIO, financiado con donaciones de personas, asociaciones de pacientes y empresas.
Tal y como nos explica en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus, Marta quiere entender cómo el sistema inmunitario protege al organismo frente al cáncer, y cómo interfieren los cambios en los ritmos circadianos habituales en los trabajos con turnos nocturnos, con horarios irregulares, o con jet lag crónico, y lo va a hacer gracias a esta beca que va a desarrollar en el Grupo de Inmunidad del Cáncer del CNIO, liderado por María Casanova Acebes.
NUESTRO ORGANISMO TIENE UN RELOJ DE 24 HORAS
Nos explica Marta Amorós que muchas funciones de nuestro sistema inmunitario siguen ritmos circadianos de unas 24 horas y que en las personas con un jet lag crónico, o sometidos a cambios de turno, estos ritmos se desincronizan, lo que puede afectar a la funcionalidad del sistema inmunitario.
"Nuestro reloj biológico está controlado por un reloj central en una parte de nuestro cerebro, que recibe señales del exterior para organizarse, como la luz, la ingesta de comida, o el ejercicio físico. Son señales que ayudan al cuerpo a entender qué hora es. Pero aparte, cada célula tiene su propio reloj interno. Un símil muy claro es imaginar que nuestro cuerpo funciona como una orquesta y el reloj central es el director de orquesta que determina y dicta cuándo debe funcionar cada uno. Cuando vivimos de forma continuada en horarios que no están alineados con las señales ambientales, como la luz y la oscuridad, estos relojes pueden desincronizarse. Esta desincronización mantenida en el tiempo se ha asociado con distintas enfermedades, entre ellas algunos tipos de cáncer", explica.
Se ha visto mediante estudios científicos que hay evidencias pero no relación directa en todos los casos. De hecho, recuerda que la IARC, como hemos contado antes, ha clasificado la alteración de los ritmos circadianos como un probable carcinógeno para los humanos, y esta valoración se basa en pruebas más solidas en animales, y con evidencias limitadas en humanos; y por eso, defiende, es tan importante disponer de una cohorte como la de los tripulantes de cabina de pasajeros antes mencionados, que nos permitirá estudiar estos mecanismos en humanos.
"Nuestro proyecto de investigación tiene el objetivo de estudiar cómo la alteración de los ritmos circadianos asociada a los estilos de vida modernos (turnos nocturnos, horarios irregulares, o el jet lag crónico) impacta en las células madre que originan todas las células de nuestro sistema inmunitario, y si estos cambios podrían alterar su función y contribuir a procesos vinculados al envejecimiento y al desarrollo y diseminación del cáncer", especifica Amorós.
LA GENERACIÓN DE CÉLULAS INFLAMATORIAS
Concreta que se ha visto que según nos hacemos mayores, las células madre que dan lugar al resto de nuestras células sanguíneas pueden adquirir mutaciones y producir células inmunitarias con un perfil más inflamatorio, lo que se ha asociado con un mayor riesgo de enfermedades relacionadas con la edad, incluido el cáncer. "El objetivo del proyecto es averiguar si esta generación de células con un perfil más inflamatorio se puede ver favorecida por las alteraciones crónicas en los ritmos circadianos", incide.
Y es que estudios epidemiológicos que se han hecho con cohortes humanas han demostrado una posible relación entre el trabajo a turnos y el desarrollo de distintos tipos de tumores, especialmente algunos de carácter hormonodependiente, como el de mama, colon, próstata, y de ovario, según afianza: "Diversos estudios epidemiológicos han observado que las personas expuestas durante años al trabajo nocturno o a turnos rotatorios presentan un mayor riesgo de desarrollar algunos de estos tumores.
No obstante, en este tipo de estudios existen factores que son difíciles de controlar, ya que la alteración de los ritmos circadianos también puede ir acompañada de cambios en el estilo de vida. Por ejemplo, dormir poco o tener horarios irregulares puede favorecer peores hábitos alimentarios, menos actividad física, o alteraciones metabólicas; factores que también podrían contribuir al aumento del riesgo de cáncer y que necesitamos entender y estudiar mejor".
Precisamente, una de las grandes preguntas que todavía intenta responder la investigación es cuáles son los mecanismos biológicos que podrían explicar esta asociación, y es que los estudios en animales sugieren varias posibilidades, afirma esta investigadora del CNIO. "Por un lado, la alteración crónica de los ritmos circadianos podría favorecer procesos que faciliten el crecimiento y la progresión de los tumores. Por otro, cada vez hay más evidencias de que la alteración mantenida de los ritmos circadianos puede modificar el funcionamiento del sistema inmunitario y podría alterar la capacidad del organismo para detectar y eliminar células tumorales. Sin embargo, todavía no sabemos cuál de estos mecanismos tiene un mayor peso en humanos ni hasta qué punto contribuyen al riesgo de desarrollar cáncer", sostiene.
Hay varias hipótesis, y todavía no conocemos completamente los mecanismos biológicos implicados, tal y como asegura Amorós; de ahí que subraya que, "aunque la alteración de los ritmos circadianos está clasificada como probablemente carcinógena para los seres humanos es importante no generar alarma porque todavía necesitamos más estudios para comprender mejor esta relación, y poder establecer recomendaciones basadas en evidencia", remarca, pidiendo esta investigadora del CNIO el intentar llevar una vida más en sintonía con nuestros relojes.