MADRID, 5 Ene. (EUROPA PRESS) - Durante los meses más fríos, los ojos están sometidos a cambios ambientales muy bruscos que alteran su equilibrio natural. El frío, el viento y los ambientes interiores excesivamente secos comprometen la estabilidad de la película lagrimal, lo que puede derivar en molestias que muchas veces pasan desapercibidas.