Qué es la hepatitis A | Virus y patologías

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Hepatitis A

¿Qué es la hepatitis A?

La hepatitis A es una enfermedad infecciosa que se caracteriza por una inflamación aguda y generalmente autolimitada del hígado. Es causada por el virus A de la hepatitis (VAH) y se trasmite a través del agua o alimentos contaminados. Su distribución es universal, siendo más frecuente en países subdesarrollados donde las medidas de higiene son deficitarias. En España, su incidencia se considera baja y oscila entre 1-5 casos por cada 100.000 habitantes y año. La seroprevalencia en nuestro país(indicativo del número de personas inmunes a la enfermedad, bien porque la han pasado o han recibido la vacuna) se incrementa con la edad, siendo inferior al 5% en personas menores de 14 años y de hasta el 77% en mayores de 30 años (datos de procedentes de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica para 2003-2009). La hepatitis A nunca cronifica ni produce estado de portador en los pacientes infectados, siendo su tratamiento únicamente sintomático. Su contagio puede prevenirse cumpliendo las medidas de higiene habituales y con la administración de la vacuna que es altamente eficaz.

Síntomas de hepatitis A

El cuadro clínico producido por la enfermedad es variable, siendo en muchas ocasiones una infección asintomática. El riesgo de desarrollar síntomas y la gravedad de los mismos se relaciona con una mayor edad en el momento del contagio. El periodo de incubación de la enfermedad oscila entre los 15 días y las 7 semanas (en relación con la cuantía del inoculo). La mayor concentración del virus en las heces y por tanto la mayor infectividad se producen de manera habitual previamente a la aparición de los síntomas. Éstos son típicamente la ictericia (tinte amarillo de piel y ojos), la coluria (coloración oscura de la orina) y el dolor abdominal. Pueden estar acompañados o precedidos de otros como las náuseas, vómitos, fiebre, cansancio, malestar general, típicos en cualquier infección viral). Las presentaciones atípicas de la enfermedad son más frecuentes en niños y pueden cursar con diarrea, dolores articulares, tos o catarro. Los cuadros fulminantes con desarrollo de insuficiencia hepática grave son muy raros (menos del 1%) y ocurren frecuentemente en pacientes que padecen enfermedades hepáticas crónicas subyacentes. La duración de la enfermedad es variable, pero la mayoría de casos se autolimitan en semanas. A pesar de que la enfermedad nunca cronifica, sí se han descrito casos recidivantes, aunque son igualmente infrecuentes.

Tratamiento de la hepatitis A

Al tratarse de una enfermedad autolimitada en la mayoría de los pacientes el tratamiento de la misma es de soporte y sintomático, no existiendo un tratamiento

antiviral específico. Es recomendable durante la fase aguda guardar reposo relativo (sin restricciones estrictas de la actividad), mantener una hidratación y dieta adecuadas, así como evitar el consumo de alcohol u otras sustancias potencialmente tóxicas para el hígado. En algunos pacientes puede ser necesaria la hospitalización, bien para asegurar una correcta hidratación intravenosa (si el paciente presenta diarrea o vómitos importantes), o bien por la presencia de datos clínicos o en las pruebas de laboratorio de insuficiencia hepática grave. En estos casos es recomendable contactar con un centro con programa de trasplante hepático.

Causas de la hepatitis A

El agente microbiológico causal de la enfermedad es el virus A de la hepatitis(familia Picornaviridae, genero Hepatovirus) que se multiplica en el hígado de las personas infectadas, es eliminado a través de la bilis al intestino y expulsado en las heces. Es por esto que la principal vía de trasmisión de la enfermedad es fecal-oral, bien persona a persona en convivientes estrechos o familiares, o a través de alimentos o agua contaminada con desechos humanos. Otras vías de transmisión posibles aunque muy infrecuentes son la hemática y la sexual. En condiciones favorables este virus puede sobrevivir en el medio ambiente durante meses. Su principal y casi único reservorio es el ser humano.

Diagnóstico de la hepatitis A

La enfermedad se diagnostica en base a los hallazgos clínicos y analíticos. En los análisis de sangre suele encontrarse inicialmente un aumento de las transaminasas que es seguido posteriormente de un aumento de la bilirrubina. La presencia en sangre de anticuerpos contra el VAH del tipo IgM es característica de la infección aguda. Existen otras determinaciones de laboratorio como la detección de proteínas o material genético del virus, pero son costosas y habitualmente innecesarias para alcanzar el diagnóstico de certeza.

Prevención de la hepatitis A

La enfermedad puede prevenirse siguiendo las medidas higiénicas apropiadas en relación con las comidas, la preparación de alimentos y el aseo personal. Es recomendable lavarse las manos antes y después de ir al baño y antes y después de preparar los alimentos o comer. Si se va a viajar a países donde la enfermedad es endémica se debe beber agua embotellada y evitar la ingesta de alimentos frescos que no hayan sido preparados convenientemente. Se dispone de una vacuna frente a la enfermedad preparada a partir de virus inactivos que resulta altamente eficaz para prevenir el contagio. Aproximadamente el 95-100% de las personas que reciben una primera dosis de la vacuna desarrollan anticuerpos protectores a las 4 semanas. Se recomienda no obstante una segunda dosis de refuerzo separada 6-18 meses de la primera. Existen subgrupos poblacionales de mayor riesgo para la adquisición de la enfermedad que se benefician especialmente de la administración de la vacuna, como son los viajeros a zonas endémicas, familiares o cuidadores de pacientes con hepatitis por virus A, trabajadores sanitarios o de guarderías, hemofílicos, usuarios de drogas por vía parenteral o varones homosexuales con contactos sexuales múltiples. Igualmente, pacientes con mayor riesgo de desarrollar un cuadro grave por hepatitis aguda A, como son los pacientes con hepatopatías crónicas o inmunosuprimidos (candidatos a trasplantes de órganos, infectados por VIH…) deben ser inmunizados.

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Dr. Juan Luna
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