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 ¿Qué es la artritis?

Se denomina artritis a cualquier inflamación a nivel articular. En las articulaciones, los extremos de los huesos están cubiertos por cartílago y todo ello está cerrado por un tejido conocido como membrana sinovial. Es en esta membrana donde se produce la inflamación en la artritis. De esta forma, se produce destrucción, inestabilidad y deformidad de la articulación y, como consecuencia, incapacidad funcional para la realización de tareas cotidianas. La artritis puede presentarse a cualquier edad, desde la infancia a la edad adulta.

Cuando la artritis afecta a una sola articulación, se denomina monoartritis. Si se afectan 2 o 3 articulaciones, se conoce como oligoartritis, y si se afectan 4 o más articulaciones, poliartritis.

Si la aparición de la inflamación ha sido brusca y reciente, se habla de artritis aguda; en caso de que los síntomas persistan más de 3 meses, se habla de artritis crónica.

Según la Dra. Martínez Cristóbal “algunos pacientes con artritis pueden presentar afectación de otros órganos y sistemas, incluyendo riñones, pulmones, sistema nervioso o la piel. En estos enfermos, la inflamación se produce de forma generalizada en las articulaciones y órganos vitales con el consiguiente deterioro de la salud del paciente”. 

 Síntomas de la artritis

El dolor es el síntoma por el cual acuden al médico la mayor parte de los pacientes. El reumatólogo interrogará sobre sus características (duración, factores desencadenantes), si existen signos inflamatorios articulares, su patrón de distribución, simetría, número de articulaciones afectas, afección de extremidades superiores o inferiores, rigidez matutina, debilidad muscular, limitación funcional del paciente para sus actividades diarias y laborales, síntomas generales como fiebre o síndrome tóxico (pérdida de peso, cansancio, pérdida de apetito), antecedentes personales y familiares, y tratamientos utilizados.

Con la exploración física se puede confirmar la presencia de inflamación articular (articulaciones hinchadas, calientes e, incluso a veces, con la piel que las recubre de color rojo). Casi siempre se detecta limitación de la movilidad, independientemente de la causa. Una exploración general exhaustiva puede detectar otros signos extrarticulares claves para sospechar un diagnóstico concreto, como la psoriasis cutánea, la inflamación ocular, o la presencia de tofos (acúmulos subcutáneos de ácido úrico).

 Tratamiento de la artritis

Algunas artritis curan espontáneamente, pero otras muchas son crónicas y progresivas si no se instaura un tratamiento. No todas las artritis se tratan por igual, por lo que es el reumatólogo el especialista que puede concretar mejor el diagnóstico e instaurar el tratamiento más adecuado a cada caso.

Existen muchos tratamientos que ayudan a mejorar los síntomas de la enfermedad y, generalmente, se emplean varios simultáneamente. Los más frecuentemente utilizados son los antiinflamatorios no esteroideos, “que sirven para reducir el dolor y la inflamación”. Otros medicamentos frecuentemente usados son los analgésicos, “que alivian el dolor pero sin suprimir la inflamación”. Los glucocorticoides se prescriben también para reducir el dolor y la inflamación. Según la Dra. Martínez Cristóbal, “a causa de sus posibles efectos secundarios, siempre deben ser prescritos y controlados por un médico”.

Las medidas básicas en el tratamiento de la artritis incluyen reposo (durante las fases activas de la atritis, cuando los síntomas son más intensos y existe fatiga para, tras la mejoría, reanudar la actividad de forma progresiva); el ejercicio (muy importante para mantener la movilidad y la independencia física, reducir el dolor y la fatiga); el frío (sobre las articulaciones inflamadas, puede aliviar el dolor y la rigidez, por ejemplo, antes de hacer los ejercicios); el calor (se puede aplicar con esterilla eléctrica o en el baño, ayuda a relajar la musculatura), y la protección de las articulaciones (existen muchos dispositivos para facilitar la realización de tareas diarias: bastones, plantilla, agarraderas para objetos finos…).

Además de los tratamientos para aliviar los síntomas, en muchos casos tras un diagnóstico concreto, debe iniciarse un tratamiento específico, modificador de la enfermedad, como en la artritis inflamatoria o la artritis gotosa. Actualmente, el objetivo del tratamiento es conseguir la remisión de la enfermedad y evitar la destrucción articular, para mantener una calidad de vida y función física a lo largo de la vida del paciente.

La mayor parte de las personas nunca necesitarán cirugía para tratar su artritis. No obstante, en algunos casos de mala evolución, una intervención quirúrgica puede resolver problemas en los que han fallado otros tratamientos. La cirugía más empleada en la artritis es la sustitución de una articulación dañada por una artificial (prótesis). 

 Causas de la artritis

“A pesar de que al hablar de artritis parece que nos referimos a una sola enfermedad, dicho término es utilizado para definir más de 100 entidades diferentes”, ha afirmado la Dra. Martínez Cristóbal.

En la mayor parte de los casos, el motivo de la aparición de una artritis es desconocido; “posiblemente, al existir tantos tipos diferentes de artritis, existan también una multitud de causas distintas.

Una vez diagnosticada una artritis, hemos de ponerle el ‘apellido’, porque un tratamiento correcto depende de un diagnóstico concreto. El diagnóstico diferencial entre un tipo y otro se basa en una correcta historia clínica y exploración física, ya que las características clínicas de presentación, su distribución, el número de articulaciones afectas y las manifestaciones sistémicas como fiebre, pérdida de peso, lesiones cutáneas, etc., permiten sospechar el origen de la enfermedad en cada caso.

Así pues, muchas enfermedades pueden asociarse a la artritis, pero las más frecuentes son:

Artritis Reumatoide: Es una poliartritis que afecta con frecuencia a las articulaciones de los miembros (especialmente manos y pies) y menos a las de la columna vertebral. Suele ser bilateral y simétrica, es decir, inflama las mismas articulaciones en ambos lados del cuerpo. En España hay entre 200.000 y 400.000 personas con esta enfermedad. Predomina en el sexo femenino, sobre todo a partir de los 40-50 años. 

Artritis microcristalinas, como la Gota (por depósito de cristales de ácido úrico en las articulaciones): La gota se produce por un exceso de ácido úrico en sangre. Esta enfermedad aparece por depósito de pequeños microcristales en las articulaciones, produciendo su inflamación. Es característica la inflamación de la articulación del primer dedo del pie, aunque no siempre aparece y, en realidad, puede afectar a cualquier articulación. La gota es más frecuente en hombres que en mujeres. Al principio, este tipo de artritis aparece de manera intermitente pero, si no se trata adecuadamente, puede progresar y comportarse como una artritis crónica con riesgo de destrucción articular.  

Espondilitis anquilosante: La espondilitis anquilosante es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta fundamentalmente a las articulaciones de la columna vertebral, que tienden a soldarse entre sí, provocando la limitación de la movilidad (de ahí el término anquilosante, que proviene del griego ankylos y significa “soldadura, fusión”). Es una enfermedad frecuente, sobre todo en la raza blanca (0,5-1% de la población). Habitualmente aparece en varones entre los 20 y 30 años de edad. En mujeres es menos frecuente y suele ser más leve.  

Artritis psoriásica: Es una enfermedad de las articulaciones que se presenta en algunos enfermos de psoriasis, lo que le confiere unas características peculiares en cuanto a evaluación y pronóstico. Es una enfermedad crónica, que evoluciona irregularmente a lo largo de la vida, con épocas de inactividad y épocas de inflamación y dolor. 

Artritis idiopática juvenil: Es la forma más común de artritis en los niños. Produce dolor, rigidez articular, hinchazón de las articulaciones y pérdida de movimiento. Es una enfermedad autoinmune, de predominio en mujeres jóvenes y que puede dañar la piel, las articulaciones, el corazón, los riñones y otros órganos internos. 

Artritis reactiva: Este término se utiliza para describir la artritis que aparece tras una infección intestinal o génito-urinaria. También puede producir lesiones en la piel, úlceras en la boca, conjuntivitis y fiebre.  

Artritis infecciosa/séptica: De origen bacteriano, vírico, micótico (hongos) o producida por parásitos.

 ¿Cómo se previene la artritis?

La predisposición genética a padecer ciertas artritis hace difícil determinar cuál es el desencadenante exacto de la enfermedad y, por tanto, complicada su prevención. La modificación de factores ambientales como una dieta sana y pobre en purinas puede prevenir el exceso de ácido úrico en sangre y, por tanto, de la artritis gotosa, aunque no siempre una dieta adecuada puede ser suficiente para evitar su aparición y progresión. La dieta rica en ácidos Omega 3 puede ser beneficiosa, por su efecto antiinflamatorio, en aquellos pacientes que ya conocen su diagnóstico.

Según la Dra. Martínez Cristóbal, “en los últimos años, múltiples estudios ponen de manifiesto el papel del tabaquismo como posible factor desencadenante en la aparición, en el pronóstico y en la repuesta a los tratamientos de las artritis inflamatorias”.

Por otra parte, factores externos como la luz solar o ciertos medicamentos pueden aumentar la actividad de enfermedades como el lupus eritematoso sistémico.

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Dra. Ana Martínez Cristóbal
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