Archivo - Envases de plástico. - ALMOST GREEN STUDIO/ISTOCK - Archivo
MADRID, 5 Jun. (EDIZIONES) -
Nos despertamos, nos duchamos, nos echamos colonia, desayunamos, trabajamos, hacemos deporte y limpiamos nuestra casa. A simple vista, son gestos cotidianos que forman parte de cualquier jornada normal. Sin embargo, en cada uno de esos momentos podemos entrar en contacto con los llamados disruptores endocrinos, sustancias químicas presentes en numerosos productos de uso diario capaces de interferir en el funcionamiento normal de las hormonas.
Por eso, y con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, charlamos en Europa Press Salud Infosalus con uno de los mayores conocedores de este fenómeno en nuestro país, con el doctor Nicolás Olea, coordinador del Grupo de Endocrinología y Medio Ambiente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), quien nos alerta sobre una exposición constante a estos compuestos, conocidos como auténticos "hackers hormonales", por su capacidad para alterar los mensajes que regulan funciones tan importantes como el metabolismo, la fertilidad, el desarrollo, o la salud reproductiva.
Se trata de contaminantes químicos ambientales que una vez dentro del organismo humano o animal, alteran las hormonas, tal y como explica. Unas veces lo hacen potenciando su acción, otras veces bloqueándolas, o incluso actuando en el momento más inoportuno. “Son verdaderos hackers del mensaje hormonal. Dado que interfieren con el mensaje que llevan las hormonas son de especial preocupación tanto para endocrinólogos como para los especialistas en reproducción y fertilidad, y para los pediatras”, aclara.
Así la pregunta inevitable que muchos podemos hacernos es: ¿Desde que nos despertamos hasta que nos acostamos cuántos disruptores endocrinos nos acompañan a lo largo de un día cualquiera? Y el doctor Olea lo tiene claro:
Por la mañana: Cosméticos y productos de cuidado personal (perfumes, cremas, maquillaje) que pueden contener ftalatos, parabenos, o filtros UV específicos (Benzofenona-3); champús y acondicionadores, y algunos contienen conservantes o fragancias con actividad endocrina; aparte de los recibos térmicos (tickets), con su posible exposición a bisfenoles (BPA, BPS).
Durante las comidas: Alimentos envasados en plástico o en latas, que podrían contener bisfenoles y ftalatos migrados desde envases; hay que estar muy pendiente también porque al calentar comida en recipientes plásticos puede aumentar la migración de ciertas sustancias incluidos los micro y los nanoplásticos; y todo ello sin olvidar que el agua o las bebidas en botellas plásticas por su posible exposición a compuestos del envase.
En el trabajo o en el estudio: Polvo de interiores que puede contener retardantes de llama (PBB y OP) , PFAS y otros contaminantes persistentes; además de con el mobiliario, textiles y equipos electrónicos: En muchos casos son fuente de algunos compuestos con actividad endocrina.
Por la tarde: Ropa deportiva o impermeable tratada, con posible exposición a PFAS, así como el posible contacto con pesticidas en parques, jardines, o con alimentos no lavados adecuadamente.
Por la noche: Productos de limpieza y ambientadores, ya que algunas fragancias contienen compuestos sospechosos de alterar el sistema endocrino; aparte de sábanas, colchones y textiles tratados que pueden liberar pequeñas cantidades de retardantes de llama u otros químicos.
En el caso concreto de las mujeres, el doctor Olea apunta a una serie de exposiciones específicas sobre las que poner más atención, como son los productos menstruales (algunas compresas, tampones, o protectores), dado que pueden contener trazas de sustancias químicas industriales; así como los tintes capilares y los esmaltes de uñas, ya que algunas formulaciones contienen compuestos con potencial actividad endocrina (Resorcinol, triclosán, triclocarbán).
“Los grupos de disruptores endocrinos más estudiados incluyen los bisfenoles, ftalatos, PFAS, algunos pesticidas, ciertos retardantes de llama y algunos parabenos. La exposición suele provenir de múltiples fuentes pequeñas a lo largo del día, más que de una única fuente importante”, precisa el miembro de la SEEN.
¿Y cómo pueden afectarnos e interferir en el funcionamiento normal de las hormonas? Le preguntamos a este referente en el estudio de disruptores endocrinos apuntando a los siguientes efectos: alteraciones de la fertilidad; disminución de la calidad y reserva ovárica; irregularidades menstruales; pubertad precoz o alterada; mayor riesgo de endometriosis y de síndrome de ovario poliquístico (SOP) o SOPM; de complicaciones durante el embarazo; alteraciones del desarrollo fetal; cambios en la función tiroidea; alteraciones metabólicas (obesidad, resistencia a la insulina); mayor riesgo de diabetes tipo 2; alteraciones del sistema inmunitario; efectos sobre el neurodesarrollo y la función cognitiva; cambios en el estado de ánimo y en la salud mental; además de un mayor riesgo de algunos cánceres hormonodependientes, como el cáncer de mama y de endometrio; así como posibles efectos cardiovasculares a largo plazo.
QUÉ HACER EN NUESTRO DÍA A DÍA
Por eso, el doctor Olea sostiene que las recomendaciones para tener en cuenta en el propio hogar son sencillas: “El polvo interior de casa ha cambiado de forma radical en los últimos años. De estar constituido por pelo y ácaros ha pasado a ser una masa peluda de fibra textil que atrapa todo tipo de contaminantes provenientes de textiles, cosméticos, ambientadores, y detergentes. No puedes imaginar la variada química de los componentes. Así que ventila, renueva el aire de tu casa y aspira el polvo. Hay que sacar ese cóctel químico del alcance de tus hijos pequeños y de tus mascotas, que son los que se mueven por el suelo y están más tiempo en el hogar”.
En el campo de la alimentación, este experto apunta que hay dos tipos de recomendaciones: Primero, disminuir el consumo de proteína de origen animal e incrementar las legumbres, basar nuestra dieta en frutas, en verduras, y en hortalizas, consume aceite de oliva virgen extra, así como cereales y pescado, todo de proximidad, de temporada, tratar de buscar productos ecológicos que contribuirán a la disminución de la exposición a pesticidas, renunciar a los ultraprocesados y huir del súper-empaquetado del supermercado y de toda su liturgia del plástico.
En la cocina, considera el coordinador del Grupo de Endocrinología y Medio Ambiente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición que lo óptimo es buscar el metal, la loza y el cristal para preparar la comida, además de rechazar el plástico en el microondas y en el lavaplatos, y de exigir el mismo protocolo en el comedor escolar. “Por bonitas y vistosas que sean las vajillas de colores no pongas policarbonato en la mesa de tus hijos”, solicita este experto.
El mundo de la moda y de la cosmética, el doctor Olea insiste en que participan en la forma de exposición, que vamos vestidos de plástico, y que los textiles no son productos sencillos sino multicomponentes: “Así que elige telas de tejidos natrales y evita los colores y la química excesiva. Lava la ropa, sobre todo la infantil antes de su uso, y huye del apresto y de las telas milagrosas que no se manchan y resisten el agua. Es una exposición química que no te favorece”.