¿Pan y lácteos en la dieta antiinflamatoria? Cuáles sí y cuáles no

Archivo - Pan y queso untable.
Archivo - Pan y queso untable. - NATALIPOPOVA/ISTOCK - Archivo
Infosalus
Publicado: sábado, 28 febrero 2026 7:59

   MADRID, 28 Feb. (EDIZIONES) -

   La dieta antiinflamatoria se ha convertido en una de las estrategias nutricionales más recomendadas por los expertos para combatir la inflamación crónica de bajo grado, un proceso silencioso vinculado a enfermedades cardiovasculares, diabetes, trastornos digestivos, y patologías autoinmunes.

   En un contexto marcado por el estrés, por el sedentarismo y por el consumo creciente de ultraprocesados, los especialistas advierten de que nunca antes nuestro entorno había sido tan ‘inflamatorio’. Pero ¿en qué consiste realmente una dieta antiinflamatoria?, ¿hay que eliminar el gluten o los lácteos siempre?, ¿qué papel juegan los omega-3, los antioxidantes, y la microbiota en este escenario?

   La evidencia apunta a que no es una dieta restrictiva, sino un patrón alimentario basado en vegetales, en grasas saludables, y en hábitos de vida que refuerzan el sistema inmunitario y protegen la salud a largo plazo; siendo el ‘gold standard’ siempre la dieta mediterránea.

   A raíz de la publicación reciente de ‘Dieta antiinflamatoria’ (Amat Editorial) nos concede una entrevista a Europa Press Salud Infosalus Laura Isabel Arranz, doctora en Alimentación y Nutrición, así como farmacéutica y dietista-nutricionista defiende así que por nuestro contexto actual, “tan inflamatorio”, una dieta antiinflamatoria es adecuada para todos, no sólo para quienes ya padecen una patología, sino también para quienes están perfectamente sanos y quieran prevenir enfermedades.

   “Una dieta antiinflamatoria en el largo plazo ayuda a prevenir patologías. Este tipo de dieta es buena para todos, no sólo cuando tenemos una patología crónica, que también puede ayudar como herramienta de salud, sino también cuando estamos sanos vemos que este enfoque antiinflamatorio nos potencia nuestra salud actual, que estemos con mayor bienestar, vitalidad, energía y seamos capaces de prever problemas futuros. Es adecuada para todos”, sostiene esta experta.

VEGETALES Y OMEGA-3 SIEMPRE

   Así, a la hora de resolver esa inflamación de bajo grado en nuestro cuerpo la alimentación es un pilar fundamental, según defiende, argumentando que si hay abundancia y variedad de alimentos vegetales, obtendremos vitaminas, minerales, fibras, pero también antioxidantes, “base imprescindible para que los procesos inflamatorios en el cuerpo estén bien regulados porque estos antioxidantes reducen el estrés oxidativo de las células, y hacen que estos procesos no activen o aumenten la inflamación”.

   Después, el otro pilar básico en su opinión es que en nuestra dieta haya cantidad importante de omega 3, un tipo de grasas saludable, y un sustrato imprescindible para el cuerpo para poder generar sustancias antiinflamatorias: “Es la manera más directa a través de nuestra alimentación de ayudar al cuerpo a la hora de generar sustancias antiinflamatorias que contrarresten esta inflamación de bajo grado. Es un tipo de grasa presente en pocos alimentos como el pescado azul y semillas como de lino, cáñamo o chía, y en las nueces, por ejemplo”.

   Eso sí, apunta esta experta en Nutrición que la dieta no es la única vía para reducir nuestra inflamación, aunque sí afirma que “es la más directa e imprescindible para controlar y regular la inflamación en el cuerpo”.

   Dice que en este necesario proceso también influyen otros factores, como la microbiota, la actividad física, el descanso, o reducir el estrés. “Es bueno para la salud, pero también una vida físicamente activa, dormir lo que necesitamos, y gestionar bien el estrés ayudan también a reducir la inflamación por diferentes mecanismos relacionados, por ejemplo, con la microbiota, porque si no ésta se desajusta y tiene un papel importante también a la hora de regular la inflamación. No sirve de nada comer saludable y antiinflamatorio y hacerlo estresados y con prisa, y durmiendo mal, o comer de manera no consciente. Debe ir todo en su conjunto bien alineado”, defiende esta doctora en Alimentación.

QUÉ NO ES UNA DIETA ANTIINFLAMATORIA

   Con todo ello, manifiesta Arranz que una dieta antiinflamatoria es aquella que aporta al cuerpo sustancias y nutrientes que hacen disminuir la inflamación, y que es rica en frutas y en verduras –si son de temporada, mejor--, también en legumbres, en frutos secos, en semillas, en cereales integrales, así como en aceite de oliva virgen extra.

   “Es una dieta rica también en grasas saludables, como los omega-3; donde no hay azucares añadidos, y a ser posible no hay alimentos procesados; tampoco exceso de carne roja, ni de embutidos, aunque sí se pueden comer puntualmente; que también se caracteriza por el uso de carnes blancas como el pollo, el pavo, o el conejo”, añade.

   Dice que este patrón de alimentación en nuestro caso lo cumple a rajatabla la dieta mediterránea, pero también son dietas antiinflamatorias la dieta nórdica, por ejemplo, o la wahoku japonesa, o la jiangnan del sudeste chino. “Curiosamente, en las zonas donde la gente sigue estos patrones dietéticos tradicionales, sin influencia de la dieta occidental o moderna, hay más longevidad, con personas centenarias que gozan de buena salud (las conocidas como ‘zonas azules’)”, agrega.

   En cuanto a los lácteos, apuesta por que estos sean sobre todo fermentados. Además, subraya que “la leche entera y los quesos más grasos no formarían parte de una dieta antiinflamatoria, ya que contienen una notable cantidad de grasas saturadas, cuyo consumo excesivo es muy poco saludable y favorece la inflamación”.

   Eso sí, afirma que en una dieta antiinflamatoria sí tendrían cabida los fermentados, como el yogur o el kéfir, “con muchas sustancias beneficiosas con microorganismos vivos, los probióticos”, y que contienen mucha menos grasa que la leche de la que provienen.

   Dice que los quesos con poca grasa pueden ser una opción para alguna comida a la semana, por ejemplo, un poco de queso fresco en una crema de verduras, o de mozzarella en una ensalada. “No se trata de eliminarlos totalmente, ni de ingerirlos sin límite".

   En el caso del pan y del gluten, Laura Isabel Arranz apuesta por retirarlo únicamente si hay de por medio un caso de intolerancia, o depende de cómo sea también el pan. “El pan a consumir debería ser siempre integral, que es lo que ayuda a que metabólicamente no haya tanto impacto en la glucosa. Además, idealmente ese pan debería haber tenido una fermentación larga, aparte de la masa madre, porque ese proceso largo de fermentación vuelve a ser beneficioso para la digestión. Pero no pan blanco o refinado, que no ha tenido fermentación larga y que es un cereal blanco, una harina blanca que metabólicamente aumenta los picos de glucosa y la inflamación”, concluye esta farmacéutica y dietista-nutricionista.

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