¿Agua muy fría o helados para combatir el calor? Causas y consecuencias de la 'paradoja del agua fría' en tu estómago

Archivo - Mujer bebiendo agua y usando un ventilador por el calor
Archivo - Mujer bebiendo agua y usando un ventilador por el calor - FCAFOTODIGITAL/ISTOCK - Archivo
Infosalus
Publicado: sábado, 20 junio 2026 7:59

   MADRID, 20 Jun. (EDIZIONES) -

   Cuando las temperaturas se disparan pocas cosas resultan tan apetecibles como un vaso de agua con hielo o un helado bien frío. Sin embargo, algunas personas aseguran que estas opciones les provocan pesadez, hinchazón, o una sensación de digestión más lenta. ¿Existe realmente una base científica detrás de estas molestias?

   Los expertos hablan de la llamada "paradoja del agua fría", un fenómeno por el que las bebidas y alimentos muy fríos pueden modificar temporalmente algunas funciones digestivas, aunque sin representar un riesgo para la mayoría de las personas sanas.

   En este reportaje analizamos qué ocurre en el estómago cuando ingerimos productos helados, si pueden afectar a la microbiota intestinal, y cuándo conviene optar por alternativas menos extremas para combatir el calor, con la ayuda de la médico digestivo, especializada en neurogastroenterología y microbiota Silvia Gómez Senent.

   Precisamente, en su Instagram (@silviagomezsenent) esta experta habla de la "paradoja del agua fría", una acción que 'a priori' puede parecer inofensiva para nuestra digestión, si bien se trata de un gesto que podría frenar nuestra digestión, tal y como advierte durante una entrevista con Europa Press Salud Infosalus: "La llamada 'paradoja del agua fría' en la digestión se refiere a una idea bastante difundida (aunque con matices) sobre cómo el agua muy fría puede influir en el funcionamiento del sistema digestivo".

   En términos simples dice que el agua es necesaria para la digestión, pero su temperatura puede modificar temporalmente cómo se procesa en el estómago. Por eso, según añade, cuando se ingiere agua muy fría, el cuerpo puede activar algunas respuestas fisiológicas, entre las que destaca las siguientes:

   - Vasoconstricción local: el frío puede provocar un estrechamiento temporal de los vasos sanguíneos del sistema digestivo.

- Disminución del ritmo gástrico: el estómago puede vaciarse más lentamente cuando recibe líquidos muy fríos.

- Alteración leve de la motilidad intestinal: en personas sensibles puede enlentecer o modificar las contracciones digestivas.

- Molestias digestivas en algunos casos: como sensación de pesadez, hinchazón, o incluso espasmos leves. "Por eso se habla de 'paradoja', ya que el agua es fundamental para digerir bien, pero si está demasiado fría, en ciertas personas o contextos puede hacer la digestión más lenta o menos confortable", tal y como insiste.

   Ahora bien, sí hace hincapié esta experta y médico digestivo en que es importante matizar lo que dice la evidencia actual: "En personas sanas beber agua fría no es perjudicial, ni 'bloquea' la digestión. El efecto, cuando aparece, suele ser leve, transitorio, y dependiente de la sensibilidad individual. Es más relevante en contextos concretos (comidas muy copiosas, personas con digestión sensible, o durante ejercicio intenso)".

CUIDADO CON LAS BEBIDAS MUY FRÍAS EN VERANO

   Con todo ello, la doctora Gómez Senent señala que cuando el cuerpo está expuesto a altas temperaturas hay que tener precaución con las bebidas muy frías en verano porque:

   ·Los vasos sanguíneos de la piel están dilatados para disipar calor.

   ·El sistema digestivo también está en un estado relativamente 'activo' por el calor, la deshidratación o comidas más ligeras.

   Es más, sostiene que si en ese contexto de altas temperaturas ingerimos algo muy frío de forma rápida (agua con hielo, bebidas heladas), puede ocurrir una vasoconstricción brusca local en el estómago y esófago, desaceleración momentánea de la digestión, y en algunas personas sensibles dolor tipo 'brain freeze' o espasmo esofágico/gástrico leve, una sensación de corte digestivo o malestar; y un apunte importante que hace a nivel de percepción: "El cuerpo puede 'enfriarse por fuera' pero seguir en sobrecarga térmica interna, lo que genera sensación de malestar. No es peligroso en personas sanas, pero sí puede explicar por qué a veces una bebida muy fría no hidrata tan 'bien' a nivel de sensación digestiva como una fresca o templada".

¿Y SI ME COMO UN HELADO?¿SUCEDE LO MISMO?

   En esta línea, preguntamos a esta experta qué sucede entonces si estamos por ejemplo atravesando una ola de calor y nos comemos un helado, si corremos el mismo 'peligro', señalando esta doctora que, efectivamente, en esencia el mecanismo es similar y nos puede suceder algo parecido, aunque con un matiz "importante", según precisa: "Los postres helados (helado, sorbetes muy fríos) no sólo enfrían el estómago, sino que además suelen contener grasas y azúcares, que ya de por sí ralentizan la digestión".

   Por eso, señala que, si los postres helados se combinan con frío extremo, en personas sensibles pueden favorecer: digestiones más lentas, hinchazón, sensación de pesadez. "Pero, de nuevo, esto es dependiente de la persona y de la cantidad. En la mayor parte de las personas sanas, un helado ocasional en verano no supone ningún problema digestivo relevante", remarca.

   En última instancia, pedimos a esta médica de digestivo especializada en neurogastroenterología y microbiota si el consumo de agua muy fría o de postres helados en días de calor máximo puede afectar a nuestra microbiota, subrayando que sólo lo hace "de forma teórica y muy leve": "Si el frío hace que algunas personas ralenticen la digestión o tengan molestias, podría cambiar transitoriamente el tránsito intestinal. Y el tránsito sí influye en el entorno donde viven las bacterias".

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