Síndrome de Tourette: qué es, síntomas ocultos y diferencias clave con los tics comunes

Infosalus
Publicado: domingo, 7 junio 2026 7:59

   MADRID, 7 Jun. (EDIZIONES) -

   Un parpadeo constante, un carraspeo repetitivo o un movimiento brusco del hombro, por ejemplo, pueden ser tics frecuentes en la población infantil. La Ciencia es clara: tener un tic no equivale a sufrir el síndrome de Tourette. Así, coincidiendo con la conmemoración del Día Mundial de esta condición neurológica fundamentalmente pediátrica explicamos cuáles son sus principales claves.

   En concreto el síndrome de Tourette lo padece cerca del 1% de la población pediátrica, según datos de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP), y precisamente entrevistamos en Europa Press Salud Infosalus a una gran conocedora de esta enfermedad, y neuropediatra del Grupo de Trabajo de Trastornos del Movimiento, a la doctora María Concepción Miranda Herrero.

   Nos recuerda que se trata de un trastorno neurológico frecuente en la población pediátrica y caracterizado por tics motores y vocales: “Los tics son un síntoma, son movimientos o sonidos abruptos, estereotipados, e involuntarios; mientras que el síndrome de Tourette es un trastorno de tics crónico, con tics fónicos y motores, y con repercusión en la vida del paciente. No todos los pacientes con tics tienen síndrome de Tourette”.

   De hecho, advierte esta especialista del Hospital Gregorio Marañón de Madrid que hasta un 10% de los niños pueden tener un trastorno de tics transitorios, mientras que hay otros pacientes con un trastorno de tics crónicos motor o con un trastorno crónico fónico, pero sin tener un síndrome de Tourette.

   Destaca igualmente que se trata de un fenómeno predominantemente pediátrico, que debuta en la primera infancia, y que se suele diagnosticar entre los 6 y los 8 años. De hecho, sólo un 20% de los pacientes (generalmente los más graves) lo mantiene en la vida adulta, tal y como asegura.

EL CONTROL DE LOS TICS PUEDE SER UN PROBLEMA

   Precisamente, existe la creencia de que, en el caso concreto del síndrome de Tourette, los niños pueden controlar sus tics si se esfuerzan lo suficiente. ¿Hasta qué punto son realmente involuntarios? Esta doctora nos cuenta que los tics son un trastorno del movimiento involuntario, pero a diferencia de otros trastornos del movimiento, estos tienen la peculiaridad de que sobre ellos puede ejercerse cierto control voluntario, “siempre y cuando uno se concentra mucho y no sea un trastorno de tics grave, y donde es imposible ese control voluntario”.

   Ese control voluntario deriva en muchos casos en una gran ansiedad interna y como consecuencia, tal y como afirma la neuropediatra María Concepción Miranda, en una explosión de tics posterior que intenta compensar ese agrado de ansiedad generado al intentar controlarlo.

   Además, señala que el síndrome de Tourette puede empeorar con diferentes factores externos, como son el estrés, la ansiedad, la fatiga, o la exposición social. “Son fluctuantes y presentan exacerbaciones y remisiones muy dependientes de estos factores, y de los momentos vitales que esté atravesando el paciente”, añade. A su vez, mantiene que existen ciertos factores que, “de forma idiosincrásica”, en algunos pacientes van a generar una mejora, o bien por el contrario un empeoramiento de los tics, por lo que se muestran perfiles muy individualizados que cada uno debe intentar conocer.

   La miembro del Grupo de Trabajo de Trastornos del Movimiento de la SENEP además pone sobre la mesa que muchos menores intentan reprimir sus tics durante las horas de clase por vergüenza o por miedo a las burlas: “Es frecuente que muchos niños intenten reprimir sus tics durante las horas lectivas, o ante determinadas situaciones sociales, porque sienten vergüenza o miedo a ser señalados, a que les pregunten, o a que se rían de ellos por esos movimientos o sonidos involuntarios”.

   Dice que, en estos casos, los niños tienen que concentrarse mucho y, en algunas ocasiones, el intentar reprimir los tics les genera mucha ansiedad y dificultades para concentrarse, que pueden repercutir a nivel académico y generar un estrés importante por el esfuerzo físico y mental que tienen que hacer para contener los tics en las horas lectivas.

   A su vez, resalta que en estos menores, el sentirse diferente, o el tener ese miedo a que se burlen de ellos, al estigma que pueden conllevar los tics, es frecuente también el que tengan asociados a nivel emocional alteraciones del estado de ánimo, incluso ataques de ira, o frustración, y “que pueden repercutir muy negativamente en el control de los tics y en la calidad de vida del paciente”.

RECOMENDACIONES PARA PADRES Y PROFESORES

   Con todo ello, esta neuropediatra hace hincapié en la importancia de que tanto padres como profesores se informen adecuadamente de este síndrome, “un trastorno de tics crónico, es decir, que conlleva una presencia de síntomas de forma prolongada en el tiempo, durante años, con periodos de remisión y de exacerbación, según esos perfiles idiosincrásicos comentados, y donde factores ambientales afectan de una manera u otra en los niños, y la fatiga el estrés y las situaciones de nerviosismo o de ansiedad pueden hacer que empeoren”.

   Por eso, cree imprescindible que sepan que estos menores van a tener una buena evolución, y sobre todo que no deben preocuparse porque no todos los pacientes tendrán Tourette grave, o no todos necesitarán tratamiento; si bien sí es importante el que vigilen si existe una repercusión a nivel físico, social, emocional, o académico por los tics, momento en el que deberían consultar con un especialista, quien podrá ayudarles y ponerles un tratamiento para que la calidad de vida del menor sea la mejor.

   “Deben saber que en general los tics son involuntarios y el hecho de intentar reprimirlos, el regañarles, el decirles que no lo hagan, o simplemente preguntarles, lo único que puede hacer es que empeoren y, además, esto les puede generar una gran ansiedad y problemas emocionalmente en el paciente”, advierte la doctora Miranda. También por ello hace hincapié en la importancia que desde clase no se les castigue por esos movimientos o sonidos involuntarios que puedan hacer, que no se corresponden con una falta de respeto ni al profesor ni a la clase.

   Otro punto importante a tener en cuenta sobre este trastorno del movimiento, tal y como destaca esta experta, es que muy frecuentemente asocia otras comorbilidades psiquiátricas y neurológicas, como el TDAH, los problemas de aprendizaje, los trastornos del estado de ánimo o del sueño, el TOC, la ansiedad o el estrés, “fenómenos todos ellos a veces también difíciles de manejar, y llegando a repercutir en numerosas ocasiones en la calidad de vida de estos pacientes”.

   “Si el niño está muy incómodo o sobrepasado en clase les puede ayudar el dejarles salir al baño o fuera de clase; el concederles un espacio para que puedan relajarse o hacer los tics que reprimen, y así ayudarles a manejarlo en determinadas circunstancias”, defiende esta experta y miembro de la SENEP.

   Con todo ello, esta neuropediatra destaca la importancia del abordaje multidisciplinar en Tourette, junto con otros especialistas de la Psiquiatría, la Psicología, la Logopedia, o la orientación escolar entre otros.

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