Los ictus aumentan pese a bajar las tasas por edad: investigadores explican esta contradicción

Archivo - Dolor de cabeza, ictus, tensión.
Archivo - Dolor de cabeza, ictus, tensión. - PORNPAK KHUNATORN/ISTOCK - Archivo
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Actualizado: jueves, 29 octubre 2026 14:25

   MADRID, 29 Oct. (EUROPA PRESS) -

   El número de nuevos casos de ictus aumentó un 73% entre 1990 y 2023, hasta alcanzar los 13,2 millones anuales, pese a que las tasas de incidencia, mortalidad y discapacidad estandarizadas por edad disminuyeron durante ese periodo, según un estudio sobre la Carga Global de Enfermedad (GBD, por sus siglas en inglés) publicado en la revista 'Neuroepidemiology'.

   La investigación, liderada por la Universidad Tecnológica de Auckland (Nueva Zelanda), estima que en 2023 fallecieron 6,8 millones de personas por ictus y que casi 105 millones vivían con sus secuelas. Esta enfermedad se mantuvo como la segunda causa principal de muerte en el mundo y la tercera de muerte y discapacidad combinadas.

   Entre 1990 y 2023, la mortalidad por ictus estandarizada por edad disminuyó un 52%, la tasa de años de vida ajustados por discapacidad (AVAD) cayó un 48% y la incidencia se redujo un 25%. Sin embargo, durante el mismo periodo, las muertes aumentaron un 22% y los AVAD, un 18%.

   Estos datos muestran una contradicción difícil de explicar que es que, a pesar de la disminución de las tasas de accidentes cerebrovasculares, la carga mundial de accidentes cerebrovasculares sigue aumentando. "El crecimiento y el envejecimiento de la población explican parte del aumento, pero no todo", afirma el profesor Valery L. Feigin, quien lidera el estudio.

    "Antes se decía que el ictus era una enfermedad de ancianos. Eso ya no es cierto: el 52% de los ictus ahora se producen en personas en edad laboral, menores de 70 años", señala.

   Los investigadores estiman que actualmente se producen 1,9 millones de accidentes cerebrovasculares al año en personas de entre 15 y 49 años, un aumento que Feigin y sus colegas atribuyen a una exposición más temprana e intensa a factores de riesgo metabólicos, en particular a una presión arterial mal controlada y a las tendencias de obesidad infantil que ahora se manifiestan como hipertensión y diabetes en adultos.

    Como señalan el accidente cerebrovascular sigue siendo en gran medida prevenible, pero su carga global continúa aumentando en términos absolutos, "con marcadas disparidades regionales". Por eso, afirman que se requieren con urgencia estrategias de prevención intensificadas y específicas para cada región, dirigidas a los principales factores de riesgo, junto con un acceso equitativo a la atención de urgencia y la rehabilitación, para reducir la mortalidad y la discapacidad evitables relacionadas con el accidente cerebrovascular en todo el mundo.

LA HIPERTENSIÓN, PRINCIPAL FACTOR DE RIESGO

   La hipertensión no controlada sigue siendo la principal causa de ictus en todo el mundo, responsable de aproximadamente el 60 por ciento de la carga global. Sin embargo, cerca de la mitad de las personas a las que se les recetan medicamentos para la presión arterial dejan de tomarlos en cuestión de meses, a menudo una vez que sus valores se normalizan, y solo alrededor del 20% de las personas pueden sentir los efectos físicos de la presión arterial elevada.

   Feigin denomina a la hipertensión 'un asesino silencioso', y recuerda muchas personas no se dan cuenta de que algo anda mal hasta que sufren un ictus o un infarto.

   Por otro lado han observado que las altas temperaturas también se están revelando como un factor importante, aunque a menudo subestimado: su proporción en la carga de accidentes cerebrovasculares aumentó un 122% entre 1990 y 2023, representando más de 2,2 millones de AVAD solo en 2023, concentrados en el norte y centro de África, Oriente Medio y el sur de Asia.

   Asimismo, las bajas temperaturas también conllevan riesgos, señaló Feigin, especialmente en regiones históricamente acostumbradas al calor, donde las olas de frío se asocian ahora con mayores tasas de accidentes cerebrovasculares e infartos.

   Las desigualdades mundiales siguen siendo flagrantes: más del 80% de las muertes por accidente cerebrovascular y los AVAD (años de vida ajustados por discapacidad) se producen en países de ingresos bajos y medios, donde la creciente exposición a factores de riesgo -y no el envejecimiento de la población- es el principal motor del aumento del número de accidentes cerebrovasculares

CENTRASE EN ALTO RIESGO DEJA FUERA A POSIBLES CASOS DE ICTUS

   Eeigin argumenta que este campo se ha apoyado demasiado en una estrategia de prevención de "alto riesgo", examinando a las personas y tratándolas solo a aquellas que presentan un riesgo cardiovascular elevado.

    "Incluso en el mejor de los casos, el tratamiento de personas de alto riesgo solo previene alrededor del 11% de los accidentes cerebrovasculares e infartos, ya que aproximadamente el 80% de los accidentes cerebrovasculares ocurren en personas clasificadas como de bajo o moderado riesgo", afirma, recordando que, revisiones recientes de ensayos controlados aleatorios, revelan que la detección de riesgos por sí sola, sin seguimiento, no produce una reducción significativa de los eventos.

    En cambio, él prefiere combinar medidas a nivel poblacional, como la reducción del consumo de sal, los impuestos a las bebidas azucaradas y el control del tabaco, con la prevención individual mediante herramientas digitales como las aplicaciones de evaluación de riesgos para teléfonos inteligentes, que pueden llegar a personas con cualquier nivel de riesgo.

    "Necesitamos una estrategia que trate a todas las personas con incluso un solo factor de riesgo elevado, no solo a aquellas que superan un umbral de alto riesgo. De lo contrario, nos encaminamos hacia una crisis que los sistemas de salud tendrán dificultades para absorber", afirma.

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