Archivo - Paseando al perro por la calle. - ALEXEI_TM/ISTOCK - Archivo
MADRID, 15 Mar. (EUROPA PRESS) -
Un nuevo estudio de investigadores japoneses ha estudiado los ruidos intestinales y estomacales, que reflejan la motilidad intestinal, y han comprobado que escasos minutos de actividad física, incluso ligera, pone en marcha la actividad intestinal que moviliza los alimentos hacía adelante en el tubo digestivo.
La salud intestinal desempeña un papel fundamental en el bienestar general, y el estreñimiento sigue siendo uno de los problemas digestivos más comunes y frustrantes actualmente. Afecta a personas de todas las edades y orígenes, provocando no solo molestias físicas como hinchazón, esfuerzo y evacuaciones intestinales poco frecuentes, sino también estrés emocional, menor productividad y una menor calidad de vida.
Cuando los síntomas persisten, el estreñimiento puede incluso contribuir a complicaciones más graves, como hemorroides, tensión cardiovascular y un mayor riesgo de problemas colorrectales. A pesar de su prevalencia, el estreñimiento a menudo pasa desapercibido o no se trata hasta que se vuelve problemático, lo que resalta la necesidad de comprender mejor sus causas y estrategias de tratamiento eficaces.
Entre los muchos enfoques para controlar el estreñimiento, la actividad física destaca como uno de los más sencillos y recomendados. Las personas que se mueven más tienden a tener una digestión más saludable, mientras que quienes llevan una vida sedentaria suelen tener una función intestinal más lenta.
Sin embargo, aunque la relación entre la actividad y la salud intestinal es bien conocida, las razones biológicas que la sustentan siguen siendo sorprendentemente poco claras.
La mayoría de las investigaciones se han centrado en los hábitos de ejercicio a largo plazo; se sabe mucho menos sobre lo que sucede justo después de empezar a movernos. Comprender estos cambios inmediatos podría ofrecer información valiosa sobre los mecanismos que alivian el estreñimiento y revelar por qué incluso caminatas breves pueden marcar una diferencia significativa.
Para explorar esta brecha, investigadores de la Universidad de Salud de Fujita (Japón) realizaron un estudio para examinar la rapidez con la que la actividad física afecta la motilidad intestinal en adultos sanos.
En su estudio, publicado en la revista 'Scientific Reports', en lugar de utilizar procedimientos invasivos, recurrieron a un método innovador y no invasivo para analizar los ruidos intestinales (RUI). Estos ruidos, creados por el movimiento de gases y líquidos a través de los intestinos, reflejan la motilidad intestinal que impulsa el contenido digestivo hacia adelante.
Al capturar y analizar estos ruidos antes y después del ejercicio, los investigadores buscaron observar directamente la respuesta inmediata del intestino al movimiento.
El estudio reclutó a 21 adultos jóvenes sanos. Cada participante comenzó recostado en silencio mientras los investigadores registraban un minuto de actividad sonora basal con un estetoscopio electrónico conectado a un software avanzado de procesamiento de señales.
Posteriormente, los participantes caminaron en una cinta durante 20 minutos a un ritmo cómodo y autoseleccionado. Inmediatamente después, los investigadores volvieron a registrar la actividad sonora en varios momentos durante 15 minutos mientras los participantes descansaban recostados.
El equipo evaluó la motilidad intestinal mediante tres indicadores: el Índice de Sonido (IS), que mide la amplitud total de la actividad sonora; el porcentaje de tiempo de presencia de actividad sonora; y el número de eventos de actividad sonora distintos por minuto.
Los hallazgos fueron claros y contundentes. En tan solo uno o dos minutos tras finalizar la caminata, las tres mediciones aumentaron significativamente en comparación con el valor basal en reposo. La amplitud de la IS casi se duplicó, los sonidos se produjeron durante una porción mucho mayor de la grabación y el número de sonidos individuales por minuto aumentó notablemente.
Aunque estos aumentos se desvanecieron en dos o tres minutos, su rápida aparición revela algo importante: incluso la actividad física ligera puede desencadenar un aumento inmediato y medible de la motilidad intestinal.
Estos resultados tienen implicaciones significativas. El profesor Yohei Otaka, autor principal del estudio, afirma que "caminar puede ser una herramienta eficaz e inmediata para estimular la función intestinal. Los hallazgos también apuntan a posibles mecanismos subyacentes, como cambios en la actividad del sistema nervioso autónomo o reflejos desencadenados por las oscilaciones naturales del cuerpo durante el movimiento".
Además, el estudio sugiere que el análisis de IS podría convertirse en una técnica valiosa y no invasiva para futuras investigaciones sobre la salud gastrointestinal y el estreñimiento.
En conclusión, este estudio ofrece una nueva perspectiva sobre la rapidez con la que el sistema digestivo responde a la actividad física. Al demostrar que la motilidad intestinal aumenta casi inmediatamente después de caminar, podría ayudar a explicar por qué el movimiento es una estrategia tan eficaz para controlar el estreñimiento y refuerza la importancia de mantenerse activo para la salud digestiva y el bienestar general.