Archivo - Joven comiendo ultraprocesados. - FCAFOTODIGITAL/ISTOCK - Archivo
MADRID, 26 Oct. (EUROPA PRESS) -
Los niños que consumen más alimentos ultraprocesados muestran respuestas más intensas en la red de recompensa del cerebro al ver imágenes de alimentos apetitosos, y estas respuestas cerebrales están relacionadas con un aumento de la grasa corporal un año después, según investigadores de la Facultad de Medicina Keck de la USC (Estados Unidos).
Los hallazgos, publicados recientemente en 'JAMA Network Open', sugieren que el cerebro puede volverse más sensible a las señales alimentarias cuando los niños consumen más AUP.
EL CEREBRO INFANTIL Y LAS SEÑALES ALIMENTARIAS
Los alimentos ultraprocesados (AUP) son productos alimenticios elaborados (como cereales para el desayuno, pan envasado y sopas instantáneas) diseñados para ser muy sabrosos, prácticos y de larga duración. Suelen contener edulcorantes artificiales, colorantes y otros ingredientes que no se utilizan habitualmente al cocinar en casa. En promedio, los niños estadounidenses obtienen alrededor del 67% de sus calorías diarias de los AUP.
Estudios anteriores han relacionado estos productos con el aumento de peso, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares, pero los investigadores aún desconocen cómo la red de recompensa del cerebro puede contribuir a estos riesgos. El nuevo estudio, financiado en parte por los Institutos Nacionales de Salud, recopiló imágenes cerebrales por resonancia magnética (IRM), información dietética y datos sobre la composición corporal de los niños para ayudar a llenar ese vacío.
"El cerebro de los niños aún se está desarrollando, sus hábitos se están formando y sus preferencias alimentarias aún se están definiendo. Es un período importante en el que el cerebro es muy sensible a los alimentos y al entorno alimentario", aporta la autora principal del estudio, la doctora Kathleen A. Page, profesora de medicina y pediatría y codirectora de la División de Endocrinología y Diabetes de la Facultad de Medicina Keck de la USC.
"Nos interesa especialmente comprender estos procesos en los niños, porque creemos que intervenir precozmente podría marcar una verdadera diferencia", añade.
La investigación incluyó a 46 niños de entre siete y diez años que forman parte del estudio a largo plazo BrainChild sobre el riesgo de diabetes y obesidad. Todos los niños comenzaron el estudio con un peso saludable, lo que permitió a los investigadores centrarse en los riesgos tempranos de las enfermedades uroteliales.
Al inicio del estudio, los investigadores realizaron resonancias magnéticas a cada niño mientras estos observaban fotografías de alimentos muy apetitosos (como galletas o papas fritas). También recopilaron datos sobre la dieta, el índice de masa corporal (IMC), el porcentaje de grasa corporal y la circunferencia de la cintura. Un año después, volvieron a medir el IMC, el porcentaje de grasa corporal y la circunferencia de la cintura.
Los niños que consumieron más alimentos ultraprocesados mostraron una mayor respuesta a las imágenes de alimentos en el estriado dorsal, una región cerebral implicada en la recompensa y la motivación. Esta mayor respuesta en el estriado dorsal también se asoció con un mayor índice de masa corporal (IMC) y porcentaje de grasa corporal un año después.
En general, los niños que consumieron más alimentos ultraprocesados presentaron mayor circunferencia de cintura, IMC y porcentaje de grasa corporal al final del estudio. Sin embargo, al considerar las diferencias en la respuesta del estriado dorsal de los niños a las imágenes de alimentos, la relación con el IMC y el porcentaje de grasa corporal se debilitó en un 31% y un 44%, respectivamente. Esto sugiere que las diferencias en las respuestas cerebrales podrían explicar la relación entre el consumo de alimentos ultraprocesados y el aumento de peso.
"Este estudio va más allá de simplemente comprender que los alimentos ultraprocesados afectan el aumento de peso. En realidad, nos brinda información sobre las bases neurobiológicas mediante las cuales estos alimentos pueden estar vinculados a la composición corporal a lo largo del tiempo", matiza Page.
Los investigadores hacen hincapié en que la responsabilidad de realizar cambios en la dieta no debe recaer únicamente en las familias y los niños, ya que los alimentos ultraprocesados suelen ser los más accesibles, asequibles y fáciles de consumir. "Cambiar el entorno alimentario para ayudar a las personas a acceder a alimentos más saludables y mínimamente procesados es una parte importante de la solución", desarrolla Page.
UN VÍNCULO QUE NO DEMUESTRA CAUSALIDAD
Dado que el estudio fue observacional, no puede determinar si el consumo de alimentos ultraprocesados provoca cambios en la actividad cerebral o aumento de peso.
Para comprobar la relación causa-efecto, Page planea realizar un estudio de intervención en el que los niños que consumen regularmente alimentos ultraprocesados reciban más alimentos mínimamente procesados. De esta manera, los investigadores podrían observar si sus respuestas cerebrales a las imágenes de alimentos cambian con el tiempo y si esos cambios se asocian con un menor aumento de peso.
El estudio BrainChild también continuará haciendo un seguimiento de los niños desde la pubertad hasta la edad adulta temprana, documentando los cambios cerebrales, la composición corporal y los vínculos entre la dieta y la salud en general.