Un estudio relaciona el consumo de ultraprocesados con cambios en el metabolismo de los niños

Archivo - Imagen de recurso de alimentos ultraprocesados.
Archivo - Imagen de recurso de alimentos ultraprocesados. - TATSIANA VOLKAVA/ ISTOCK - Archivo
Infosalus
Publicado: jueves, 22 octubre 2026 19:00

MADRID 22 Oct. (EUROPA PRESS) -

Un nuevo estudio liderado por investigadores de la Universitat Rovira i Virgili (URV) ha relacionado el consumo de alimentos ultraprocesados con cambios en el metabolismo infantil e identificado 19 metabolitos asociados a la ingesta de estos productos.

Los resultados muestran que estos metabolitos se agrupan en dos perfiles diferenciados, uno relacionado principalmente con el metabolismo de las grasas y el otro con el de los aminoácidos, y que presentan asociaciones con indicadores de salud cardiovascular.

Según explican los autores, los alimentos ultraprocesados son productos elaborados industrialmente a partir de sustancias derivadas de alimentos y aditivos, con una presencia reducida de alimentos frescos. Muchos de los productos que forman parte de esta categoría se caracterizan por una elevada presencia de azúcares refinados y grasas poco saludables y, en algunos casos, por un menor contenido de proteínas de calidad.

Estudios anteriores los han relacionado con diferentes alteraciones metabólicas y cardiovasculares, pero los procesos biológicos que pueden explicar estas asociaciones durante la infancia son en gran parte desconocidos.

Para estudiar esta relación, el equipo investigador ha trabajado con datos de 1.148 niños y niñas de entre tres y seis años que forman parte de la cohorte CORALS (Childhood Obesity Risk Assessment Longitudinal Study). Se trata de un estudio multicéntrico que sigue durante diez años a niños y niñas de siete ciudades España -Barcelona, Córdoba, Pamplona, Reus, Santiago de Compostela, Valencia y Zaragoza- con el objetivo de identificar factores de desarrollo de obesidad infantil.

Para determinar el consumo de alimentos ultraprocesados, se utilizó un cuestionario de frecuencia alimentaria. También se analizaron muestras de sangre de los niños, a partir de las cuales se cuantificó un conjunto de biomarcadores metabólicos relacionados con diferentes procesos del organismo, entre los que había lipoproteínas, ácidos grasos, aminoácidos y marcadores inflamatorios.

La metabolómica permite obtener una fotografía del metabolismo a partir de las sustancias que circulan por la sangre. Entre estas se encuentran los metabolitos, moléculas que intervienen en las reacciones químicas que tienen lugar en el organismo para, entre otros procesos, transformar los nutrientes, obtener energía y mantener las funciones celulares.

Al comparar este conjunto de biomarcadores con el consumo de alimentos ultraprocesados, los investigadores identificaron 19 metabolitos, principalmente relacionados con el metabolismo de los lípidos y de los aminoácidos, que se agruparon en dos perfiles diferenciados.

El primero estaba caracterizado principalmente por moléculas relacionadas con el metabolismo de las grasas y se asoció con niveles más elevados de triglicéridos, insulina y glucosa en ayunas y con niveles más bajos de colesterol HDL, conocido habitualmente como colesterol bueno.

En conjunto, este perfil también se relacionó con una puntuación más elevada de riesgo cardiovascular, que integra indicadores como la cantidad de grasa corporal, el colesterol, los triglicéridos, la presión arterial y la resistencia a la insulina.

El segundo perfil se relacionó principalmente con aminoácidos y presentaba asociaciones con menores niveles de adiposidad, triglicéridos, insulina y resistencia a la insulina y con niveles más elevados de colesterol HDL.

"Lo relevante es que podemos detectar diferencias en el metabolismo asociadas a la alimentación cuando los niños y niñas solo tienen entre tres y seis años", ha explicado Nancy Babio, investigadora sénior del estudio e investigadora principal de CORALS.

"No estamos hablando todavía de enfermedad cardiovascular, sino de señales metabólicas tempranas que nos ayudan a comprender cómo la alimentación se relaciona con la salud cardiovascular desde las primeras etapas de la vida", ha añadido.

DIFERENCIAS QUE YA SE PUEDEN DETECTAR EN LA INFANCIA

Los investigadores también comprobaron si estos dos perfiles metabólicos aportaban información sobre la salud cardiovascular de los niños más allá de los datos habituales, como el peso, la presión arterial o los niveles de colesterol. Cuando se tuvieron en cuenta conjuntamente, el modelo utilizado por el equipo mejoró un 9,2 por ciento la capacidad de identificar a los niños que presentaban un perfil cardiovascular menos favorable.

"Estos resultados refuerzan la importancia de prestar atención a la calidad de la alimentación desde los primeros años de vida", señala Jordi Salas-Salvadó, investigador CIBEROBN del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la URV. "La infancia es una etapa clave para establecer hábitos alimentarios, y favorecer el consumo de alimentos frescos o mínimamente procesados puede contribuir a una alimentación más saludable", ha agregado.

Josue A. Perez Acosta, primer autor del artículo, señala que estos resultados no permiten afirmar que los alimentos ultraprocesados sean los responsables directos de los cambios observados. El estudio muestra una relación entre la alimentación y el metabolismo, pero no permite establecer una relación de causa y efecto. El seguimiento de los niños y niñas que participan en la cohorte CORALS permitirá comprobar en los próximos años si estos perfiles metabólicos se mantienen a medida que crecen y si tienen relación con la evolución de su salud cardiovascular.

Contador

Contenido patrocinado