Archivo - Mujer merendando dulces. - VADYM PETROCHENKO/ISTOCK - Archivo
MADRID, 7 Feb. (EDIZIONES) -
En invierno, al haber menos horas de luz, la melatonina adelanta su aparición y se alarga, por lo que la serotonina, el neurotransmisor que nos hace estar estables emocionalmente, se encuentra en menor cantidad al final del día, lo que nos lleva a tener una mayor ansiedad por comer carbohidratos, y por eso los azúcares en estos meses de invierno están constantemente a nuestro alrededor.
"Cuando hay menos horas de luz, la serotonina desaparece y empieza la melatonina. Pero la serotonina cuando baja te crea ansiedad, especialmente sobre la tarde. Es entonces cuando el cuerpo busca energía fácil o una rápida compensación, que son los azúcares", subraya en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus el doctor Jesús Vázquez, médico especialista en Nutrición y dietética, experto en nutrición celular activa, y miembro fundador de la Sociedad Española de Medicina Bioinmunogenética Celular.
Mantiene que esta ansiedad, este apetito, se acentúa mucho más, y con diferencia, al final del día, cuando se va haciendo de noche, y nuestra serotonina cae después de una jornada de trabajo en la que lo hemos dado todo, mental y físicamente. "Es entonces cuando se despierta el monstruo. Casi ni cenaríamos, pero empecemos, ¡a veces no hay quien nos pare!", sostiene.
Así, el doctor Vázquez alerta en consecuencia que si caemos en esta tentación es un ciclo del que no podemos salir. Aconseja en este sentido hacer algo que vaya a despistar a nuestro cuerpo, como, por ejemplo, tomarse una infusión que marque el final de la cena o la comida, para que sepa el cuerpo que ya ha terminado.
"Se debe engañar al cuerpo de alguna manera porque si no le doy azúcar a las células, que es lo que me piden en ese momento por la noche, porque es energía rápida y fácil, si no se la doy entonces cogerán el 'combustible' de la grasa que tenemos almacenada, que todos tenemos reservas. A esas horas el cuerpo debería haber bajado su metabolismo, y si hacemos esto no es posible", subraya este experto en nutrición.
Además, remarca en el libro que podemos mejorar la producción de serotonina con alimentos muy típicos del invierno, como:
·Triptófano: pavo, huevos, legumbres, plátano y avena.
·Magnesio y vitamina B6 (para transformar triptófano en serotonina): legumbre, verdura de hoja verde, frutos secos, pipas de calabaza y de girasol, chocolate negro, pescados azules, mariscos.
·Omega 3 y vitamina D (mejoran receptores de serotonina): pescados azules, mariscos, frutos secos, semillas de chía y lino, lácteos, y huevos.
De hecho, el doctor Vázquez apuesta en este sentido por un buen caldo caliente para empezar una cena de invierno, como los de las abuelas, que nos dé "ese calor que nos inunda por dentro en invierno, y que calma nuestra necesidad de calorías, que no sólo aumenta nuestra temperatura interior, sino que activa también los receptores mecánicos que aumentan la sensación de saciedad".
Precisamente, acaba de publicar 'Un año para cuidarte' (Penguin Random House), junto con su hija Martina Vázquez, que es dietista-nutricionista, y con la que está al frente de @nutri.vazquez. En este libro precisamente hace un breve repaso de cómo nuestra alimentación va variando a lo largo del año remarcando que la alimentación es "la medicina más sencilla que tenemos en casa", para cuidar de nuestra salud, y con la que podemos mejorar y equilibrar nuestro cuerpo. "Alimentarnos bien es la mejor manera de estar fuertes, de estar bien", asevera el doctor Vázquez.