Archivo - Operación bikini: mujer midiendo la cintura en la playa con una cinta métrica. - ALEXZABUSIK/ISTOCK - Archivo
MADRID, 27 Jun. (EDIZIONES) -
Con la llegada del buen tiempo, las búsquedas sobre dietas rápidas, pérdida de peso y operación bikini se disparan. Cada año, miles de personas inician planes exprés para adelgazar antes de las vacaciones con la esperanza de sentirse mejor con su cuerpo. Sin embargo, cada vez más expertos cuestionan esta práctica y advierten de que las dietas restrictivas no sólo suelen fracasar a largo plazo, sino que pueden alterar el metabolismo, aumentar la sensación de hambre, favorecer el efecto rebote, y deteriorar la relación con la comida.
¿Entonces es realmente necesaria la operación bikini, o estamos persiguiendo un ideal estético impuesto por la cultura de la dieta? Analizamos qué dice la Ciencia sobre las dietas de última hora, y cómo aprender a cuidar la salud sin caer en restricciones, ni en culpabilidad.
Para ello, charlamos en Europa Press Salud Infosalus con Julia Fernández-Renau (@nutrirayes), "nutricionista antidietas", como así se llama, y una experta dedicada a ayudar a las mujeres a dejar las dietas y a relacionarse con la comida y su cuerpo desde un lugar más libre y sin culpa.
Acaba de publicar con Alfaguara precisamente 'A la mierda la dieta', una guía para sanar nuestra relación con la comida y con nuestro cuerpo y le hacemos precisamente esta pregunta: ¿Es necesario realmente hacer una operación bikini?
Esta experta en Nutrición subraya en primera instancia que no, ya que tenemos muy normalizado que el cuidar nuestra alimentación, nuestro peso, es sinónimo de restringir alimentos, de quitar determinadas comidas, o de ser rígidos con lo que vamos a comer.
"Si restringimos la comida los meses previos al verano, es decir, lo que hacen todas las dietas, se aumentará también esa inseguridad en nosotras, desconectaremos más de las señales de nuestro cuerpo, y cuando empezamos algo tan cerca de la fecha límite, que debe ser rápido o brusco, no conseguiremos lo que queremos ni nos aportará nada positivo", sostiene Fernández-Renau.
DELGADEZ NO ES SINÓNIMO DE ÉXITO
De hecho, lamenta esta idea generalizada de que para poder ponerte un bikini debes estar delgado, cuando esto no es así. Precisamente, en el libro afirma que la cultura de la dieta en la que hemos nacido es un conjunto de "creencias sociales, valores y normas que giran en torno a la búsqueda de la delgadez, y que su éxito o no depende en gran medida de la fuerza de voluntad de cada uno".
A su vez, esta dietista-nutricionista critica que uno de los principales problemas con las dietas es que siempre se ha asociado delgadez con éxito, cuando esto no es así y además cuando perseguir la delgadez tiene un coste: "Se nos impone esta idea de que la delgadez es la solución a todo, el objetivo principal de todo. Entonces, se nos van olvidando distintas cosas en el camino a conseguirla, como el número de alimentos que nos restringimos, algo que no es bueno para la salud física porque comemos menos de lo que necesitamos; ni tampoco es algo positivo para la salud mental porque todo lo que nos restringimos nos apetece más. Entonces, de cada dieta que hacemos salimos más inseguras, con más miedo hacia la comida, y con peor relación con la comida. Por eso buscar esa delgadez nos deja un poco peor".
EL CUERPO EN MODO SUPERVIVENCIA
Ante una dieta, según prosigue, nuestro cuerpo desconoce por qué le estás dando menos energía de la habitual e intenta "protegernos", activa el "modo supervivencia" y recurre a algunos mecanismos fisiológicos, hormonales, y metabólicos para hacer frente al déficit calórico.
En primer lugar dice que se reduce el metabolismo basal, es decir, las calorías que quema para que funcionen los órganos vitales entre un 10-25%, con el objetivo de conservar esa energía que ve que le están quitando, al mismo tiempo que disminuye la termogénesis por actividad, de manera que te moverás menos sin darte cuenta.
"El cuerpo, en un intento de ahorrar la mayor energía posible disminuirá los movimientos inconscientes o espontáneos como caminar, gesticular, o moverse. Adicionalmente, el cuerpo también hará la digestión de los alimentos con mayor eficiencia, y consumirá menos calorías en el proceso", sostiene. Es por ello, según asegura, por lo que cada vez que volvemos a comer de una forma normal al terminal la dieta volvemos a ganar el peso perdido.
Pero es que también, según continúa Julia Fernández-Renau, se producen una serie de cambios hormonales si nos ponemos a dieta, como que disminuye la leptina, que es la hormona de la saciedad, producida en el tejido graso, y se reduce el apetito: "Por eso, al perder grasa y comer menos aumentará el hambre y disminuirá el gasto energético. Pero después, la grelina, que es la hormona que se produce en nuestro estómago vacío y responsable de que tengamos hambre se activará igualmente y tendremos más hambre. Al final, como tu cuerpo está en modo alerta vas a sentir más la hormona del hambre, va a estar todo el rato intentando que comas, porque nunca comerás suficiente y te costará más sentir la hormona de la saciedad y quedarte satisfecha y saciada".
EL SISTEMA DE RECOMPENSA
Pero no queda ahí todo porque, como el cuerpo busca maneras en las que hacerte comer, reactiva con más fuerza el sistema de recompensa, y responde el cerebro con más intensidad a las señales de comida, y por eso somos más sensibles a olores, a los pensamientos en alimentos, a los antojos.
Además, señala que la corteza prefrontal, clave en el autocontrol y en la toma de decisiones, reduce su actividad ante el déficit calórico provocado por la dieta y esto dificulta mucho la restricción e incrementa la probabilidad de comer cosas que no comemos normalmente.
Igualmente, apunta a una alteración en los neurotransmisores, experimentando tal y como cuenta en el libro una bajada en la serotonina, o hormona de la felicidad, lo que en el fondo nos causará una mayor ansiedad, irritabilidad, y bajo estado de ánimo; al tiempo que se producen cambios en la dopamina, que conllevará una búsqueda compulsiva de alimentos. En última instancia, Julia Fernández-Renau resalta que hacer dieta cambiará nuestro comportamiento y nuestra relación con la comida.