El único sentido que casi no envejece: así puedes entrenar tu olfato y proteger tu cerebro

Archivo - Mujer oliendo una rosa.
Archivo - Mujer oliendo una rosa. - YULIYA TABA/ISTOCK - Archivo
Infosalus
Publicado: sábado, 28 marzo 2026 7:59

   MADRID, 28 Mar. (EDIZIONES) -

   En un contexto en el que el envejecimiento suele asociarse a la pérdida progresiva de los sentidos, el olfato rompe las reglas. Lejos de deteriorarse de forma irreversible, este sentido cuenta con una capacidad única en el organismo: sus neuronas se regeneran cada pocas semanas.

   De hecho, es el primero en desarrollarse y uno de los últimos en perderse. Pero su importancia va mucho más allá de detectar olores: está directamente conectado con la memoria, con las emociones, y con la forma en la que interpretamos el mundo. Es más, el olfato no sólo es el sentido que mejor resiste mejor el paso del tiempo, sino que además puede entrenarse, lo que abre una puerta inesperada para cuidar la salud cerebral a lo largo de la vida.

   “Como todos los sentidos, el olfato puede ir a menos con el paso del tiempo, con el envejecimiento. Eso sí, el olfato en este sentido es el que menos problema tiene porque el epitelio olfativo cada 40-60 días lo renovamos. Además, si lo enriqueces, practicas con olores, esa regeneración continúa, es decir, que puedes entrenar tu olfato. Es el primero que surge y el último que se pierde, pero si se entrena el olfato tardas más en perderlo porque existe todavía esa regeneración neuronal, a pesar de que seas un anciano”, subraya durante una entrevista con Europa Press Salud Infosalus Laura López-Mascaraque, presidenta de Red Olfativa Española, así como una de las referentes en el estudio del olfato de nuestro país.

CÓMO FUNCIONA EL OLFATO

   La también profesora de investigación en el Centro de Neurociencias Cajal (CSIC) explica el funcionamiento del olfato para comprender mejor todo este proceso: “Para que olamos algo debe haber moléculas volátiles a nuestro alrededor, que viajan hasta nuestra raíz, de forma que cuando respiramos son reconocidas por el epitelio olfativo, las únicas neuronas que hay fuera del cerebro, situadas en la parte de arriba de la nariz".

   Indica que cada receptor puede responder a moléculas muy específicas, y esta información que se recoge aquí en la neurona pasa dentro del cerebro, al bulbo olfativo, donde ocurre la primera organización de la información.

   A diferencia de otros sentidos, según prosigue, el olfato va de forma direccional a las zonas del cerebro relacionadas con la emoción, con la memoria, y por eso se le llama el sistema límbico cerebro-emocional. “Esta información llega finalmente a las zonas corticales del cerebro, donde se interpreta si le gusta o no a la persona. Esa percepción no es sólo química, sino que estará modulada por la memoria, por el contexto, por la experiencia, por la genética, y también por eso un olor puede ser agradable para una persona pero para otra no”, mantiene López-Mascaraque.

EL OLFATO, “UN SENTIDO MUY PLÁSTICO”

   Eso sí, advierte de que no nos viene bien para preservar nuestro olfato el humo, el tabaco, la contaminación, los ambientes muy cerrados, por citar algunos, si bien reconoce que “nunca pensamos que esto nos pueda causar una hiposmia o bajada en el umbral olfativo”. De hecho, esta referente en el estudio del olfato mantiene que hay veces que no saboreamos las cosas, y subraya que esto no es cosa del gusto, sino del olfato.

   Revela con ello que el olfato “es un sentido muy plástico”, es decir, que no es fijo, sino que va a mejorar con la atención y con la práctica y no hace falta ser enólogo o perfumista, sino oler conscientemente el café, un perfume, el aire, por ejemplo, para ello. “Es necesario en este sentido un cambio de actitud y no pasar por la vida sin darte cuenta de que estás oliendo, sino oler con intención. Ésa es una buena fórmula para entrenarlo”, asevera, al tiempo que intentar asociar olores con experiencias.

POR QUÉ CADA UNO INTERPRETA LOS OLORES DIFERENTE

   Así, podemos compartir el mismo mundo de olores pero cada uno de nosotros lo percibe de una manera diferente, porque las emociones y nuestras experiencias también influyen y determinan cómo percibimos un olor.

   “Pero también tenemos un registro olfativo distinto, una genética y cantidad de genes que codifican el olfato que hacen que cada uno interprete de una manera los olores. Hay 400 genes en el olfato, muchísimos más que en los otros sentidos. De hecho, estos genes representan el 2-3% de todo el genoma humano y, por eso, la variabilidad es enorme y tenemos un registro olfativo cada uno de nosotros”, remarca.

   Nuestra incapacidad para detectar un determinado olor, según asegura también, no depende únicamente de la química, sino que también intervienen mecanismos propios del sistema olfativo, que ajusta su sensibilidad para no saturarse.

   Habla también de que la sensibilidad olfativa, además, no depende únicamente del número de receptores que poseemos, sino de cómo el cerebro interpreta la información que recibe y el hecho de que no percibamos un olor no significa que no exista.

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