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Lo natural, la etiqueta sin BPA y otros equívocos
MADRID, 1 Nov. (EDIZIONES) -
Con los disruptores endocrinos sucede que cada vez hay más evidencia científica que demuestra que determinadas sustancias químicas pueden interactuar con nuestro sistema hormonal. El problema es que por Internet y en las redes sociales circulan interpretaciones simplificadas o exageradas, e incluso incorrectas, que generan una confusión innecesaria en este campo.
Y es que ya desde hace décadas que se está estudiando las consecuencias de la exposición humana a sustancias con actividad hormonal, como es el caso de los disruptores endocrinos. “En un mundo donde miles de sustancias químicas forman parte de la vida cotidiana es fácil caer en dos extremos igualmente problemáticos: pensar que todo es peligroso o creer que nada merece la atención. La realidad se sitúa en un punto intermedio, ni todo químico es un enemigo, ni todo riesgo ambiental puede eliminarse por completo”, subraya en una entrevista en exclusiva con Europa Press Salud Infosalus a este respecto el pediatra y endocrinólogo infantil Diego López de Lara (@medicina_de_salon).
En su opinión, los disruptores endocrinos representan, en muchos sentidos, uno de los grandes retos de la Ciencia moderna. Así, incide en que no todo lo natural es benigno, ni todo lo sintético es peligroso, al mismo tiempo que “no todo riesgo es inevitable”, dado que podemos llegar a pensar que estamos rodeados por disruptores endocrinos y que es imposible ‘hacerles frente’.
Considera con ello este experto que comprender cómo interactúan ciertas sustancias con nuestro sistema hormonal (los disruptores endocrinos pueden alterar, imitar o bloquear nuestras hormonas) nos permite recuperar parte del control sobre nuestro entorno cotidiano y, aunque la discusión científica sigue abierta en muchos aspectos, el fenómeno dice que hoy en día “sí está ampliamente reconocido en la literatura científica”.
Precisamente, el doctor López de Lara acaba de publicar con Oberon ‘La amenaza invisible’, un manual en el que, entre otros puntos, hace hincapié sobre los principales mitos que hoy en día rodean a los disruptores endocrinos, y aquí le pedimos que nos seleccione los tres más importantes.
MITO 1: LOS DISRUPTORES ENDOCRINOS SÓLO AFECTAN A LAS NIÑAS
Esto no es cierto, tal y como aclara este endocrinólogo pediátrico, explicando que, aunque una parte importante de la conversación pública sobre los disruptores endocrinos se ha centrado en los estrógenos ambientales, y en fenómenos como la pubertad precoz, lo que ha llevado a la idea de que los efectos hormonales afectan principalmente a las niñas, esto no es 100% así puesto que el sistema endocrino regula múltiples procesos fisiológicos tanto en mujeres, como en el caso de los hombres.
De hecho, resalta que diversas investigaciones han explorado posibles efectos de ciertos contaminantes sobre distintos aspectos de la salud en ambos sexos, como el desarrollo testicular, la función tiroidea, la calidad espermática relacionada con la fertilidad en la edad adulta, el metabolismo energético, y el desarrollo neurológico; por lo que no sólo pueden afectar a las niñas.
Aquí, este especialista advierte sobre la creencia de que estas sustancias sólo afectan a la fertilidad masculina y femenina, subrayando que las hormonas participan en varias funciones fundamentales del organismo, como el crecimiento y el desarrollo infantil, el metabolismo energético, la regulación del apetito, la función tiroidea, la respuesta inmunitaria, y la maduración cerebral.
“Las sustancias capaces de interferir con la señalización hormonal pueden influir en distintos sistemas fisiológicos, más allá del ámbito reproductivo; por eso, las investigaciones actuales exploran la posible relación entre exposiciones tempranas a ciertos contaminantes y fenómenos como las alteraciones del neurodesarrollo, la obesidad infantil, cambios metabólicos, o alteraciones tiroideas”, mantiene.
MITO 2: TODO LO NATURAL ESTÁ LIBRE DE DISRUPTORES ENDOCRINOS
“Que un producto sea natural no significa directamente que siempre sea bueno, y que todo lo artificial sea malo. Se puede desarrollar una sustancia que no sea natural y sin efecto disruptivo desde el punto de vista endocrino, mientras que si hay sustancias naturales --como las isoflavonas de la leche de soja-- que sí tienen un efecto disruptivo, o bien por ejemplo el efecto estrogénico del árbol de té, asociado a ginecomastia prepuberal reversible. No son relaciones causales robustas, pero sí asociaciones. El arsénico, un conocido veneno, está en la naturaleza de forma natural y no por eso es bueno”, advierte López de Lara.
De ahí que incida en que la toxicidad de una sustancia no depende únicamente de su origen natural o artificial, sino de su estructura química, en qué dosis se produce la exposición, y en qué contexto biológico ocurre.
MITO 3: QUE PONGA BPA-FREE ES ENTONCES 100% SEGURO
Cuenta este pediatra especializado en endocrinología que, realmente, la etiqueta ‘BPA-free’ (libre de BPA) significa únicamente que no contiene bisfenol A, si bien esto no garantiza que el material esté libre de otras sustancias con actividad hormonal similar.
De hecho, López de Lara destaca que en muchos casos el BPA, un conocido disruptor endocrino presente sobre todo en los plásticos, ha sido sustituido por compuestos químicamente relacionados como BPS o bisfenol S, o BPF o bisfenol F, “unas moléculas que pertenecen a la misma familia química y que presentan estructuras parecidas”. Es más, sostiene que diversos estudios experimentales han mostrado que algunos de estos sustitutos también pueden interactuar con receptores hormonales, incluyendo receptores estrogénicos y tiroideos.
Así, señala que el hecho de que un producto sea ‘BPA-Free’ no significa que no contenga otros disruptores endocrinos, ya que un biberón con estas características puede liberar microplásticos si se calienta repetidamente, al tiempo que la tetina puede contener ftalatos utilizados como plastificantes, y los envases pueden liberar aditivos plásticos durante el uso.