Archivo - Semaglutida, Ozempic - MUNRO/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 10 Jul. (EDIZIONES) -
Hace apenas dos años el debate era si los agonistas del receptor GLP-1, los conocidos como fármacos antiobesidad, podían aumentar el riesgo de algunos tumores (especialmente el carcinoma medular de tiroides). Ahora la conversación científica ha girado hacia una pregunta casi opuesta: ¿Podrían los fármacos antiobesidad reducir el riesgo de algunos cánceres relacionados con la obesidad, o incluso mejorar su pronóstico? La evidencia, sin embargo, sigue siendo mayoritariamente observacional.
Los agonistas del receptor GLP-1 (semaglutida, liraglutida, tirzepatida y otros fármacos de esta familia), aprobados en 2005, se utilizan cada vez más para tratar la obesidad y la diabetes tipo 2. Sin embargo, en torno al año 2023 la discusión pública empezó a centrarse en si podían influir en el riesgo de desarrollar cánceres relacionados con la obesidad, tras varias advertencias regulatorias sobre tumores tiroideos observados en roedores, dudas sobre pancreatitis y cáncer de páncreas, así como la incertidumbre que podía rodearles por tratarse de medicamentos relativamente nuevos.
"Los resultados que se están obteniendo en varios estudios científicos refuerzan la idea de que los GLP-1 no sólo parecen seguros desde el punto de vista cardiovascular y metabólico, sino que incluso podrían aportar beneficios adicionales en la prevención de enfermedades relacionadas con la obesidad", subraya en este sentido durante una entrevista con Europa Press Salud Infosalus el dermatólogo y experto en medicina estética Ricardo Ruiz, fundador de la Clínica Dermatológica Internacional, del Hospital Ruber Internacional de Madrid.
De hecho, destaca que las ventajas de estos medicamentos antiobesidad están empezando a constatarse. Un metaanálisis realizado en casi 4 millones de pacientes y publicado en abril de este 2026 en 'Diabetes research and clinical practice', que revisó 24 estudios científicos sobre la materia, encontró una reducción del 30% del riesgo global de cánceres asociados a la obesidad, durante un periodo de hasta 10 años de seguimiento; una cifra nada desdeñable ante las dudas antes mencionadas de si estos fármacos podían ocasionar cáncer.
Concretamente, este trabajo científico observa disminuciones significativas en varios de los tumores cuya incidencia aumenta en personas con obesidad, como es el caso de:
* Cáncer colorrectal.
* Hepatocarcinoma.
* Cáncer pancreático.
* Cáncer de endometrio.
* Cáncer de esófago.
* Cáncer de vesícula biliar.
* Cáncer de ovario.
* Mieloma múltiple.
SON ESTUDIOS OBSERVACIONALES TODAVÍA
Así, y a raíz de esta acumulación de investigaciones en torno al empleo de los fármacos antiobesidad y el cáncer, desde el año pasado la literatura científica está empezando a virar y constata la posible reducción de determinados cánceres.
No obstante, sí debe quedar claro que, en el caso por ejemplo de este metaanálisis de 2026 publicado en 'Diabetes research and clinical practice', aunque es un estudio muy sólido desde el punto de vista epidemiológico, sigue siendo observacional. De hecho, los autores insisten en que no puede afirmarse todavía que los GLP-1 prevengan directamente el cáncer, y subrayan que sí son necesarios ensayos clínicos prospectivos para demostrar una relación causal.
Sobre este punto precisamente hace hincapié en otra entrevista con Europa Press Salud Infosalus el endocrino y médico experto en fármacos antiobesidad Cristobal Morales, del Hospital Vithas Sevilla: "Los datos son esperanzadores, pero son estudios observacionales, de manera que no se puede concluir científicamente que haya esa asociación entre una reducción de patología oncológica con el empleo de los GLP-1.No se puede establecer causalidad por el momento".
Sí recuerda como endocrino que está más que constatada la relación entre obesidad y cáncer, y que precisamente éste último representa una de las 260 complicaciones de salud que pueden derivarse de la obesidad. "Cuando influimos positivamente en ese exceso de peso, sobre todo de grasa, se disminuye la relación con la patología oncológica. Esto también lo sabemos", remarca el doctor Morales, que es miembro precisamente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO).
Por eso, insiste este experto, en que sí se sabe que puede darse una asociación entre el empleo de estos fármacos antiobesidad, y la reducción de los cánceres, pero no se conoce si es por el efecto de la pérdida de peso, o bien por el propio efecto del fármaco, que puede colaborar en la reducción de ese cáncer.
"En otros estudios científicos se constata por otro lado una disminución de la inflamación, por ejemplo, o del tejido graso que metabólicamente es muy activo en el cáncer, pero se trata también de estudios experimentales. Así que posiblemente sea la suma de ambos, pero aún no tenemos una exactitud cierta", aclara Cristobal Morales.
¿ENTONCES NO PROVOCAN CÁNCER LOS FÁRMACOS ANTIOBESIDAD?
Con todo ello, y volviendo al principio, durante años han existido dudas sobre la seguridad oncológica de algunos fármacos para la obesidad. Precisamente, acaba de salir publicado en la revista 'Annals of Oncology', otro trabajo científico que por primera vez analiza si los agonistas del receptor GLP-1 se asocian con un menor riesgo de cáncer en adultos con obesidad, pero sin diabetes.
"Se trata de una de las investigaciones más amplias realizadas hasta la fecha sobre esta cuestión. Encontró que el uso de agonistas GLP-1 se asociaba con una disminución significativa de la incidencia a corto plazo de cánceres relacionados con la obesidad. Es especialmente relevante porque elimina el factor de confusión de la diabetes", tal y como asegura el doctor Ruiz.
En concreto, en una muestra de 229.000 pacientes con obesidad y sin diabetes, se constató una reducción significativa de la incidencia de cánceres asociados a la obesidad entre los usuarios de GLP-1, con una reducción relativa del riesgo cercana al 41%. Los resultados fueron consistentes en hombres y en mujeres, en pacientes con distintos grados de obesidad, y con diferentes fármacos GLP-1 estudiados.
"La OMS los ha clasificado como 'fármacos esenciales para la humanidad', pero aconseja un uso responsable y con accesibilidad. Pero hay mucho ruido con ellos en redes sociales e Internet, de gente no especializada, que generan mucho miedo y desconfianza a pacientes vulnerables. Se ha metido miedo con tumores tiroideos, pancreatitis, y este estudio refuerza la seguridad de estos fármacos frente al posible desarrollo de patología oncológica. Bien usados y supervisado su uso por un médico especialista en fármacos antiobesidad podemos quedarnos bastante tranquilos al respecto. Estos fármacos se aprobaron hace 20 años, en 2005, entonces los datos de seguridad recabados hasta ahora de pancreatitis, o sobre tumores tiroideos, deben hacernos estar tranquilos al respecto", zanja el doctor Morales por su parte.
Este experto en fármacos de la obesidad, de Vithas Sevilla, recuerda además que en el reciente congreso de la Sociedad Americana del Cáncer (ASCO por sus siglas en inglés) precisamente uno de los temas más comentados fue éste, siendo un trabajo de la Cleveland Clinic de Estados Unidos uno de los más trabajados, que analizó datos de la práctica clínica real de 12.000 pacientes con 7 tipos de tumores sólidos relacionados con la obesidad, y comparó usuarios de GLP-1 frente a pacientes tratados con inhibidores DPP-4 (más conocidos como 'gliptinas', y empleados de forma oral para tratar la diabetes, no así la obesidad) tras el diagnóstico del cáncer.
En concreto, los resultados mostraron una reducción significativa del riesgo de progresión a enfermedad metastásica en cuatro tipos de cáncer -pulmón, mama, colorrectal e hígado-, con disminuciones del riesgo de entre el 38% y el 50%, sin detectarse un aumento de efectos adversos. Además, observaron que una mayor expresión del receptor GLP-1 en los tumores se asociaba con una mejor supervivencia global, lo que sugiere que esta vía biológica podría influir en la progresión tumoral.
Pero una vez más, los autores reiteran en la necesidad de mayores estudios retrospectivos basados en datos observacionales, por lo que no se demuestra una relación causal y será necesario confirmarlo mediante ensayos clínicos aleatorizados antes de considerar estos fármacos como una estrategia oncológica.