Archivo - Mujer mayor intentando dormir. - TATYANAGL/ ISTOCK - Archivo
MADRID 11 May. (EUROPA PRESS) -
Los microdespertares durante el sueño, debidos a problemas en la continuidad del mismo, pueden fragmentar el descanso y dificultar que el cerebro complete sus ciclos de forma estable, aunque se duerman entre siete y ocho horas, según la psicóloga de Blua de Sanitas, Silvia Mérida.
La especialista, en este sentido, ha explicado que los microdespertares que no se recuerdan reducen la sensación de recuperación al día siguiente, aunque "aparentemente se haya dormido del tirón".
Esto explica que haya personas que cumplen con las horas recomendadas y, pese a ello, se levantan cansadas, con sensación de saturación o dificultad para concentrarse al comenzar el día, ya que la duración del sueño no siempre refleja su calidad ni garantiza una recuperación mental real.
La psicóloga, además, ha indicado que la preocupación sostenida, la sobrecarga de tareas, el uso continuo de pantallas o la sensación de estar siempre disponible pueden mantener "un nivel de activación elevado incluso durante la noche".
De hecho, el 86,7 por ciento de la población española se despierta durante la noche y, en más de la mitad de los casos, lo hace varias veces, según el estudio Sanitas sobre la salud del sueño. Este tipo de fragmentación, junto con rutinas poco estables, horarios irregulares, exceso de estímulos antes de dormir o una carga emocional mantenida durante semanas, puede hacer que "el descanso resulte menos reparador".
IRRITABILIDAD, FATIGA MENTAL O LENTITUD AL PENSAR
Durante el sueño se consolidan recuerdos, se regulan procesos emocionales y se restablecen funciones cognitivas como la atención o la toma de decisiones, pero cuando este proceso se interrumpe o pierde calidad, pueden aparecer señales como irritabilidad, fatiga mental, lentitud para pensar o mayor dificultad para gestionar el estrés cotidiano.
Por su parte, la directora médica de Sanitas Mayores, Miriam Piqueras, ha comentado que con la edad, el sueño tiende a volverse más ligero y fragmentado, con más despertares y menor presencia de fases profundas, que son las más reparadoras.
"A esto se suman cambios en el ritmo biológico, enfermedades crónicas o el uso de determinados fármacos, factores que pueden hacer que el descanso sea menos eficaz, aunque se mantenga el tiempo total de sueño", ha añadido.
En este contexto, los expertos de Sanitas han recordado que cuidar la transición del sueño es esencial para favorecer un descanso más reparador. Por ello, dedicar los últimos minutos del día a "actividades calmadas" facilita que el organismo reduzca su nivel de activación. Rutinas sencillas, como leer o mantener una iluminación más tenue, ayudan a preparar ese cambio de forma progresiva.
Al mismo tiempo, el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse prolonga la activación mental y retrasa la desconexión, debido a que la interacción constante con el móvil o el ordenador mantiene al cerebro en modo de alerta, lo que puede dificultar el inicio de un sueño más profundo.
En cambio, acostarse y levantarse en horarios similares contribuye a que el organismo regule mejor su ritmo interno, ya que, cuando estos horarios varían de forma frecuente, el cuerpo pierde referencias y el descanso puede volverse "más irregular y menos reparador".
Por último, han recomendado introducir pausas durante el día para que el organismo llegue a la noche en mejores condiciones para descansar, porque el descanso nocturno no compensa por sí solo una jornada sin momentos de desconexión.