Archivo - Imagen de recurso de una cuidadora. - PEOPLEIMAGES/ ISTOCK - Archivo
MADRID 12 Ago. (EUROPA PRESS) -
La directora médica de Sanitas Mayores, Miriam Piqueras, ha advertido de que el cambio de rutinas, el calor y la menor disponibilidad de apoyos en verano intensifican la carga física y emocional de quienes cuidan a una persona mayor dependiente.
La experta afirma que para muchas personas que cuidan a un familiar mayor dependiente, especialmente cuando existe deterioro cognitivo o Alzheimer, las vacaciones no siempre suponen una pausa. La responsabilidad diaria continúa, pero cambia el entorno, se alteran las rutinas y pueden reducirse algunos apoyos habituales.
"En verano, muchas familias cambian de casa, viajan o reorganizan horarios, pero la persona cuidadora sigue pendiente de la medicación, la orientación, las comidas o los posibles cambios de conducta de su familiar. Esa vigilancia continua, aunque nazca del cariño, también consume energía física y mental. Reconocerlo no significa cuidar menos, sino cuidar de una forma más sostenible", explica Piqueras.
Según la especialista, el calor añade un factor clínico relevante. Las personas mayores, y más aún quienes presentan deterioro cognitivo, pueden tener más dificultad para identificar la sed, expresar malestar o adaptar su actividad a las temperaturas elevadas.
Esto obliga al familiar que presta apoyo a mantener una atención constante sobre la hidratación, el descanso y los posibles signos de descompensación. Cuando esa alerta se prolonga durante días, puede aumentar la fatiga del cuidador y dificultar una recuperación real.
Además, la sobrecarga no siempre se manifiesta de forma evidente. A veces aparece como irritabilidad, sueño poco reparador, dolores musculares, sensación de culpa al pedir ayuda o dificultad para disfrutar de momentos que antes resultaban agradables. También puede surgir una sensación de aislamiento, sobre todo si el resto de la familia entiende las vacaciones como un periodo de ocio mientras una sola persona mantiene el peso principal de la atención diaria.
Según el Estudio Sanitas Alzheimer 2025, los españoles identifican el agotamiento físico extremo, la tristeza o depresión y el estrés como las principales consecuencias a largo plazo para quien asume la mayor carga asistencial de una persona con esta enfermedad. En concreto, el 74,2 por ciento señala el agotamiento físico extremo, el 70,5 por ciento la tristeza o depresión y el 69,7 por ciento el estrés.
PLANIFICAR DESCANSOS REALES Y ANTICIPAR RELEVOS
Ante esta situación, los expertos de Sanitas Mayores recomiendan planificar el verano antes del desplazamiento. Conviene revisar qué cuidados son imprescindibles, qué riesgos pueden aparecer con el calor y qué apoyos estarán disponibles en el lugar de destino.
También se deben definir relevos concretos. Es recomendable acordar horarios cerrados para que el cuidador principal disponga de periodos reales de recuperación.
Además de mantener rutinas reconocibles, ya que, en personas con deterioro cognitivo, conservar horarios estables de sueño, comidas y actividad reduce la desorientación y facilita el acompañamiento diario.
Los expertos aconsejan proteger el descanso del cuidador. Dormir mal de forma continuada, comer de manera irregular o no disponer de tiempo propio son señales de que la organización necesita ajustes.
Por último es conveniente pedir apoyo profesional a tiempo. La ayuda domiciliaria, los centros de día, los programas de respiro y otros recursos especializados pueden contribuir a repartir la carga y facilitar periodos de descanso, aunque su impacto depende de la adecuación del recurso a las necesidades de la persona cuidadora y de la persona con demencia.
El estudio también refleja que las familias perciben esta necesidad de apoyo. La ayuda domiciliaria es el recurso más señalado por los encuestados, con un 74,1 por ciento; seguida de las residencias especializadas en el cuidado de personas con Alzheimer, con un 72,8 por ciento, y de la formación física y emocional para las familias, con un 71,6 por ciento. Además, el 82,8 por ciento considera que el cuidado profesional debe incluir apoyo psicológico para la familia desde el primer día.
"Cuidar también implica saber cuándo pedir respaldo. La ansiedad sostenida, la tristeza, los problemas de sueño o el dolor físico no deberían normalizarse como el precio inevitable de cuidar. Consultar a tiempo, también de manera telemática, permite orientar a la familia, ajustar recursos y evitar que la persona cuidadora llegue a un punto de agotamiento desde el que resulta más difícil recuperarse", añade por su parte el psicólogo de Blua de Sanitas, Pablo Ramos.