Archivo - Una gran familia feliz. Padre jugando con sus hijos. - SOLSTOCK/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 9 Ago. (EUROPA PRESS) -
Los factores de riesgo vascular en la mediana edad se asocian tanto con la demencia como con la muerte prematura; sin embargo, su asociación combinada con los años de supervivencia sin demencia aún no está clara.
La demencia plantea un enorme desafío clínico y de salud pública, con aproximadamente el 42% de los adultos de mediana edad que podrían desarrollar demencia a lo largo de su vida. La prevención es fundamental dada la limitada disponibilidad de terapias eficaces que modifiquen la enfermedad.
Mantener una presión arterial normal, no padecer diabetes y no fumar se asocia con vivir casi 13 años más sin desarrollar demencia, según un estudio dirigido por investigadores del estudio de Riesgo de Aterosclerosis en Comunidades (ARIC), y publicado en la revista Neurology Open Access, de la Academia Estadounidense de Neurología. Los investigadores subrayan, no obstante, que los resultados muestran una asociación y no demuestran que evitar estos factores de riesgo provoque directamente un retraso en la aparición de la enfermedad.
MÁS DE 12.000 PERSONAS SEGUIDAS DURANTE 26 AÑOS
El estudio incluyó a 12.409 personas con una edad media de 56 años que no presentaban antecedentes de demencia al inicio de la investigación. Los participantes fueron evaluados según tres factores de riesgo vascular relacionados con la demencia: hipertensión arterial, diabetes y tabaquismo, y fueron seguidos durante un promedio de 26 años.
Los investigadores definieron la hipertensión arterial como una presión superior a 140/90 mmHg o el uso de medicamentos para reducirla. Además, analizaron la presencia de diabetes y el hábito tabáquico como los otros dos factores de riesgo vascular relacionados con la demencia.
Durante el periodo de seguimiento, 3.008 personas desarrollaron demencia y 5.238 fallecieron sin haber desarrollado la enfermedad. Los resultados mostraron que quienes no presentaban ninguno de los tres factores de riesgo vivieron una media de 30,1 años sin demencia desde el inicio del estudio, frente a los 17,5 años de quienes presentaban los tres factores.
Los investigadores observaron que la diferencia alcanzaba casi 13 años entre ambos grupos, lo que, según los autores, respalda la importancia de prevenir los factores de riesgo vascular que aparecen durante la mediana edad como una posible estrategia para mantener la salud cerebral durante más tiempo.
"Nuestros hallazgos respaldan la prevención de los factores de riesgo que se desarrollan en la mediana edad como estrategia para retrasar la aparición de la demencia y mantener la salud cerebral. Encontrar maneras de prevenir o retrasar la demencia es crucial a medida que la población envejece y los tratamientos siguen siendo limitados", afirma Josef Coresh, autor del estudio y miembro de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York.
El trabajo también encontró diferencias según el sexo. Las mujeres vivieron más años sin demencia que los hombres independientemente del número de factores de riesgo, aunque ambos grupos mostraron una asociación entre una menor carga de factores vasculares y más años libres de demencia.
Asimismo, los participantes blancos presentaron más años sin demencia que los participantes negros en todos los niveles de riesgo analizados, una diferencia que los autores relacionan con distintos patrones de esperanza de vida y aparición de la enfermedad.
EL ESTUDIO RECONOCE SUS LIMITACIONES
Coresh señala que estos resultados apoyan la importancia de controlar la presión arterial, mantener niveles adecuados de glucosa y abandonar el tabaco durante la mediana edad. "Las personas con los tres factores de riesgo tenían más probabilidades de desarrollar demencia o morir a edades más tempranas por otras causas, lo que conllevaba una menor esperanza de vida y menos años con sus capacidades cognitivas y de memoria intactas", señala Coresh.
Los investigadores recuerdan que el estudio tiene limitaciones, entre ellas que los factores de riesgo solo se evaluaron en un momento concreto, por lo que no permite analizar cómo los cambios en estos hábitos o condiciones a lo largo del tiempo pueden influir en el riesgo de demencia.
Aun así, los autores consideran que los resultados refuerzan la importancia de las medidas preventivas para proteger la salud cerebral en una población cada vez más envejecida.