Archivo - Una mujer atlética en ropa deportiva con una cuchara medidora en la mano pone una porción de proteína de suero en polvo en una coctelera sobre una mesa de madera con cápsulas blancas de aminoácidos, plátanos y manzana. Creatina, colágeno - FARION_O/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 30 Jun. (EUROPA PRESS) -
En cualquier pasillo de suplementos de gimnasio, la creatina está presente, vendida en grandes cantidades a quienes buscan aumentar su masa muscular. Es uno de los compuestos más estudiados en la ciencia del deporte. Lo que mucha menos gente sabe es que el cerebro funciona con una química muy similar a la de los músculos, y que la energía que la creatina ayuda a proporcionar puede ser tan importante para la cabeza como para el cerebro.
Una exhaustiva revisión internacional liderada por la Universidad de Ottawa (Canadá) y publicada en 'Brain Medicine', plantea la relación entre este famoso compuesto y los mecanismos que regulan nuestro estado de ánimo.
Aunque la prudencia médica impera y el debate no ha hecho más que empezar, las primeras conclusiones abren una ventana fascinante a una nueva forma de entender la salud mental, conectando la energía física con los procesos químicos que sostienen nuestras emociones.
¿POR QUÉ LOS CIENTÍFICOS CREEN QUE LA CREATINA PUEDE INFLUIR EN LA DEPRESIÓN?
El equipo responsable de la revisión, liderado por Bassam Jeryous Fares de la Universidad de Ottawa, recopiló la literatura existente al respecto. Para ello, seleccionaron seis informes publicados que describían cinco ensayos controlados aleatorizados, el tipo de estudio en el que ni el paciente ni el médico saben quién recibió el compuesto real y quién un placebo.
Estos ensayos se habían llevado a cabo en cinco países: Corea del Sur, Estados Unidos, Brasil, Israel e India, y en total reclutaron a 238 participantes al inicio del estudio: 126 con creatina y 112 con placebo. La edad promedio era de 36 años. La mayoría de los participantes eran mujeres. Dos de los ensayos reclutaron exclusivamente mujeres.
Cuatro de los ensayos estudiaron el trastorno depresivo mayor. Otro estudió a personas con trastorno bipolar que estaban atravesando un episodio depresivo. Debido a las grandes diferencias en el diseño de los estudios, los autores no agruparon los datos en una sola estadística. En cambio, los resumieron de forma narrativa, dejando que cada ensayo hablara por sí mismo.
DOS ESTUDIOS APUNTAN A BENEFICIOS Y TRES NO ENCUENTRAN EFECTOS
Dos de los cinco ensayos, ambos derivados del mismo estudio de mujeres con trastorno depresivo mayor, hallaron un beneficio real. Cuando se añadieron cinco gramos de creatina al día al antidepresivo escitalopram, los síntomas depresivos disminuyeron más que con placebo tras ocho semanas.
El efecto fue considerable según los parámetros estadísticos habituales, con una d de Cohen de 1,13 en la Escala de Calificación de Depresión de Hamilton, y más mujeres alcanzaron la remisión. En otro ensayo, se combinó la creatina con la terapia cognitivo-conductual y se observó una disminución más pronunciada de los síntomas en un cuestionario estándar que la producida por la terapia más placebo.
Entonces el panorama se torna menos esperanzador. Los tres ensayos restantes no arrojaron resultados. Uno no observó ningún efecto de la creatina, a dosis de cinco o diez gramos diarios, en personas que ya no habían respondido a la medicación. Otro, que probó varias dosis en adolescentes, no halló diferencias con respecto al placebo.
El último analizó a personas con trastorno bipolar en un episodio depresivo y, de nuevo, no encontró ningún beneficio terapéutico. Peor aún, dos de esos pacientes bipolares que tomaban creatina desarrollaron hipomanía o manía, un claro recordatorio de que el mismo compuesto puede comportarse de manera muy diferente según el diagnóstico.
La lógica detrás de los experimentos no es descabellada. El cerebro es un órgano costoso, que consume energía a un ritmo desproporcionado a su tamaño, y la creatina ayuda a las células a regenerar el trifosfato de adenosina (ATP), la molécula que financia ese trabajo. Estudios en personas con trastornos del estado de ánimo han encontrado alteraciones en el metabolismo de la creatina en el cerebro, y se ha propuesto que la producción deficiente de energía es una de las causas de la depresión.
QUÉ PAPEL JUEGA LA CREATINA EN LA ENERGÍA DE LAS NEURONAS
La creatina también podría influir en las vías que regulan la dopamina y la serotonina, los neurotransmisores a los que se dirigen la mayoría de los antidepresivos. Los autores son cautelosos al respecto. Señalan que la relación entre la creatina cerebral y el estado de ánimo sigue siendo correlacional, no una relación de causa y efecto probada, y que la biología de la depresión tiene muchos factores interrelacionados.
"La señal es interesante, pero no es un veredicto", comenta Bassam Jeryous Fares, primer autor de la revisión y estudiante de la Facultad de Medicina de la Universidad de Ottawa. "Dos ensayos apuntaron en una dirección y tres en otra. Ese no es el tipo de evidencia que justifica un cambio en la práctica clínica. Es el tipo de evidencia que indica que la cuestión merece una mayor investigación".
Nicholas Fabiano, autor principal y residente de psiquiatría en la Universidad de Ottawa, plantea el trabajo como un punto de partida más que como una conclusión. "La creatina parece ser una intervención segura. Los efectos adversos que encontramos se limitaron a leves molestias gastrointestinales. Todavía no podemos afirmar con certeza que la creatina ayude con los síntomas depresivos, ni si los hallazgos son generalizables a toda la población".
Esta revisión no pretende zanjar la cuestión. Los autores señalan las limitaciones evidentes. Los ensayos fueron pequeños. La distribución por sexos fue desigual, ya que dos estudios incluyeron solo mujeres. La calidad varió: dos ensayos se consideraron con bajo riesgo de sesgo y tres generaron cierta preocupación, principalmente debido a la forma en que se asignó a los pacientes y cómo se manejaron los datos faltantes. Los autores recalcan que los hallazgos aún no son generalizables.
Lo que se pide es un trabajo más riguroso, con ensayos más amplios, de mayor duración, que superen las ocho semanas. Estudios que prueben la creatina junto con el ejercicio, y estudios que exploren dosis más altas, teniendo en cuenta que más no siempre es mejor.
"Incluso hay una pista tentadora en la investigación con animales, donde la creatina alteró el comportamiento similar a la depresión de manera diferente en roedores machos y hembras, lo que podría ayudar a explicar por qué los ensayos en humanos con mayor número de mujeres mostraron resultados más prometedores. Por ahora, la creatina sigue siendo una pista prometedora más que un remedio probado. La molécula que desarrolla músculo ha merecido una atención más minuciosa por parte de quienes estudian la mente", concluyen los autores.