Publicado 30/06/2021 10:14CET

El CNIC coordina 'Resilience', un proyecto diseñado para reducir la insuficiencia cardiaca en pacientes con cáncer

El director de Investigación Clínica en el CNIC, cardiólogo del Hospital Fundación Jiménez Díaz de Madrid y jefe de grupo en el CIBER de enfermedades cardiovasculares (CIBERCV), Borja Ibáñez
El director de Investigación Clínica en el CNIC, cardiólogo del Hospital Fundación Jiménez Díaz de Madrid y jefe de grupo en el CIBER de enfermedades cardiovasculares (CIBERCV), Borja Ibáñez - CNIC

MADRID, 30 Jun. (EUROPA PRESS) -

La Comisión Europea, a través del programa H2020 'Salud, Cambio Demográfico y Bienestar', ha designado al Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) como coordinador del proyecto 'Resilience', diseñado para desarrollar una nueva intervención médica destinada a reducir la prevalencia de la insuficiencia cardiaca crónica en los pacientes supervivientes de cáncer.

Las personas con cáncer constituyen una población vulnerable propensa a desarrollar complicaciones cardiovasculares. Se sabe que algunos tratamientos oncológicos pueden causar efectos cardiovasculares adversos.

Las antraciclinas son una clase de medicamentos muy eficaces frente a muchos tipos de cáncer, incluidos las diversas formas de linfoma, cáncer de mama, leucemia, melanoma, cáncer de útero y gástrico. Sin embargo, tienen un potencial efecto tóxico sobre el corazón que puede culminar en insuficiencia cardiaca crónica.

De los cuatro millones de nuevos casos de cáncer diagnosticados en Europa cada año, más de tres millones recibe antraciclinas (solas o en combinación). Datos recientes muestran que más del 35 por ciento de los pacientes que reciben antraciclinas desarrolla alguna forma de cardiotoxicidad.

Y es que, se estima que, en Europa, la prevalencia de insuficiencia cardiaca crónica secundaria a cardiotoxicidad relacionada con el tratamiento del cáncer es, aproximadamente, de un millón de personas. Por ello, tal y como han señalado los expertos, Europa necesita "nuevas soluciones innovadoras" para afrontar los principales desafíos sanitarios.

Entre ellos, los costes sanitarios asociados a la creciente prevalencia de enfermedades crónicas, como la insuficiencia cardiaca, y al envejecimiento de la población están amenazando la sostenibilidad de nuestros sistemas de salud.

En concreto, existe una población creciente de personas que han sobrevivido a un cáncer que tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Esto se debe a la presencia de comorbilidades comunes, pero también a los efectos residuales de la medicación que consiguió terminar con el cáncer. Además, debido a la mayor la supervivencia de pacientes con cáncer, este problema está tomando dimensiones importantes.

"Actualmente, hay dos grandes necesidades clínicas no resueltas en relación con la cardiotoxicidad asociada al uso de antraciclinas: la falta de terapias capaces de prevenir o curar esta condición, y la ausencia de marcadores específicos para identificar el problema en sus primeras etapas", ha detallado el coordinador del proyecto, director de Investigación Clínica en el CNIC, cardiólogo del Hospital Fundación Jiménez Díaz de Madrid y jefe de grupo en el CIBER de enfermedades cardiovasculares (CIBERCV), Borja Ibáñez.

En la iniciativa participan 11 socios de 6 países de la UE (España, Francia, Holanda, Portugal, Alemania, Dinamarca) que trabajarán juntos bajo la coordinación del CNIC, abordará estos dos desafíos con el objetivo de reducir la carga de enfermedades cardiovasculares en los supervivientes de cáncer.

Asimismo, en este proyecto participan tres instituciones españolas: CNIC (coordinador), Instituto de Investigación Sanitaria-Fundación Jiménez Díaz y el Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER). Estos 3 centros canalizan la participación de 12 hospitales nacionales: H. U. La Paz, H. U. Doce de Octubre, H. U. Puerta de Hierro Majadahonda, H. Clínico San Carlos, H. G. U. Gregorio Marañón-FIBHGM, H. U. Ramón y Cajal-FIBIO, H. Duran i Reynals-IDIBELL, H. U. Virgen de las Nieves de Granada, H. U. de Salamanca-IBSAL, H. Clínico U. de Valladolid, H. U. Virgen del Rocío Sevilla-FISEVI, además del citado Fundación Jiménez Díaz de Madrid.

El consorcio incluye expertos en cardiología, hematología, cardio-oncología e imagen médica procedentes de instituciones líderes y de renombre internacional con una amplia trayectoria en la participación en ensayos clínicos, tanto en el campo de la hematología como en el de la cardiología. Asimismo, están representados diferentes actores que intervienen en la atención de pacientes con cáncer: médicos, enfermería, tecnólogos, empresas de la industria de la imagen médica, sociedades científicas y, lo que es más importante, asociaciones de pacientes.

El proyecto ha recibido una financiación de 6 millones de euros para realizar un ensayo clínico aleatorizado que analizará el papel del 'precondicionamiento isquémico remoto' como una intervención capaz de prevenir el desarrollo de cardiotoxicidad inducida por antraciclinas. Con este objetivo, más de 600 pacientes diagnosticados con linfoma no Hodgkin (LNH) y que van a recibir quimioterapia con antraciclinas se reclutarán en 17 hospitales de los seis países de la UE.

Todos los pacientes serán asignados aleatoriamente a recibir 'precondicionamiento isquémico remoto' -una intervención que consiste en episodios breves y repetitivos de isquemia del brazo (inducida al inflar un manguito de presión arterial durante 5 minutos) seguidos de alivio de la presión- una vez a la semana durante los cuatro meses que dura la quimioterapia o a una intervención simulada, que sería el grupo control. La función cardiaca se evaluará durante todo el periodo que dure el estudio.

"Se ha demostrado que el precondicionamiento isquémico remoto es extremadamente eficaz para prevenir la cardiotoxicidad inducida por antraciclinas en grandes modelos animales de esta enfermedad. Este proyecto es la traslación de esta terapia a pacientes en riesgo de desarrollar complicaciones cardíacas", ha aseverado Ibáñez.

La hipótesis de este estudio es que las sustancias liberadas por el brazo en respuesta a esta intervención mecánica no invasiva llegan a diferentes órganos (el corazón en este caso) y los hacen más resistentes a daños, como la exposición a antraciclinas.

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