Archivo - Adolescente triste sentado en su cama después de consultar sus redes sociales en el móvil. - ANTONIO_DIAZ/ISTOCK - Archivo
MADRID, 10 Oct. (EDIZIONES) -
Las consultas de niños y de adolescentes por problemas de salud mental han aumentado de forma preocupante en los últimos años y, entre ellas, también las atenciones en Urgencias pediátricas por intoxicaciones intencionadas con finalidad suicida, especialmente a partir de los 11 años. Detrás de este incremento confluyen múltiples factores, desde la ansiedad, hasta la presión académica, y las dificultades para gestionar las emociones, los problemas familiares, las relaciones sociales, o el impacto de las redes sociales.
Así, los expertos advierten de que las autolesiones y las conductas suicidas están creciendo entre los jóvenes, y subrayan la importancia de identificar a tiempo cambios persistentes en el sueño, en el rendimiento escolar, en la alimentación, o en el comportamiento que pueden indicar que un adolescente está sufriendo y necesita ayuda.
Santiago Mintegui es pediatra del servicio de Urgencias de Pediatría del Hospital Universitario de Cruces de Bilbao y coordinador del observatorio toxicológico de la Sociedad Española de Urgencias Pediátricas (SEUP). Pone sobre la mesa durante nuestra charla con Europa Press Salud Infosalus que una realidad que ha crecido especialmente en estos últimos 10 años son las consultas de niños en los servicios de Urgencias con intoxicaciones con intención suicida.
SOBRE TODO A PARTIR DE LOS 11 AÑOS
“Sobre todo se ve en edades a partir de los 11 años, y se trata de un fenómeno que se ha visto en todo el mundo. Todo el mundo sabe que hay un incremento en la patología psiquiátrica en los menores y en los adolescentes”, reconoce este pediatra.
Para conocer las posibles causas de este fenómeno hablamos también con el presidente de la Sociedad de Psiquiatría Infantil (SPI) de la Asociación Española de Pediatría, con el pediatra, psiquiatra infantil y de la adolescencia y psicólogo Pedro Javier Rodríguez Hernández, quien coincide igualmente en que en los últimos años, muchos hospitales y servicios de urgencias pediátricas han detectado un aumento preocupante en las visitas de niños y de adolescentes que llegan tras haber ingerido medicamentos u otras sustancias con la intención de hacerse daño.
“Existen muchos factores sociales, emocionales, o familiares detrás de ese crecimiento”, tal y como afirma este experto, por lo que defiende que es importante conocerlos si queremos prevenir que la tendencia siga al alza. El aumento es más notable a partir de los 11 años, tal y como argumenta, porque hoy en día, los adolescentes viven en un mundo que exige mucho. “Los exámenes, el colegio, la presión de rendir en el deporte, o las expectativas familiares. Son muchos los adolescentes que sienten que deben abordar sus actividades con perfección y sin fallos. Eso genera ansiedad y estrés que, a veces, se acumula en límites difíciles de manejar”, recuerda.
Aquí mantiene el también especialista en el Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria (Tenerife), y profesor de Psiquiatría de la Universidad de La Laguna que, aunque las redes sociales son positivas en distintos aspectos, como en el hecho de favorecer la conectividad, el entretenimiento, o a la hora de ayudar en la educación, sí pueden trasmitir una sensación de necesidad de comparación y de que existan vidas perfectas a las que hay que intentar aproximarse. “Esto contribuye al incremento de la ansiedad. Una cuestión a tener en cuenta es la facilidad de acceso a información sobre sustancias tóxicas y cómo pueden producir intoxicaciones”, agrega.
Otros factores que han favorecido ese crecimiento, según prosigue el doctor Rodríguez, son el incremento de la depresión o de los trastornos de conducta, que pueden tener las intoxicaciones como una manera de expresar su sufrimiento o llamadas de auxilio: “Buscan que alguien note que necesitan ayuda. También seguimos viendo el efecto de la pandemia de COVID-19 en la salud mental de los jóvenes. El confinamiento, la pérdida de rutinas, la disminución de la socialización, y de las actividades que dan sentido a la vida de los adolescentes generaron mucha ansiedad, estrés, y depresión”.
Apunta también entre los posibles factores desencadenantes a las pautas de crianza, especialmente en familias donde se minimizan los problemas, se critican las emociones, o hay conflictos constantes. “En esta esfera aumentan el riesgo de conductas autolesivas”, avisa este psiquiatra infantil y de la adolescencia.
¿LOS NIÑOS TIENEN DEPRESIÓN?
En este sentido, preguntamos al presidente de la Sociedad de Psiquiatría infantil cuáles son los problemas de salud mental más frecuentes que observan en las consultas de psiquiatría infantojuvenil mencionando en primer lugar a la ansiedad. Dice que puede manifestarse con miedos intensos, nerviosismo constante, dificultades para dormir, cefaleas, o evitación de situaciones cotidianas, como no querer ir al colegio o al instituto.
Igualmente, habla de que la depresión en esta franja de edad también es frecuente: “En la infancia y en la adolescencia no siempre se presenta como tristeza. En estas edades puede aparecer irritabilidad, aislamiento, pérdida de interés por actividades que antes disfrutaban, sensación de vacío, o falta de esperanza respecto al futuro”.
También son habituales, según distingue este pediatra y psiquiatra, los trastornos del neurodesarrollo como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o el Trastorno del Espectro Autista (TEA): “En el TDAH existe poca capacidad para mantener la atención, controlar impulsos, y organizar tareas. En el TEA se observan patrones de dificultades en la socialización y una tendencia a tener intereses restringidos”.
Reconoce este doctor que también son frecuentes los trastornos del comportamiento, caracterizados por problemas para controlar la conducta, la agresividad, o conflictos frecuentes con las figuras de autoridad. “Los problemas que están creciendo más rápido son la ansiedad, las autolesiones, y las conductas suicidas. Cada vez hay más jóvenes que se hacen daño a sí mismos o que presentan ideas de muerte cuando se sienten desbordados emocionalmente. Detrás de esto suele haber un gran sufrimiento psicológico, dificultades para gestionar las emociones, y una sensación subjetiva de no saber cómo pedir ayuda”, asevera Pedro Javier Rodríguez Hernández.
SEÑALES DE ALERTA QUE NO DEJAR PASAR EN NUESTROS HIJOS
En muchas ocasiones, las señales de que existe algún problema de salud mental no son directas, según manifiesta este experto, e indica que, especialmente en el caso de los trastornos mentales, que son internalizantes (cuando el síntoma principal es el sufrimiento interior): “Mientras, en los trastornos mentales externalizantes predominan las dificultades conductuales, más observables; en el caso de los internalizantes es importante valorar los aspectos de la vida diaria. La alteración de alguno de ellos podría ser el inicio de un trastorno de ansiedad o depresión. Los más importantes son el rendimiento académico, los patrones de sueño, las características alimentarias, y la conducta diaria”.
Para diferenciarlos de conductas o de variaciones propias de la edad, lo fundamental considera que es observar la evolución, de manera que cuando esas variaciones de los parámetros del desarrollo son puntuales, lo más probable es que sean propias de la edad. “Sin embargo, si se cronifican habría que valorar la existencia de algún trastorno mental”, indica el doctor Rodríguez.
EL APOYO A TIEMPO ES FUNDAMENTAL
En este sentido, el presidente de la Sociedad de Psiquiatría Infantil destaca que la mayor parte de los niños y de los adolescentes que atraviesan problemas de salud mental pueden mejorar significativamente cuando reciben apoyo a tiempo: “Escuchar, validar lo que sienten, y facilitar el acceso a ayuda profesional son las herramientas más eficaces para prevenir que el malestar emocional se convierta en un problema más grave. Este es el mensaje más importante que hay que trasladar a las familias preocupadas por la salud mental de sus hijos”.
Además, no sólo hay que pensar en diagnósticos y tratamientos, según prosigue, subrayando que la mejor estrategia no cosiste únicamente en atender los problemas cuando aparecen, sino en crear entornos que ayuden a prevenirlos. “La salud mental de los más jóvenes se construye cada día en casa, en el colegio, en el barrio, y en la sociedad en general. Una de las primeras cosas que pueden hacer las familias es aprender a escuchar. Los niños y adolescentes necesitan sentir que sus emociones importan. Con frecuencia, los familiares adultos minimizan sus preocupaciones porque parecen pequeñas comparadas con lo problemas de la vida real. Pero para ellos son reales. Cuando se sienten escuchados y comprendidos se establecen importantes factores de protección”, mantiene este doctor.
De hecho, manifiesta este psiquiatra infanto juvenil que los vínculos familiares también son fundamentales, el que sientan que su entorno familiar está disponible emocionalmente. “Compartir tiempo de calidad promueve el bienestar emocional”, agrega.
Otras variables significativas son la estimulación de hábitos saludables y del pensamiento crítico en la utilización de redes sociales, aportar oportunidades de actividades deportivas y ocio saludable y, como sociedad, disminuir factores de riesgo y vulnerabilidad como la pobreza, la violencia, el acoso escolar, o la exclusión social. “Y, por supuesto, necesitamos sistemas sanitarios capaces de responder cuando surgen dificultades. Muchas familias encuentran barreras para acceder a la atención especializada que requieren, o deben esperar demasiado tiempo para recibir ayuda. La inversión en salud mental infantil y de la adolescencia no debe considerarse un gasto superfluo sino una inversión en el futuro de la sociedad”, concluye Pedro Javier Rodríguez Hernández, pediatra, psiquiatra Infantil y de la Adolescencia y psicólogo.