Archivo - Pareja comiendo en la cocina. Felices, felicidad, reír - STUDIO4/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 26 Sep. (EUROPA PRESS) -
Comer es mucho más que ingerir alimentos. Alrededor de una mesa también compartimos conversaciones, gestos y la presencia de otras personas, una interacción cotidiana que podría tener efectos que van más allá de nuestro estado de ánimo.
Un nuevo estudio de la Universidad Hebrea de Israel ha analizado qué ocurre en el organismo cuando afrontamos una comida o determinadas situaciones en compañía de alguien cercano. Los investigadores han encontrado una conexión entre las relaciones sociales y varios mecanismos básicos de regulación del cuerpo.
Publicado en 'Science Advances', revela que los niveles de glucosa en sangre después de una comida son más bajos cuando se come en compañía que cuando se come solo. Tras la misma comida estandarizada con carbohidratos, los participantes experimentaron picos de glucosa menores y una recuperación más rápida de la glucosa en compañía.
El profesor Shir Atzil y la estudiante de doctorado Monia Masalha de la Universidad Hebrea, junto con el doctor Shai Fuchs del Centro Médico Sheba (Israel) denominan a este principio 'fisiología social': el cuerpo humano se regula de forma más eficiente en presencia de interlocutores sociales.
"Antes pensábamos que el cuerpo era un sistema aislado que se autorregulaba", expone el profesor Shir Atzil. Sus hallazgos demuestran que la fisiología humana es inherentemente social. "Estar cerca de un ser querido reduce la energía física que el cuerpo gasta en autorregularse. Esto nos brinda un beneficio metabólico directo al estar juntos y revela una razón evolutiva fundamental por la que los humanos formamos vínculos: nuestros cuerpos funcionan mejor en conjunto", añade Atzil.
"La regulación del azúcar en sangre no depende solo de lo que comemos, sino también de con quién comemos. Nuestras relaciones desempeñan un papel biológico activo en nuestro bienestar físico", apunta el investigador.
EL EFECTO BENEFICIOSO VA MÁS ALLÁ DE LA GLUCOSA
El efecto se extendió más allá del nivel de azúcar en sangre. La proximidad social también mejoró la regulación de la temperatura durante la exposición al frío y redujo las respuestas de estrés en adultos y bebés. Los beneficios se observaron incluso sin contacto físico y no se explicaron por una reducción del estrés. En experimentos previamente registrados, la evidencia sugiere que la fisiología social es un principio general de la fisiología humana.
El estudio constó de cuatro experimentos y los investigadores probaron esta hipótesis en varios estudios preregistrados:
- Glucosa: 108 adultos realizaron una prueba tras consumir 50 g de carbohidratos, unas veces solos y otras junto a su pareja. La respuesta de glucosa fue menor y se recuperó antes cuando estaban acompañados. El área bajo la curva (iAUC) se redujo aproximadamente 14,6% dentro de las mismas personas.
- Termorregulación: 116 adultos fueron expuestos a una habitación a 12 °C. La respuesta de la temperatura de la piel fue menor y la recuperación más rápida en presencia de la pareja. La reducción del iAUC fue de aproximadamente 6,8% dentro de los participantes.
- Respuesta al estrés: 115 adultos recibieron un estímulo eléctrico leve. La activación simpática medida mediante conductancia de la piel fue aproximadamente 1,9% menor en compañía, aunque el efecto dentro de cada individuo fue más débil y no alcanzó significación estadística bilateral.
- Bebés: 56 bebés fueron sometidos a un estímulo auditivo aversivo estando solos o junto a su madre. La respuesta simpática fue aproximadamente 2,6% menor cuando estaban con ella.
POR QUÉ ESTAR CON ALGUIEN PODRÍA AYUDAR AL CUERPO A REGULARSE
Los hallazgos ofrecen una nueva forma de comprender la conexión humana. Las relaciones no solo pueden sustentar la vida emocional de las personas, sino que también pueden ayudar a regular los sistemas más básicos del cuerpo.
Los investigadores recalcan que la cercanía social no sustituye la atención médica, la nutrición ni el ejercicio. Sin embargo, el estudio señala un factor importante y a menudo ignorado en la salud: las personas que nos rodean.
El estudio no demuestra definitivamente el mecanismo. Los autores consideran varias posibilidades:
Amortiguación de amenazas: la presencia de una persona de confianza podría reducir la necesidad del organismo de responder defensivamente.
Alostasis: el cerebro podría utilizar información social para anticipar mejor las demandas fisiológicas y regularlas de manera más eficiente.
Corregulación física: el contacto o el intercambio de calor entre personas podría contribuir, especialmente en la termorregulación.
Seguridad y apego: las relaciones cercanas podrían proporcionar un contexto fisiológico de seguridad.
Sin embargo, el efecto no desapareció al controlar el estrés ni el contacto físico, por lo que los autores concluyen que ninguno de estos factores explica por sí solo los resultados.
Los investigadores advierten de que estos experimentos muestran cambios fisiológicos agudos y modestos, pero no demuestran que estar acompañado prevenga enfermedades o produzca beneficios para la salud a largo plazo. El trabajo sí plantea, no obstante, que la presencia de personas cercanas podría formar parte de los factores que intervienen en la regulación cotidiana del organismo.