Publicado 07/09/2021 08:29CET

¿Sabías que la digestión puede durar hasta 10 horas?

Archivo - Digestión. Intestino.
Archivo - Digestión. Intestino. - SOLSTOCK/ ISTOCK - Archivo

   MADRID, 7 Sep. (EDIZIONES) -

    La digestión en nuestro día a día es un proceso complejo pero muy importante porque gracias a ella obtenemos la energía que nuestro cuerpo necesita. Dependiendo de lo que comamos puede tener una u otra duración.

Entrevistamos en Infosalus a un referente en Aparato Digestivo, el doctor Carlos Martín de Argila, del Servicio de Gastroenterología del Hospital Universitario Ramón y Cajal (Madrid), quien recuerda en primera instancia que la digestión es un proceso fisiológico muy elaborado y complejo en el que intervienen distintos órganos del cuerpo humano y que consiste en la transformación de los alimentos y/o líquidos que ingerimos por la boca en nutrientes elementales, que sirvan al organismo para crear energía y así poder realizar distintas funciones esenciales para la vida.

   "La digestión comienza desde el momento en que introducimos alimentos y/o líquidos en la boca, y puede decirse que finaliza con la expulsión por el ano en formas de heces de aquellos restos alimentarios que no somos capaces de utilizar", aclara el también profesor asociado de Medicina.

   Según concreta, el proceso de la digestión es lento y tarda varias horas: "Su duración es variable, dependiendo del tipo y de la composición de los alimentos que ingiramos. Es más largo para los alimentos sólidos y más corto para los alimentos líquidos o semilíquidos. Por tanto, no se puede decir con exactitud el tiempo de la digestión".

   Así, puntualiza que para una dieta mixta de alimentos sólidos y líquidos, el proceso total de la digestión puede durar 6-10 horas; mientras que la duración del proceso de la digestión en el estómago dependerá de la composición de los alimentos ingeridos: si predominan los hidratos de carbono unas dos horas, sin predominan las proteínas entre 2-4 horas, siendo más largo (más de 4 horas) si predominan las grasas.

¿BAÑARSE DESPUÉS DE COMER?

   Preguntado sobre el verano y la creencia de que se debe o no guardar la digestión para bañarse, el doctor Martín de Argila sí mantiene que es conveniente no bañarse en agua fría inmediatamente después de la comida, sobre todo tras comidas más o menos copiosas: "Todo el proceso de la digestión necesita que gran parte de la sangre de nuestro organismo 'riegue' todos los órganos involucrados (estómago, intestino, páncreas e hígado)".

   Explica que al bañarnos en agua fría, la diferencia de temperatura del cuerpo con el agua hace que los vasos sanguíneos se contraigan para llevar menos sangre y evitar que ésta no se enfríe excesivamente.

   "Ello provoca que llegue menos sangre a órganos vitales de nuestro organismo (cerebro, corazón) y que además que se redistribuya gran parte de la sangre que se estaba destinando al proceso de la digestión. Esta redistribución rápida de sangre puede provocar que la digestión se detenga, produciendo lo que se denomina 'un corte de digestión', con síntomas de náuseas, vómitos y malestar abdominal, y un menor aporte de sangre al cerebro puede condicionar mareos e incluso la pérdida del conocimiento", describe.

CONSEJOS PARA UNA BUENA DIGESTIÓN DE LOS ALIMENTOS

   A la hora de facilitar el proceso de la digestión, el experto del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid sostiene que debemos tratar de comer los alimentos sólidos en trozos pequeños, masticarlos adecuadamente en la boca antes de tragarlos, y acompañarlos de abundante agua que facilite su movilización y mezcla durante todo el proceso de la digestión.

   "La composición de los alimentos también influye. Si bien es cierto que la dieta debe ser variada, se debe evitar un exceso en grasas, puesto que son los alimentos que requieren más duración del proceso de la digestión", aprecia.

   En el caso de las indigestiones, el especialista en Aparato Digestivo remarca que estas se pueden producir por diferentes motivos, como por ejemplo alimentos mal masticados, dietas con exceso de grasa, o la ingesta de poca agua con los alimentos. "Estos factores requieren de una duración más larga de todo el proceso de la digestión y por tanto puede producir síntomas de mala digestión (saciedad precoz, náuseas, vómitos y dolor abdominal). La ingestión de alimentos contaminados o mal conservados son otra causa recuente de indigestiones", subraya el doctor.

EL PROCESO DE LA DIGESTIÓN

   Así con todo, este referente en Aparato Digestivo describe los pasos de los que se compone la digestión, incidiendo en que su comienzo se sitúa en la boca, donde se trituran los alimentos más grandes que ingerimos gracias a las piezas dentarias, transformándolos en trozos más pequeños que permitan, por un lado, su paso a través del esófago hasta el estómago, y por otro facilitar la acción de su descomposición en unidades más pequeñas.

   Además, en la boca existen las glándulas salivares, que producen la saliva, según aprecia: "La saliva lleva una serie de compuestos que intervienen en la primera fase de la digestión. Entre ellos destacan el bicarbonato que neutraliza el pH ácido de ciertos alimentos, la lisozima que es una sustancia antimicrobiana que destruye ciertas bacterias contenidas en los alimentos, y la amilasa salival que comienza la digestión de los hidratos de carbono".

   El doctor Martín de Argila precisa que tras este primer proceso, el alimento es vehiculizado por la lengua y otros músculos de la garganta hacia el esófago que hace de tubo de unión entre la boca y el estómago.

    "Cuando el alimento ingerido llega al estómago comienza la fase de la digestión más importante: el estómago hace de cavidad para almacenar durante tiempo gran cantidad de alimentos y produce una elevada cantidad de ácido clorhídrico que al disminuir el pH a niveles muy bajos se encarga de descomponer gran parte de la comida ingerida y, además, destruye la mayoría de los múltiples microorganismos (bacterias, virus y hongos) que ingerimos acompañando a los alimentos y líquidos que comemos", detalla.

   A su vez, menciona que este órgano produce sustancias esenciales para la absorción de vitaminas, al tiempo que tiene una musculatura potente que crea unas contracciones que sirven para mezclar el alimento con todas las secreciones, acabando de formar una especie de papilla que se denomina 'quimo'. "Una vez formado el quimo, las propias contracciones del estómago lo propulsan hacia la porción más proximal del intestino delgado o 'duodeno', en donde se produce la siguiente fase de la digestión", prosigue.

   Seguidamente, dice que el páncreas vierte en el duodeno bicarbonato, agua y una serie de proteínas esenciales para la digestión de los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas de los alimentos.

   "El hígado, a través de la bilis almacenada en la vesícula biliar, vierte también en el duodeno importantes sustancias encargadas de la digestión y de la absorción de las grasas. Tras este proceso complejo, los alimentos ya descompuestos en sus partículas más pequeñas junto con el agua se absorben a través de las paredes del intestino delgado, pasando a la sangre la cual los vehicula a las distintas partes del organismo para que las células los utilicen para crear energía y poder realizar sus distintas funciones", describe el doctor.

   En última instancia, el experto del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid añade que los restos de los alimentos que no se han podido digerir por este proceso son propulsados por el intestino delgado hacia el intestino grueso, donde se absorbe gran cantidad del agua y de los electrolitos que llegan con el quimo no digerible, haciendo a este material más sólido, comenzándose así la formación de las heces.

   "Esta materia sólida que forma las heces es transportada por el colon llegando al recto, en donde se almacenan hasta que la persona considera, a través de proceso de la defecación, que es el momento de expulsarlas al exterior", concluye.

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