Archivo - Ayuno intermitente. - ROSENDO SERRANO VALERA/ ISTOCK - Archivo
MADRID 29 Jul. (EUROPA PRESS) -
Los resultados de un pequeño ensayo clínico de la Universidad de Rutgers (Estados Unidos) sugieren que podría ser posible reducir el riesgo de demencia comiendo durante menos horas al día. El estudio piloto, que incluyó un programa de pérdida de peso para mujeres mayores con sobrepeso u obesidad, mostró mejoras cognitivas moderadas en aquellas que limitaron su ventana de alimentación diaria en lugar de simplemente reducir su ingesta calórica.
"Perder peso por sí solo previene parte del deterioro cognitivo relacionado con el envejecimiento, y estos datos sugieren que puede haber beneficios adicionales si se deja de comer 4 horas antes de acostarse y se reduce la ingesta de alimentos a 8-9 horas al día, en comparación con la ventana de alimentación habitual de 12 horas al día", declara Sue Shapses, profesora de la Universidad de Rutgers y del Centro Médico Rutgers-RWJ, e investigadora principal del estudio.
La enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia se han vuelto más frecuentes a medida que la población envejece, y las mujeres y las personas con sobrepeso u obesidad tienden a tener una mayor probabilidad de desarrollar estas afecciones. La dieta y otros factores del estilo de vida se han relacionado con el riesgo de demencia, pero pocos estudios han examinado si la modificación de estos factores puede reducir dicho riesgo.
En el ensayo, presentado en NUTRITION 2026, la reunión anual más importante de la Sociedad Estadounidense de Nutrición, participaron 47 mujeres de entre 50 y 79 años con sobrepeso u obesidad. A todas las participantes se les recomendó reducir su ingesta calórica en 500 calorías diarias.
A veintiséis participantes se les pidió que limitaran su tiempo de alimentación a menos de 9 horas al día, mientras que el resto mantuvo un horario habitual de aproximadamente 12 horas diarias. En el grupo con restricción horaria, las participantes generalmente comían solo entre las 10h y las 18h, con un promedio de 8,2 horas diarias para comer, en comparación con las 12,3 horas diarias de promedio entre quienes mantuvieron el horario habitual.
Tras seis meses, los participantes habían perdido, en promedio, unos 7 kilos, una cantidad similar en ambos grupos. En comparación con los participantes que mantuvieron una ventana de alimentación de 12 horas, aquellos que consumieron alimentos solo durante 8 o 9 horas al día mostraron mejoras significativas en las pruebas de planificación espacial y resolución de problemas al finalizar el programa de pérdida de peso.
También mostraron una tendencia a cometer menos errores en las pruebas de memoria y aprendizaje, pero no se observaron diferencias significativas en el rendimiento en las pruebas de multitarea o tiempo de reacción.
"La restricción horaria de la alimentación tuvo un efecto moderado en la mejora de la planificación espacial y la resolución de problemas, así como en la reducción de errores relacionados con la memoria y el aprendizaje", añade Shapses. "Estos resultados sugieren una mayor capacidad para recordar información durante las tareas cotidianas y una reducción de los errores relacionados con la memoria, la atención y la resolución de problemas. La reducción del tiempo de alimentación predijo mejoras más significativas".
Los investigadores señalaron que se necesitarían más estudios para confirmar los hallazgos en un grupo más amplio de participantes. También planean investigar los mecanismos que podrían explicar los posibles beneficios de la alimentación con restricción horaria, como las interacciones entre el ritmo circadiano, las vías de detección de nutrientes, la inflamación y la salud metabólica.