Archivo - Comida de otoño, lentejas. - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / TREXEC - Archivo
MADRID, 24 Feb. (EDIZIONES) -
Con el invierno el cuerpo debe adaptarse a menos horas de luz, y a las bajas temperaturas para mantener su equilibrio interno, y para que todo nuestro organismo siga funcionando correctamente. Nuestro cuerpo está constantemente adaptándose para mantener siempre nuestra salud a punto.
"Hay que pensar que cada estación del año cambia la luz, temperatura, todo cambia y formamos parte de la naturaleza, aunque se nos olvida, y necesitamos lo que va apareciendo en cada momento. En verano el cuerpo, las células, nos piden buenas vitaminas, minerales, antioxidantes, hidratación; y es entonces cuando aparecen los alimentos con colores. Pero el invierno pide más calor, alimentos más energéticos, y que nos hagan defendernos de las bajas temperaturas y hay que hacer caso a nuestro cuerpo", defiende en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus el doctor Jesús Vázquez, médico especialista en Nutrición y dietética, experto en nutrición celular activa, y miembro fundador de la Sociedad Española de Medicina Bioinmunogenética Celular.
Por eso, defiende que "no podemos comer igual en verano o en invierno", recordando también que hay épocas del año, como el otoño, donde lo que nos pide el cuerpo es 'limpieza' para prepararnos para la estación extrema, que es el invierno. "Aquí es donde el hígado es el protagonista para limpiar el cuerpo y prepararlo para la estación siguiente".
ENERGÍA RÁPIDA Y DE RESERVA
En 'Un año para cuidarte' (Penguin Random House), un libro que este doctor ha escrito junto con su hija Martina Vázquez, que es dietista-nutricionista, y con la que está al frente de @nutri.vazquez en Instagram, recuerda que en invierno necesitamos más calor en nuestro interior y por eso elegimos alimentos más calóricos, con más grasa y carbohidratos, que nos aportan energía rápida y de reserva.
"Esto lleva a un aumento importante del metabolismo para mantener la temperatura interior, lo que supone de nuevo una mayor oxidación en esta época del año por la necesidad que surge en la producción de calor interno", asegura.
EL PROBLEMA DE LA OXIDACIÓN
¿Cuál es el problema de la oxidación en este sentido?, le preguntamos. Nos explica que en épocas de frío hay un mayor consumo de energía y, por tanto, "un trabajo metabólico brutal" para mantener la temperatura.
"Si nuestro cuerpo detecta que hace más frio prioriza determinados órganos y deja más de lado el pelo, las uñas, o la piel, por ejemplo, al tiempo que tenemos las manos más frías, se cierra nuestra circulación para conseguir mantener el calor dentro. (...) Pero como toda fabrica tiene sus residuos, en este caso metabólicos, que son capaces de oxidar, es decir, de hacer algo de daño al cuerpo, y de mandar señales, tipo 'ojo que estoy trabajando demasiado'", subraya.
Aquí advierte el doctor Vázquez que los peróxidos o radicales libres son buenos en pocas dosis, pero si producimos demasiados producimos oxidación y empezamos a estropear la membrana de nuestras células, de forma que éstas dejan de comunicarse igual entre ellas porque están ligeramente dañadas. "Es necesario limpiar un poco mejor, hidratarnos, y comer alimentos con antioxidantes en invierno", asevera este experto.
Aconseja en este punto el consumo de alimentos ricos en antioxidantes, con polifenoles o vitamina C, grasas sanas que aporten resolvinas antiinflamatorias (derivadas de los omega-3), y protegerse lo suficiente del frío para minimizar del daño del estrés.
NECESITAMOS MÁS VITAMINA D
Aparte, resalta que en invierno hay una menor exposición al sol, de ahí que nuestros niveles de vitamina D estén bajos, a pesar de que se trata de una hormona esencial para el correcto funcionamiento de nuestras células de defensa, los linfocitos T, necesarios para una respuesta adecuada contra los patógenos.
Menciona aquí alimentos como los pescados azules, la yema del huevo, los lácteos enriquecidos, los mariscos, las setas, y los hongos. "Las vitaminas C, D, y A, junto con minerales como el zinc y el selenio, actúan sobre el crecimiento y la maduración de los linfocitos, las células que reconocen y son capaces de eliminar los patógenos", agrega.
Apuesta también por un mayor consumo de alimentos que "son capaces de depurar mejor", como las alcachofas, las acelgas, o las espinacas, que en épocas frías ayudan al hígado a que trabaje mejor.
Los carbohidratos en invierno son importantes, son la fuente de energía básica y fácil, "pero no hay que caer en el exceso, ni caer en los de absorción rápida, como el azúcar", tal y como defiende. Dice sí al consumo de arroz integral, de patata, de legumbres, de verduras, así como las grasas saludables, buenos aceites y pescados, sin abusar de la carne roja, para contar con un sistema inmune preparado para defendernos de los virus estacionales. "Si seguimos el ritmo de naturaleza en nuestra alimentación es sencillo estar más sano", concluye.