Archivo - Closeup of unrecognizable woman putting some sugar into her coffee. She's having a tea spoon of sugar packed in a little bag. Blurry people in background. - GILAXIA/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 4 Mar. (EUROPA PRESS) -
Cada vez que eliges entre una bebida con azúcar o una “light”, tu cerebro ya está tomando partido antes del primer trago. Lo que esperas saborear pesa tanto como la cantidad de azúcar que contiene.
Un equipo de Oxford, Cambridge y Radboud ha demostrado que las expectativas pueden alterar el placer que sentimos al beber algo dulce, revelando que el poder del sabor podría estar más en la mente que en la boca.
Es posible modificar el grado de disfrute de las bebidas con azúcar o edulcorantes artificiales manipulando las expectativas previas sobre ellas, según demuestra una investigación conjunta de la Universidad de Oxford, la Universidad de Cambridge (ambas en Reino Unido) y la Universidad de Radboud (Países Bajos). Este trabajo se publica en 'Jneurosci'.
CUANDO LO DULCE ENGAÑA AL CEREBRO
Los investigadores examinaron a 99 adultos sanos con un promedio de 24 años de edad, seleccionando a aquellos con percepciones similares del azúcar y los edulcorantes artificiales. Los participantes reportaron en gran medida que les gustaban los edulcorantes artificiales tanto como el azúcar, pero los investigadores encontraron que podían alterar el placer de las bebidas manipulando las expectativas de las personas. Cuando los participantes creían falsamente que estaban bebiendo una bebida que contenía edulcorantes artificiales, disfrutaban menos de las bebidas que contenían azúcar.
Por el contrario, cuando las personas esperaban falsamente que las bebidas contuvieran azúcar, esta expectativa aumentó su disfrute de los edulcorantes artificiales, lo que coincidió con una mayor activación de un área cerebral relacionada con la recompensa.
EL PLACER DEL SABOR, SEGÚN EL CEREBRO
En palabras de Margaret Westwater, de la Universidad de Oxford: "Esto podría significar que esta área del cerebro, el mesencéfalo dopaminérgico, procesa un aumento de nutrientes o calorías de los sabores dulces, lo que respalda el trabajo con roedores que muestra que esta región del cerebro es importante para la búsqueda de azúcar".
Según los investigadores, este trabajo enfatiza la importancia de la expectativa en los correlatos conductuales y neuronales relacionados con el procesamiento de lo dulce. Westwater profundiza en las posibles implicaciones para las intervenciones dietéticas, afirmando: "Si enfatizamos que las alternativas alimentarias más saludables son 'ricas en nutrientes' o tienen 'mínimos azúcares añadidos', esto podría generar expectativas más positivas que usar términos como 'dieta' o 'bajo en calorías'.
Esto podría ayudar a las personas a alinear sus elecciones alimentarias con la preferencia calórica del cerebro, a la vez que promueve un cambio de comportamiento". Si bien Westwater reconoce que esta información no es nueva en el ámbito clínico, espera que los hallazgos de este estudio influyan en la forma en que los investigadores neurocientíficos abordan la dieta y los hábitos alimentarios.