Archivo - Mujer con una ilustración en su abdomen de intestinos con bacterias coloridas. Microbiota, microbioma - SOLSTOCK/ ISTOCK - Archivo
MADRID 25 Sep. (EUROPA PRESS) -
La microbiota intestinal podría influir en la salud y la función muscular, una conexión que está siendo investigada en el contexto del envejecimiento y que cobra especial interés en las mujeres a partir de la menopausia, según explica la doctora Mar Sánchez Somolinos, jefa de la Unidad de Microbiota de Clínica Neogenia.
Entre los microorganismos que se investigan en esta relación se encuentra 'Roseburia inulinivorans', cuya posible relación con el músculo ha ganado interés tras investigaciones recientes. Un trabajo publicado en 'Gut' ha encontrado una asociación entre una mayor presencia de 'R. inulinivorans' y mejores indicadores de función muscular en humanos, mientras que los experimentos en animales apuntan a posibles efectos sobre la fuerza y el metabolismo muscular.
La especialista señala que estos resultados no permiten hablar de una "bacteria del músculo", sino que contribuyen a comprender que el ecosistema intestinal puede participar en procesos que hasta hace pocos años no se relacionaban directamente con la microbiota.
"Lo interesante no es pensar que hemos encontrado 'la bacteria del músculo', porque sería una simplificación. Lo relevante es que este tipo de investigaciones nos ayudan a entender que el ecosistema intestinal puede participar en procesos que hasta hace pocos años no relacionábamos directamente con la microbiota", señala la doctora.
El músculo es un tejido metabólicamente activo que participa, entre otras funciones, en la utilización de la glucosa y en el metabolismo energético. Mantener una adecuada masa y función muscular contribuye además a conservar la movilidad, el equilibrio y la autonomía, por lo que su cuidado debe comenzar antes de que aparezcan problemas asociados a la edad.
"El músculo es un patrimonio de salud. Tener una buena función muscular significa disponer de una mayor reserva funcional para afrontar el envejecimiento, una enfermedad o un periodo de inactividad. Por eso debemos cuidarlo durante toda la vida y no empezar a preocuparnos por él cuando ya hemos perdido fuerza", explica la especialista.
En este sentido, Sánchez Somolinos recomienda una alimentación variada en verduras y hortalizas, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas, que aporte diferentes tipos de fibra y sirva de sustrato a distintas bacterias. En el caso de R. inulinivorans, destaca su capacidad para utilizar carbohidratos fermentables como la inulina y otros fructanos, presentes en alimentos como ajo, cebolla, puerro, alcachofa o espárragos.
No obstante, recuerda que en personas con gases, hinchazón, síndrome de intestino irritable u otros trastornos digestivos, estas recomendaciones deben individualizarse, porque un aumento brusco de determinadas fibras fermentables puede incrementar los síntomas.
La especialista subraya asimismo la importancia de preservar directamente la función muscular mediante actividad física y, especialmente, entrenamiento de fuerza, acompañado de una alimentación que cubra adecuadamente las necesidades energéticas y proteicas.
En las mujeres, la llegada de la menopausia representa un momento especialmente relevante, ya que los cambios hormonales se suman al propio proceso de envejecimiento y pueden favorecer modificaciones en la composición corporal. "La menopausia no debería abordarse únicamente desde los sofocos, el aumento de peso o la salud ósea. Tenemos que incorporar el músculo a la conversación", destaca.
A su juicio, la investigación deberá determinar hasta qué punto intervenir sobre bacterias concretas puede contribuir a preservar la función muscular. Mientras tanto, la especialista considera que cuidar el intestino, alimentarse adecuadamente y mantener el músculo activo son estrategias complementarias para afrontar el envejecimiento.