Archivo - Pareja cenando - BERNARDBODO/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 3 Ene. (EDIZIONES) -
Hay un refrán español que dice que 'desayuno de reyes, comida de príncipes, y cenas de pobres'. Necesitamos nuestra mayor aportación energética por el día, partiendo de un buen desayuno, de una buena comida; pero también del aporte nocturno, en el que no gastamos, y por eso debe hacerse a partir de cenas ligeras.
No sólo la cantidad de lo que comemos es importante, sino que también es un gran determinante para nuestro peso la hora a la que comamos. Así lo afirma Josep Tur, catedrático de Fisiología de la Universidad de las Islas Baleares y jefe del Grupo de investigación en CIBEROBN, quien señala que los seres humanos somos "animales de costumbres", con una vida muy organizada, y que estamos adaptados a nuestro medio ambiente, al ciclo día-noche, por lo que los horarios nos marcan nuestra actividad diaria.
"Tenemos todo nuestro organismo que está diseñado por relojes biológicos. Hay uno central que nos marca los periodos de actividad diaria y nocturna (hipotálamo), de manera que nuestro organismo adapta las señales biológicas, como las hormonas u otras moléculas, para que tengamos una actividad plena en el periodo diurno", defiende.
LAS HORAS MÁS BENEFICIOSAS PARA COMER
Destaca que la toma de alimento debe realizarse en el momento más activo, por ese reloj circadiano interno del ser humano, que determina ese ciclo de vigilia y de sueño que hemos contado. "En los últimos 10 años, y sobre todo en los últimos 5, han visto la luz trabajos científicos que demuestran que, hay unas horas más beneficiosas que otras para comer.
De manera que un desajuste de horario en cuanto a las tomas de alimento no es bueno, tal y como argumenta el doctor Tur, porque nos altera el metabolismo y puede llevarnos a un acúmulo de grasa, o bien nos puede permitir ser mucho más activos, y no engordar tanto.
CUIDADO CON LA ALTERACIÓN DE LOS HORARIOS
Por eso, insiste este investigador del CIBEROBN que aquellas personas hacen turnos tienen una mayor tendencia a ganar kilos porque en ellos se provoca un desajuste en su 'metabolismo horario', y tienen que vigilar más la alimentación que toman.
"Lo más recomendable siempre es que sigamos unas pautas de horarios a lo largo del día. Si tienes turnos, el tipo de alimentación es idóneo que siga siendo lo más parecido a tu horario natural de mañana o noche, y no hagas cenas copiosas, o comidas copiosas en el periodo nocturno; vete adaptando a esos cambios, y la alimentación te ayudará", sostiene Tur.
Dice que un ejemplo de esto que estamos diciendo es cuando tomamos un avión para cruzar el Océano Atlántico, o bien cuando vamos hacia Asia, en ambos casos cambiando de huso horario: "Pues bien, en esos viajes, al acercarse al punto de destino te van ofreciendo aquella toma de comida más próxima o característica del lugar y hora donde aterrizarás. Es una forma de ir adaptándonos ya al cambio horario y de la necesidad de seguir ese orden cronológico para ajustar nuestros relojes internos".
CUIDADO CON CENAR TARDE
Precisamente, la doctora en Farmacia, nutricionista, y máster en salud pública por la Universidad de Harvard, y catedrática de Nutrición en la Universidad de Murcia Marta Garaulet, nos advierte en otra entrevista con Europa Press Salud Infosalus que "cenar tarde tiene mucho que ver con la diabetes y con la propensión a que suba el azúcar en sangre".
Alerta de que si cenamos durante nuestra noche biológica (el momento en el que tu cuerpo considera que es ya de noche, una hora antes de irte a la cama aproximadamente, la melatonina (la hormona del sueño) estará a niveles altos, algo que favorecerá una mala secreción de la insulina, de manera que subirá el azúcar con lo que comamos. "Esto es porque no estamos hechos para comer durante nuestra noche biológica", afianza esta especialista.
Recuerda así la publicación en 2022 de un estudio científico en la revista científica 'Diabetes care', donde precisamente se pone de evidencia que cenar tarde puede perjudicar la tolerancia a la glucosa, especialmente si coincide con niveles altos de melatonina; un efecto que se debe, en gran medida, a una disminución en la secreción de insulina. "Además, el estudio refuerza la idea de que el horario de las comidas es tan importante como el tipo de alimentos para prevenir alteraciones metabólicas", insiste esta experta.
Con ello, indica Garaulet que cenar al menos dos horas y media antes de irte a la cama es lo idóneo siempre, para que no coincida la melatonina con la subida de azúcar de después de cenar. "Esto le pasa a la mayor parte de la gente, pero en especial a aquellas personas con una variante genética especifica, que posee un 40% de la población, que se da en el receptor 1 de melatonina", precisa la catedrática de Nutrición de la Universidad de Murcia.