Archivo - Intolerancia a la lactosa , leche - JELENA STANOJKOVIC/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 30 Jun. (EDIZIONES) -
Durante años, la leche ha pasado de ser uno de los alimentos más recomendados por los expertos a convertirse en el blanco de numerosas corrientes 'wellness' y de gurús de las redes sociales que la señalan como innecesaria, inflamatoria, o incluso perjudicial para la salud.
Sin embargo, la Ciencia cuenta una historia muy distinta. De hecho, alrededor del 90% de los europeos posee una adaptación genética que le permite digerir la lactosa durante toda la vida, una singularidad evolutiva que fue clave para la supervivencia de generaciones enteras en un continente marcado durante siglos por la escasez alimentaria, por la falta de luz solar, y por las carencias nutricionales.
Así, y lejos de ser un alimento prescindible, la leche continúa siendo una de las fuentes más completas y accesibles de calcio, de proteínas de alto valor biológico, de vitamina B12, y de otros nutrientes esenciales para mantener unos huesos fuertes, favorecer el desarrollo muscular, y prevenir problemas como la osteoporosis.
Pero, ¿es cierto que la mayoría de los adultos son intolerantes a la leche? ¿Cuánta deberíamos consumir realmente? La traumatóloga y divulgadora científica Inés Moreno Sánchez (@latraumatologageek) desmonta algunos de los mitos más extendidos sobre este alimento y reivindica su papel en la salud ósea a lo largo de toda la vida.
UNA MUTACIÓN GENÉTICA CLAVE EN EUROPA
Explica durante una entrevista con Europa Press Salud Infosalus, con motivo de la publicación de 'Homo Imperfectus' (Espasa), que el 90% de la población europea presenta una mutación genética 'LCT-MCM6', concebida a lo largo de la Historia de nuestro continente y por el que podemos digerir leche sin problema.
"Europa era un desastre nutricional. El clima era impredecible, inviernos largos, suelos pobres en calcio y la diferencia a lo largo de la Historia fue beber leche o morir. A alguien se le ocurrió que beber leche de otro animal que no fuera humano era buena idea, y con la suerte de que no era sólo el calcio, sino que la matriz grasa de la leche es bastante saludable, así como rica en proteína. En Europa eso se unía con la falta de sol, y la mutación que permite beber leche de adultos está muy relacionada con el color de piel y una manera de saber si eres tolerante es que seas muy blanco de piel", asegura.
Eso sí, aunque los asiáticos tengan la piel muy clara también, nunca han bebido leche de vaca porque les parece asqueroso, tal y como reconoce esta divulgadora en redes sociales. "Resulta que los europeos éramos la anomalía genética. El 70% del planteaba en el siglo XIX funcionaba perfectamente bien sin leche después de la infancia. Cada civilización había encontrado su propia solución al problema del calcio. En el caso de China, diseñaron una dieta basada en vegetales de hoja verde (bok choy, col china o brócoli chino), etc y nunca necesitaron la leche", detalla.
Y es que durante siete mil años la leche fue el recurso más valioso para los habitantes de Europa. "Era la diferencia entre huesos rectos o piernas arqueadas. Entre sobrevivir al parto o morir con tu bebé atascado por una pelvis deformada. Entre morir a los 40 o a los 25 por hambre", asevera esta traumatóloga.
¿SOMOS INTOLERANTES A LA LECHE?
No obstante, aún a día de hoy, son muchas las personas que reconocen que les sienta mal la leche. El caso es que después del destete, donde la leche es nuestra principal fuente de nutrición, la producción de lactasa, una enzima que nos ayuda a digerir la leche, desciende, pero esta mutación genética en la historia nos ha llevado a los europeos a mantener el gen de la lactasa de por vida.
"Muchas personas que se autodiagnostican de intolerantes a la lactosa no lo son. Simplemente dejaron de beber leche y su cuerpo, como buen sistema eficiente, dejó de producir lactasa. Su producción es sustrato-dependiente, de forma que si no consumes leche de manera regular, tu intestino reduce la producción de la enzima porque no la necesita", afirma la doctora Moreno.
Pone el ejemplo en este punto de que las niñas que beben más de tres vasos de leche diarios crecen 0,28 centímetros más al año durante la infancia y la adolescencia. "Acumulado desde los 5 a los 18 años son 3,6 centímetros extra. (...) Actualmente le estamos dando un trato absurdo a la leche, cuando los españoles y europeos somos una minoría de la población mundial que como adultos podemos beber leche, y es que la evolución nos ha hecho así", insiste esta traumatóloga.
Los que beben leche, según defiende, tienen huesos más densos, sus fracturas óseas se curan más rápido. "La diferencia entre un intolerante genético a la leche y uno por desuso es que el segundo puede recuperar la función reintroduciendo la lactosa de forma progresiva, empezando por pequeñas cantidades, como un cuarto de vaso de leche al día, de forma que tu intestino, según continúa en el libro, empieza a producir más lactasa. En dos semanas puedes tolerar medio vaso. En un mes, un vaso entero sin problema", indica.
Y esto es parecido al músculo, según asegura Inés Moreno: "Si no lo usas, se atrofia; pero si vuelves a entrenarlo se recupera. Los verdaderos intolerantes genéticos, como el 90% de asiáticos orientales, africanos subsaharianos, o indígenas americanos, nunca produjeron lactasa adulta. Y aquí no importa cuánta leche beba, ya que su genética no les permite fabricar la enzima".