Una experta defiende incluir los insectos en la dieta debido a su valor nutricional

Archivo - Imagen de recurso de un hombre decidiendo comerse un insecto.
Archivo - Imagen de recurso de un hombre decidiendo comerse un insecto. - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / KOLDUNOVA_ANNA
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Publicado: viernes, 30 enero 2026 13:12

MADRID 30 Ene. (EUROPA PRESS) -

La investigadora del CSIC en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN-CSIC), Ligia Esperanza Díaz, ha defendido reconsiderar el papel de los insectos comestibles en la dietas debido a su valor nutricional en un contexto de cambio climático y aumento poblacional.

"Los insectos pueden aportar proteínas de alta calidad, grasas saludables, vitaminas y minerales y deberíamos reconsiderar seriamente su potencial en el futuro de nuestras dietas, especialmente ante los desafíos ambientales y alimentarios que enfrentamos como especie" ha apuntado Díaz, que ha coordinado un libro de divulgación que explica el valor nutricional de los insectos y su potencial.

Desde el CSIC destacan que Europa es, probablemente, el continente donde menos presentes están los insectos en la alimentación. Sin embargo, aproximadamente en la mitad de los países del mundo, la mayoría en regiones tropicales, existen culturas que los incluyen en su dieta. Hay una gran variedad -se han documentado 2.100 especies de insectos comestibles- y se ha demostrado que son una interesante fuente de nutrientes.

En 2013, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) publicó un informe que destacaba el potencial de los insectos comestibles para la seguridad alimentaria y la protección del ambiente. Y desde entonces ha aumentado de manera exponencial la investigación sobre su cría, que es uno de los principales retos.

"Una comprensión detallada de todas las etapas de producción primaria junto con la aplicación rigurosa de prácticas de higiene y bioseguridad, resulta esencial para garantizar alimentos seguros y de alta calidad. Esto allanará el camino hacia una adopción más amplia de la entomofagia", señala Díaz, que espera que la producción de insectos comestibles se consolide como un componente clave de los sistemas alimentarios del futuro.

VALOR NUTRICIONAL

El CSIC resalta que los insectos comestibles son fuente de fibras, vitaminas (del grupo B, así como A, D y E) y minerales, como el calcio, el potasio o el magnesio. Pero sobre todo son una fuente de proteínas. Mientras que para la alimentación humana se aprovecha en torno al 50 por ciento de la masa corporal de carnes como el pollo, el cerdo o la carne de vacuno, de cualquier insecto se aprovecha el 80 por ciento. Su valor nutricional depende, eso sí, del tipo de insecto, su etapa de desarrollo, su alimentación y de cómo se cocina.

Los artrópodos han sido consumidos por muchas culturas a lo largo de la historia y actualmente, por ejemplo, proporcionan más del 50 por ciento de las proteínas de la dieta en algunos países de África Central. Entre las especies más populares destacan los escarabajos (31% del consumo de insectos) seguidos de las orugas. También son comunes las hormigas, avispas y abejas (14%), así como los ortópteros (13%).

Además de su valor nutricional, estos animales destacan por sus propiedades funcionales. Algunos trabajos de investigación han identificado moléculas con efectos antioxidantes y antiinflamatorios en algunas especies, lo que abre nuevas posibilidades.

LA INDUSTRIA ALIMENTARIA

Debido a su interesante perfil nutricional, los insectos aparecieron en el radar de la industria alimentaria hace ya unos años. Pero ha sido en la última década cuando se han incorporado, poco a poco, en las dietas occidentales. Detrás hay dos motivos principales: por un lado, la búsqueda constante para ofrecer productos nuevos y atractivos al consumidor, y, por otro, la sostenibilidad o el reto de alimentar a una población mundial que, según las estimaciones, alcanzará en 2050 los 9.000 millones de habitantes.

Además, industria alimentaria también los ve como una fuente prometedora de biopolímeros y, por tanto, como una alternativa a los plásticos derivados del petróleo en el envasado de alimentos. Su interés reside no solo en su origen renovable, sino en la posibilidad de consumirlos junto al alimento y en que son fácilmente biodegradables.

Un ejemplo de ello es la quitina, un polisacárido que está presente en el exoesqueleto de los artrópodos. Tras un proceso químico, este material se convierte en biodegradable, no tóxico y con propiedades antimicrobianas y antioxidantes. Todas estas características lo convierten en un candidato ideal para su uso en la fabricación de recubrimientos comestibles en el envasado de alimentos. Otra vía de investigación son las ceras producidas por insectos como recubrimientos hidrofóbicos de alimentos capaces de actuar contra la humedad y ayudar en la conservación de productos frescos.

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