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MADRID, 12 Feb. (EUROPA PRESS) -
Un estudio ha revelado que el orujo de uva, el subproducto que queda tras la elaboración del vino, tiene un enorme potencial como ingrediente funcional con claros beneficios para la salud intestinal, además de contribuir a la sostenibilidad ambiental.
La investigación ha sido realizada por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), en colaboración con el Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Clínico San Carlos (IdISSC); el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (ICTAN-CSIC) y el Instituto de Tecnología de Alimentos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET, Argentina).
Así, el estudio demuestra que la combinación de fibra dietética y polifenoles presentes en el orujo de uva tiene un efecto sinérgico, mucho más potente que si se consumieran por separado. Esta fórmula natural puede ser clave para proteger el tejido intestinal y optimizar el metabolismo celular, lo que lo convierte en un ingrediente "único y altamente efectivo", han remarcado desde la UCM.
La investigación, que se llevó a cabo con ratas sanas en condiciones controladas, sustituyó un 5% de la fibra convencional de su dieta por fibra antioxidante proveniente del orujo de uva durante cuatro semanas. Los resultados mostraron mejoras notables en la estructura del colon y la renovación celular, abriendo nuevas posibilidades para el desarrollo de alimentos funcionales que puedan beneficiarnos a todos.
En este sentido, se ha destacado que su consumo ayuda a mantener el equilibrio del colon sano, refuerza la barrera intestinal y regula la renovación celular, lo que lo convierte en un aliado ideal para quienes buscan mejorar su bienestar digestivo. Igualmente, más allá de sus propiedades en situaciones de enfermedad, también favorece la salud intestinal en condiciones normales, también contribuye a una microbiota equilibrada.
Los investigadores también han subrayado que este hallazgo tiene implicaciones no solo para la salud, sino también para la industria alimentaria, que podría aprovechar el orujo de uva para crear productos más saludables y sostenibles.
Así, al tratarse de un subproducto que normalmente se desecha en la producción del vino, su uso para elaborar ingredientes funcionales contribuiría a reducir el desperdicio y revalorizar materiales agrícolas, alineándose con los principios de la economía circular.
El siguiente paso será evaluar si el orujo de uva puede también proteger la barrera intestinal y mejorar las alteraciones metabólicas asociadas al síndrome metabólico, como la inflamación crónica o el estrés oxidativo.
Desde la UCM se ha subrayado que si estos estudios continúan arrojando resultados positivos, podrían abrir la puerta a nuevas estrategias nutricionales con beneficios preventivos y terapéuticos, ofreciendo una solución más natural y accesible para el cuidado de la salud intestinal.