Elevadas ingestas de grasa, colesterol y proteína al cenar provocan peor calidad del sueño y un desayuno menos saludable

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Publicado: lunes, 13 abril 2026 18:15

   MADRID, 13 Abr. (EUROPA PRESS) -

   Un equipo de investigadores de la Universidad de Granada (UGR) ha liderado un estudio que ha constatado que las cenas con una elevada ingesta de energía, grasa, colesterol, proteína, alcohol, carne roja y patatas fritas se asocian con una peor calidad del sueño esa misma noche en adultos con obesidad, lo que a su vez se vincula con hábitos menos saludables en el desayuno del día siguiente en estas personas.

   Este trabajo, que ha sido publicado en la revista especializada 'European Journal of Nutrition', ha analizado, por tanto, cómo se relacionan la alimentación y el sueño en el día a día de este colectivo. Con ello, también se ha mostrado que las cenas con una elevada ingesta de hidratos de carbono, pescado azul y aceite de oliva se relacionan con una mejor calidad del sueño posterior.

   La investigación se ha realizado en el marco del grupo de investigación 'PROFITH CTS-977', del Instituto Mixto Universitario Deporte y Salud (iMUDS), liderado por el catedrático Jonatan Ruiz Ruiz, en colaboración con el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN), el ibs.Granada y los hospitales universitarios Clínico San Cecilio y Virgen de las Nieves de la capital nazarí.

   "Analizar estas relaciones en condiciones de vida libre, fuera del laboratorio, permite acercarse mejor a la realidad cotidiana de las personas, donde intervienen múltiples factores simultáneamente", han indicado el investigador de este centro académico y primer autor del estudio, Juan José Martín Olmedo, y el también investigador de la UGR y autor sénior, Lucas Jurado Fasoli.

RELACIÓN BIDIRECCIONAL

   A juicio de ambos, "este enfoque aporta una visión potencialmente más generalizable del vínculo existente entre dieta y sueño". En este sentido, la investigación señala que despertarse más tarde se relaciona con una mayor ingesta energética en el desayuno, mientras que un sueño más interrumpido se asocia con una tendencia a consumir más azúcares y menos fibra en esa ingesta, por lo que hay una relación bidireccional entre alimentación y calidad del descanso.

   Para obtener estos resultados y evaluar el sueño de manera objetiva, los participantes llevaron un monitor de sueño -acelerómetro- durante 14 días consecutivos, mismo periodo en el que se evaluó la ingesta de alimentos, con especial atención a la cena y al desayuno. Así, los hallazgos obtenidos pueden ser de utilidad para el diseño de futuras estrategias para abordar la obesidad, incorporando no solo la composición de la dieta, sino también la calidad del sueño y sus horarios.

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