Dos neuronas contra la saciedad: la pista en moscas que podría explicar por qué seguimos comiendo

Archivo - Mosca de la fruta (Ceratitis capitata)
Archivo - Mosca de la fruta (Ceratitis capitata) - CARM - Archivo
Infosalus
Publicado: viernes, 30 enero 2026 7:11

   MADRID, 30 Ene. (EUROPA PRESS) -

Te ha pasado: terminas de comer, estás lleno… y aun así algo dentro de ti insiste. No es solo “falta de fuerza de voluntad”; a veces parece que el cerebro pone el piloto automático justo cuando tú crees que ya has decidido parar. Y en ese momento aparecen los antojos, la búsqueda de algo dulce o salado, o el clásico “solo un poquito más”.

Una nueva investigación se ha fijado en un sospechoso inesperado para entender ese impulso: la mosca de la fruta.

NO ES SOLO SABOR: ES ‘VALOR’ Y RECOMPENSA

Los científicos saben muy poco sobre la conexión entre el gusto y los sistemas del cerebro que determinan qué alimentos buscamos, aprendemos y recordamos. Un organismo inesperado podría tener las respuestas a por qué seguimos comiendo aun estando saciados, por qué preferimos los antojos de dulce o salado.

    En concreto, Lisha Shao, profesora adjunta del Departamento de Ciencias Biológicas de la Facultad de Artes y Ciencias, ha describe en un artículo publicado en 'Current Biology' una red neuronal en

    Una nueva investigación neurocientífica de la Universidad de Delaware (Estados Unidos) ha observado el cerebro de las moscas de la fruta para conocer el proceso de decisión del cerebro, minuto a minuto, sobre si vale la pena comer un alimento específico. "Nuestro objetivo es comprender cómo el cerebro asigna valor: por qué a veces comer algo es gratificante y otras veces no", define Shao.

    Aunque son del tamaño de la punta de un alfiler, los cerebros de las moscas de la fruta utilizan muchos de los mismos tipos de mensajeros químicos y componentes básicos que se encuentran en los mamíferos y los seres humanos, lo que hace que el trabajo sea una ventana útil a las reglas generales que utiliza el cerebro humano para comenzar a procesar las recompensas.

    Como nuestro comportamiento está determinado por nuestro cerebro, comprender qué circuitos neurológicos están involucrados al comienzo del sistema de recompensa permite a los científicos mapear todo el sistema y darles pistas sobre dónde pueden originarse conductas poco saludables, como los trastornos alimentarios.

    "La recompensa impulsa casi todo lo que hacemos", detalla Lisha Shao, profesora adjunta del Departamento de Ciencias Biológicas de la Facultad de Artes y Ciencias. "Si el cerebro asigna un valor incorrecto a algo -demasiado o muy poco-, el comportamiento se vuelve erróneo. Esto es la base de muchos trastornos neurológicos y psiquiátricos".

Los científicos saben desde hace tiempo cómo el cuerpo determina si un alimento es dulce, salado, amargo o umami (sabroso). Las neuronas de las papilas gustativas detectan los sabores y el cerebro les asigna esos significados predeterminados.

EL CONTEXTO LO CAMBIA TODO: LLENO, PERO AÚN TENTADO

    Pero el gusto es solo una parte de la historia. Lo que ha sido más difícil de explicar es cómo el cerebro interpreta el significado de un sabor: cómo un mismo alimento puede resultar gratificante en un momento y no al siguiente, según el contexto. Por ejemplo, desde una perspectiva evolutiva, el dulzor suele significar que un alimento es nutricionalmente importante para la supervivencia. Pero no siempre comemos cosas dulces, ni siquiera cuando las tenemos delante.

   "Si acabas de desayunar y estás lleno, dirás que no a una rosquilla. Pero eso no significa que las rosquillas no sean gratificantes. Significa que el cerebro está integrando el contexto, el estado interno y la experiencia pasada", ejemplifica Shao.

   Al igual que los humanos, las moscas de la fruta son sofisticadas en su forma de abordar la comida. No comen cuando están saciadas. En experimentos, el equipo de Shao descubrió que la activación de un par de neuronas -llamadas Fox por su aspecto similar al de las orejas de un zorro- en el cerebro de las moscas las hacía comer cantidades considerablemente mayores, incluso después de haber sido alimentadas.

    Los experimentos también demostraron que ciertas moscas elegían su alimentación según las necesidades de su cuerpo. Las hembras, que se estaban reproduciendo y necesitaban proteínas para producir huevos, preferían alimentos ricos en proteínas al azúcar. Los machos y las hembras no reproductivas consumían más de ambos alimentos, manteniendo así su equilibrio natural.

   En los humanos, comprender las conexiones neuronales que el cerebro utiliza para asignar valores a una experiencia puede ayudar a los científicos a comprender qué sucede cuando el sistema de procesamiento de recompensas no funciona correctamente. El resultado puede ser trastornos como la adicción, la anorexia o los atracones.

LAS NEURONAS ‘FOX’: EL INTERRUPTOR TEMPRANO DE LA DECISIÓN

    En el mundo acelerado y basado en la tecnología en el que vivimos, nuestros cerebros son bombardeados constantemente con nuevas experiencias, lo que nos dificulta asignar el valor correcto a cada una. "Nuestros cerebros evolucionaron para procesar recompensas naturales como la comida y la reproducción", incide Shao. "Pero ahora estamos rodeados de recompensas artificiales -un sinfín de videos cortos, comida procesada- que el cerebro nunca fue diseñado para procesar".

   Muchos tratamientos actuales para trastornos psiquiátricos y neurológicos se centran en los mensajeros químicos cerebrales, que a menudo incluyen la dopamina y la serotonina. Ambos ayudan al cerebro a regular el estado de ánimo y algunas funciones corporales. Los desequilibrios en cualquiera de ellos pueden causar problemas de salud mental. Los medicamentos buscan restablecer el equilibrio químico, pero actúan en el cerebro como una "sopa química", explica Shao.

    Si se considera que la dopamina está demasiado alta, intentamos reducirla en todos los niveles. Si se considera que la serotonina está demasiado baja, la aumentamos en todos los niveles. Ese enfoque, según la autora, ayuda a explicar por qué los medicamentos pueden tener efectos secundarios significativos y resultados inconsistentes.

   De esta forma, la investigación de Shao abre las puertas a la comprensión del alcance completo del sistema de procesamiento de recompensas y a la invención de tratamientos específicos y más seguros. "Si entendemos cómo se toman las decisiones a nivel de circuito. Estamos un paso más cerca de comprender por qué a veces salen mal y cómo solucionarlas. No se puede arreglar lo que no se entiende".

Contador

Contenido patrocinado