Archivo - Alimentación bebé. - DTURPHOTO/ ISTOCK - Archivo
MADRID 16 Jun. (EUROPA PRESS) -
Especialistas de la Unidad de Atención Temprana del Hospital Fundación San José han aseverado que las dificultades relacionadas con la alimentación en niños pueden enmascarar patologías, por lo que han instado a prestar atención a señales de alerta como problemas para masticar y tragar o el rechazo persistente a probar nuevos sabores y texturas y, ante ellas, acudir a consulta para una intervención precoz.
"Cuando aparecen dificultades relacionadas con la alimentación, una intervención temprana puede marcar una gran diferencia, no solo en la forma de comer del niño, sino también en su autonomía, su participación en las rutinas familiares y su bienestar emocional", ha destacado la coordinadora de la Unidad de Atención Temprana del Hospital Fundación San José, Ana Navarro.
Como han señalado los expertos del centro, aprender a succionar, masticar, aceptar nuevas texturas, utilizar cubiertos o participar en las comidas familiares son habilidades fundamentales para el desarrollo infantil que influyen directamente en la autonomía, la comunicación, la participación social y el bienestar emocional de los niños.
En este sentido, han advertido que muchas dificultades alimentarias pueden confundirse con comportamientos propios de la edad o atribuirse erróneamente a una fase pasajera. Sin embargo, identificar determinados signos a tiempo permite intervenir de forma precoz y prevenir complicaciones futuras.
Entre las señales que deben alertar sobre la necesidad de consultar con un profesional, han apuntado a las dificultades de succión o problemas para alimentarse desde los primeros meses de vida; la presencia frecuente de gases, malestar o incomodidad durante las tomas; y el escaso interés por la comida o rechazo generalizado hacia los alimentos.
También han destacado la presencia de arcadas frecuentes ante determinados alimentos o consistencias; la escasa conciencia de la suciedad en la cara o las manos durante las comidas; el rechazo intenso a mancharse o a tocar determinados alimentos; la necesidad de utilizar los dedos para desplazar la comida dentro de la boca o sensación frecuente de que 'se le hace bola'.
A su vez, han señalado como signos de alarma la aparición de tos, atragantamientos o molestias recurrentes durante las comidas; la dependencia exclusiva o prolongada de alimentos triturados; la evitación de determinadas experiencias sensoriales relacionadas con la comida, como olores, temperaturas o texturas; una dieta muy limitada o basada en un número reducido de alimentos; y tener comidas excesivamente largas o que generan estrés y tensión familiar.
CÓMO FAVORECER UNA BUENA RELACIÓN CON LA ALIMENTACIÓN
"Comer no es una capacidad innata, sino una habilidad que se desarrolla progresivamente gracias a la maduración neurológica, la experiencia sensorial y motora y el acompañamiento del entorno", ha resaltado la logopeda Mónica Rodríguez, de la Unidad de Atención Temprana del Hospital Fundación San José.
Así, para favorecer una buena relación con la alimentación, los expertos han aconsejado que se introduzcan nuevos alimentos y texturas de forma gradual y respetando el ritmo de cada niño, y que se les permita la exploración de los alimentos con las manos cuando sea apropiado.
Además, han sugerido que se compartan las comidas en familia siempre que sea posible; se eviten presiones, castigos o recompensas relacionadas con la comida, se mantengan rutinas y horarios regulares; se ofrezcan de forma repetida los alimentos rechazados, sin obligar a consumirlos; se fomente la autonomía, permitiendo que el niño participe activamente durante las comidas según su edad y capacidades.
Cuando las dificultades persistan o generen preocupación, se debe consultar con profesionales especialiazados. La Unidad Atención Temprana del Hospital Fundación San José desarrolla, en este sentido, el proyecto de alimentación infantil 'COMOYO', una iniciativa apoyada por Fundación MAPFRE que ofrece herramientas, recursos y estrategias personalizadas para acompañar a los menores y a sus familias en el desarrollo de una alimentación segura, variada y adaptada a sus necesidades.
"Si un niño aprende a hablar, caminar o jugar, también aprende a comer. Y cuando ese aprendizaje presenta dificultades, la Atención Temprana puede ayudar a detectarlas y abordarlas desde los primeros meses de vida", ha subrayado Rodríguez.