Qué es comer sano en 10 puntos

COMIDA SANA
GETTY IMAGES / MEDIAPHOTOS
Publicado 04/09/2018 8:35:33CET

   MADRID, 4 Sep. (EDIZIONES) -

   La mayor parte de personas no sigue una dieta adecuada por varios motivos. Entre otros, porque existe una falta de educación nutricional. No se nos enseña nutrición en los colegios y, a veces, no parece tan obvio distinguir lo bueno de lo malo. Asimismo, vivimos una época con exceso de sedentarismo y en la que nuestras costumbres laborales nos llevan a pasar miles de horas sentados frente al ordenador, por lo que después no nos apetece esforzarnos a la hora de hacer la comida, y recurrimos muchas veces a la opción menos saludable.

   En el mundo de la alimentación y de la nutrición circulan muchos mitos e informaciones falsas, y es difícil orientarse en ese maremágnum informativo. Que no sepamos filtrar esa información afecta, no solamente a nuestros hábitos de compra, sino también a nuestra salud. Los mitos nacen y mueren, y algunos incluso renacen al cabo de un tiempo.

   Por ello, el divulgador científico José Miguel Mulet, químico y doctor en Bioquímica y Biología molecular, ha querido desvelar en 'Qué es comer sano' (Destino) lo que a su juicio representa el acto de comer sano. "Comer de todo con abundancia de fruta y de verdura, y moverse mucho. Seguir una dieta mediterránea bien entendida, obviando la parte del vino, que no es sano ni puede formar parte de ninguna alimentación sana, tampoco ninguna clase de bebida alcohólica", confiesa en una entrevista con Infosalus.

Así, enumera los 10 principales mitos que hay en torno a la comida sana:

   1.- La leche es mala. "Si no tienes ningún problema de intolerancia a la lactosa, muy frecuente en poblaciones no europeas, es como cualquier otro alimento, puedes ingerirlo sin problema. Sin embargo, para un lactante la leche de vaca no es conveniente, pero a partir de ahí no hay ningún problema".

   2.- Que el pan es veneno es otro mito. "Como todo, lo malo es el abuso u otro factor más preocupante. ¿Con qué te comes el pan? El problema no es el pan sino lo que mojamos en él, que suelen ser salsas cargadas de grasas, o de azúcar si son industriales. Otro mito es que la miga engorda más que la corteza y por eso mejor quitarla. En realidad, la corteza engorda más por ser más densa y tener menos agua, pero si quitas la miga, es menos pan el que ingieres".

   3.- Una copa de vino al día es sana: "Falso. El vino tiene alcohol, que es una molécula muy tóxica, cancerígena, y que puede crear adicción, por lo que cualquier beneficio nutricional va a quedar enmascarado por la toxicidad del alcohol".

   4.- La miel es más sana que el azúcar. "Falso. La miel no es más que el producto del néctar de las flores procesado por las abejas utilizando una enzima, la invertasa, que tienen en su saliva. La miel, a diferencia del azúcar, puede tener una gama más amplia de sabores y de aromas en función de su origen, mientras que el azúcar blanco refinado sólo es azúcar. Al final, los aromas son sólo una parte minúscula de la composición final. La miel es una solución acuosa concentrada de azúcares".

   5.- Hay que atiborrarse con antioxidantes, son el elixir de la eterna juventud. "Se trata de mito creado por el marketing alimentario. La Ciencia cuestiona cada vez más esta visión. Hay procesos celulares en los que se producen oxidaciones útiles, por lo que atiborrarse a antioxidantes puede interferir con ellos. Por otro lado, hay diferentes moléculas antioxidantes que actúan por diferentes mecanismos y al pasar el baño ácido del estómago no son absorbidos por el intestino y van directos a la taza del váter. Así que, en general, comer fruta y verdura es un aporte de antioxidantes más que suficiente. Y si quieres dosis más altas y con efectos beneficiosos comprobados consume el cacao (no chocolate, que al fermentar lo pierde) o el té verde. Los suplementos, en general, son inútiles".

   6.- El pescado de piscifactoría es peor. "Falso. Las piscifactorías permiten comer a un precio asequible. A nivel nutricional son similares ambos. Cuando nos comemos un filete de ternera gallega o una loncha de jamón pata negra no nos planteamos que esos animales también han sido criados".

   7.- Hay que comer más fruta y verdura. "Esto sí que es cierto. Hay que hacerlo, pero evitando los 'apellidos' de ésta, no hace falta fijarse en si es ecológica o de proximidad, o transgénica a la hora de que esté buena y aporte nutrientes, porque todas lo hacen".

   8.- Se pueden consumir alimentos caducados. "Falso. Si el producto lleva una fecha de caducidad quiere decir que una vez superada, el producto ya no es seguro y debe desecharse. Esta fecha aparece en productos muy perecederos y propensos a sufrir contaminaciones graves como la carne, el pescado o las ensaladas envasadas. Pero no hay que confundirlo con la fecha de consumo preferente ya que, después de ésta, el producto puede ser seguro pero el fabricante no te garantiza que la calidad, el olor y el sabor no se hayan alterado".

   9.- Comer ecológico es más sano, mejor para el medio ambiente y no utiliza pesticidas. "No necesariamente. Cuando compras un producto de alimentación ecológica, sólo te garantiza que se ha fabricado de acuerdo con el reglamento de producción ecológica, que alguien lo ha inspeccionado y le ha puesto el sello oficial. Si te venden algo como 'ecológico', 'biológico' u 'orgánico' sin este sello, están cometiendo un delito administrativo. Consumir ecológico no es comprar a pequeños productores locales o a pequeñas cooperativas. Dado que el termino 'ecológico' hace referencia al método de cultivo y no al cultivo en sí, al final el contenido nutricional va a ser muy similar, y eso es lo que señalan la mayoría de los estudios comparativos".

   10.- Hay que beber ocho vasos de agua al día. "Falso. El 70% de nuestro cuerpo es agua. No podemos afirmar que hay que beber una cantidad determinada. Tenemos que beber la que necesitemos, que puede ser más o puede ser menos que esos ocho vasos del mito. La mejor forma de saber el agua que necesitamos es guiarnos por la sed que tengamos. Hay que tener en cuenta que hay algunas enfermedades, normalmente relacionadas con el deterioro neurológico, como el alzhéimer, en las que el reflejo de la sed puede estar alterado".